El deber ético del Estado frente a la contaminación
Combatir los problemas de contaminación del aire en Chile es una de las tareas a los que venimos haciendo alusión, en particular, la contaminación en el sur del país producida por la combustión de leña, la cual, requiere particular atención pues conlleva una serie de por atender, observar y mejorar.
“¡Qué traje tan magnífico! ¡Qué bordados tan exquisitos! Hasta que en medio de los elogios se oyó a un niño que dijo: – ¡Pero si está desnudo!” (El traje nuevo del emperador– Hans Christian Andersen). A través de la enseñanza de esta inocente fábula, quisiéramos darle cuerpo a ese clamor que la ciudadanía expresaba, mas no era oída: sólo porque todo el mundo—gobierno y expertos de la inteligencia artificial— crea que algo es verdad, no significa que lo sea; y sí, es la gente y su realidad aquel niño que devela la desnudez del emperador.
No se trata de un alegato contra quienes democráticamente detentan el poder, ni contra aquellos que meritocráticamente desarrollan una disciplina es, por el contrario, un llamado, o más bien un ruego hacia una ética de responsabilidad para con los ciudadanos/as basada en los derechos fundamentales. Y es aquí donde entra la reflexión sobre el aire que estamos respirando y sobre la calidad y el acceso a la calefacción en nuestro país.
De acuerdo con la encuesta nacional de medio ambiente 2018, el principal problema ambiental que afecta a los chilenos y chilenas es la contaminación del aire. Esta es una percepción generalizada a lo largo del país y es especialmente destacable en las regiones de Aysén, La Araucanía y Ñuble. Esta percepción tiene una razón de ser, porque el Cuarto Reporte del Estado del Medio Ambiente del (MMA) indica que en Chile más de nueve millones de personas están expuestas a niveles de contaminación del aire por sobre las normas internacionales. Esto ha provocado miles de muertes prematuras al año en el último tiempo.
Por ello, no resulta concebible en un Estado democrático de derecho, responsable frente a sus ciudadanos y respetuoso de la vida de todos y cada uno de ellos, que siga permitiéndose —bajo premisas económicas o análisis costo/beneficio— la existencia de “umbrales de tolerancia aceptables” o peor aún las llamadas “zonas de sacrificio”. Por el contrario, un Estado, movido por una ética de responsabilidad para con su sociedad, debe a lo menos, obrar bajo premisas de precaución, es decir, que frente a sospechas fundadas de que ciertos productos, tecnologías o eventos que podrían crear un riesgo grave para la salud pública o el medio ambiente, debe tomar medidas sin esperar que se cuente con una prueba científica definitiva.
En otras palabras, el Estado debe ser capaz de identificar los efectos potencialmente negativos; evaluar la situación a la luz de los datos científicos disponibles; reconocer el margen de incertidumbre científica que se genera, y finalmente promover y aceptar la participación de todos los interesados.
Combatir los problemas de contaminación del aire en Chile es una de las tareas a los que venimos haciendo alusión, en particular, la contaminación en el sur del país producida por la combustión de leña, la cual, requiere particular atención pues, además de su impacto en el medioambiente, y en la salud de quienes están expuestos, conlleva una serie de por atender, observar y mejorar. La comercialización de leña seca, la informalidad del negocio y las condiciones precarias en las que trabajan muchas personas que cortan y venden este combustible son problemas que se deben abordar de forma sincronizada y efectiva. Hasta aquí ni siquiera hemos hablado de la sostenibilidad del bosque que se asume como renovable. Sin embargo, no hay certeza que se esté manejando de forma sostenible para suministrar toda la leña que se utiliza en Chile para calentar casas o preparar los alimentos.
Es imposible negar que no se hayan realizado esfuerzos por suministrar energía limpia y sostenible, pero si es claro que los esfuerzos no han sido organizados para darle efectividad a la tarea de descontaminar las ciudades del centro-sur en invierno. Una de las opciones para llevar a cabo esta tarea es la promoción del uso de la energía geotérmica, energía limpia y cuyo potencial en nuestro país es abundante. Además es la única energía renovable que funciona independiente del clima y estable durante las 24 horas. Sin embargo, la energía que está bajo nuestros pies, no ha sido prioridad en las políticas públicas.
Estudios y datos científicos son tajantes: en la medida que avance el invierno más aumentan las enfermedades respiratorias, esto dado por el frío y también por la contaminación. Todo parece indicar que la pandemia del coronavirus comenzará a mostrarnos su peor cara en las siguientes semanas invernales y es ahora cuando debemos aprender las lecciones de países que han logrado salir airosos en sus esfuerzos para combatir la crisis sanitaria. Además queda en evidencia que se necesita un plan por parte del gobierno, la participación ciudadana el fortalecimiento de los gobiernos locales, quienes a fin de cuentas son quienes mejores conocen las necesidades inmediatas de la población.
Hoy es el momento de armar una estrategia co-construída y optar por las energías renovables, locales y no contaminantes, es una oportunidad única de fortalecer los instrumentos de gobierno local —como las ordenanzas municipales— no olvidando el debate constituyente que hemos dejado pendiente y con el imperativo de que los chilenos y chilenas respiremos un aire limpio.
CONTAMINACIÓN Y ENFERMEDADES RESPIRATORIAS
Es conocido el efecto de la contaminación del aire sobre enfermedades respiratorias, cardiovasculares y cánceres, particularmente en sectores socialmente vulnerables[1]. Existen antecedentes de que la contaminación atmosférica aumenta la tasa de incidencia y mortalidad de las enfermedades respiratorias. En 2002, el síndrome respiratorio agudo causado por un virus genéticamente similar al actual coronavirus tuvo una letalidad promedio cercana al 6,6% en ciudades de China. Recientemente, en la provincia china de Shandong, se estudió la correlación diaria entre contaminantes como material particulado fino (MP2, 5) y grueso (MP10), monóxido de carbono (CO), dióxido de azufre (SO2) y dióxido de nitrógeno (NO2) y la incidencia de enfermedades respiratorias. De acuerdo con este estudio, cuando aumenta la concentración diaria de estos contaminantes aumenta también la incidencia de éstas[2].
Actualmente existe evidencia en Estados Unidos[3] e Inglaterra[4] acerca del rol de los contaminantes en la dispersión e incidencia de COVID-19. Tanto el sentido común como el principio precautorio llevan a pensar que, aunque no tengamos certeza absoluta sobre la transmisión aérea del virus, la calidad del aire debería ser un factor relevante por consideraren esta pandemia.
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Julián Cortés. Investigador del Programa de Riesgo Sísmico, Universidad de Chile.

Mauricio Muñoz. Investigador del CEGA -Centro de Excelencia en Geotermia de Los Andes

































