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El deber ético del Estado frente a la contaminación


Combatir los problemas de contaminación del aire en Chile es una de las tareas a los que venimos haciendo alusión, en particular, la contaminación en el sur del país producida por la combustión de leña, la cual, requiere particular atención pues conlleva una serie de por atender, observar y mejorar.

“¡Qué traje tan magnífico! ¡Qué bordados tan exquisitos! Hasta que en medio de los elogios se oyó a un niño que dijo: – ¡Pero si está desnudo!” (El traje nuevo del emperador– Hans Christian Andersen). A través de la enseñanza de esta inocente fábula, quisiéramos darle cuerpo a ese clamor que la ciudadanía expresaba, mas no era oída: sólo porque todo el mundo—gobierno y expertos de la inteligencia artificial— crea que algo es verdad, no significa que lo sea; y sí, es la gente y su realidad aquel niño que devela la desnudez del emperador.

No se trata de un alegato contra quienes democráticamente detentan el poder, ni contra aquellos que meritocráticamente desarrollan una disciplina es, por el contrario, un llamado, o más bien un ruego hacia una ética de responsabilidad para con los ciudadanos/as basada en los derechos fundamentales. Y es aquí donde entra la reflexión sobre el aire que estamos respirando y sobre la calidad y el acceso a la calefacción en nuestro país.

De acuerdo con la encuesta nacional de medio ambiente 2018, el principal problema ambiental que afecta a los chilenos y chilenas es la contaminación del aire. Esta es una percepción generalizada a lo largo del país y es especialmente destacable en las regiones de Aysén, La Araucanía y Ñuble. Esta percepción tiene una razón de ser, porque el Cuarto Reporte del Estado del Medio Ambiente del (MMA) indica que en Chile más de nueve millones de personas están expuestas a niveles de contaminación del aire por sobre las normas internacionales. Esto ha provocado miles de muertes prematuras al año en el último tiempo.

Por ello, no resulta concebible en un Estado democrático de derecho, responsable frente a sus ciudadanos y respetuoso de la vida de todos y cada uno de ellos, que siga permitiéndose —bajo premisas económicas o análisis costo/beneficio— la existencia de “umbrales de tolerancia aceptables” o peor aún las llamadas “zonas de sacrificio”. Por el contrario, un Estado, movido por una ética de responsabilidad para con su sociedad, debe a lo menos, obrar bajo premisas de precaución, es decir, que frente a sospechas fundadas de que ciertos productos, tecnologías o eventos que podrían crear un riesgo grave para la salud pública o el medio ambiente, debe tomar medidas sin esperar que se cuente con una prueba científica definitiva.

En otras palabras, el Estado debe ser capaz de identificar los efectos potencialmente negativos; evaluar la situación a la luz de los datos científicos disponibles; reconocer el margen de incertidumbre científica que se genera, y finalmente promover y aceptar la participación de todos los interesados.

Combatir los problemas de contaminación del aire en Chile es una de las tareas a los que venimos haciendo alusión, en particular, la contaminación en el sur del país producida por la combustión de leña, la cual, requiere particular atención pues, además de su impacto en el medioambiente, y en la salud de quienes están expuestos, conlleva una serie de por atender, observar y mejorar. La comercialización de leña seca, la informalidad del negocio y las condiciones precarias en las que trabajan muchas personas que cortan y venden este combustible son problemas que se deben abordar de forma sincronizada y efectiva. Hasta aquí ni siquiera hemos hablado de la sostenibilidad del bosque que se asume como renovable. Sin embargo, no hay certeza que se esté manejando de forma sostenible para suministrar toda la leña que se utiliza en Chile para calentar casas o preparar los alimentos.

Es imposible negar que no se hayan realizado esfuerzos por suministrar energía limpia y sostenible, pero si es claro que los esfuerzos no han sido organizados para darle efectividad a la tarea de descontaminar las ciudades del centro-sur en invierno. Una de las opciones para llevar a cabo esta tarea es la promoción del uso de la energía geotérmica, energía limpia y cuyo potencial en nuestro país es abundante. Además es la única energía renovable que funciona independiente del clima y estable durante las 24 horas. Sin embargo, la energía que está bajo nuestros pies, no ha sido prioridad en las políticas públicas.

Estudios y datos científicos son tajantes: en la medida que avance el invierno más aumentan las enfermedades respiratorias, esto dado por el frío y también por la contaminación. Todo parece indicar que la pandemia del coronavirus comenzará a mostrarnos su peor cara en las siguientes semanas invernales y es ahora cuando debemos aprender las lecciones de países que han logrado salir airosos en sus esfuerzos para combatir la crisis sanitaria. Además queda en evidencia que se necesita un plan por parte del gobierno, la participación ciudadana el fortalecimiento de los gobiernos locales, quienes a fin de cuentas son quienes mejores conocen las necesidades inmediatas de la población.

Hoy es el momento de armar una estrategia co-construída y optar por las energías renovables, locales y no contaminantes, es una oportunidad única de fortalecer los instrumentos de gobierno local —como las ordenanzas municipales— no olvidando el debate constituyente que hemos dejado pendiente y con el imperativo de que los chilenos y chilenas respiremos un aire limpio.

CONTAMINACIÓN Y ENFERMEDADES RESPIRATORIAS

Es conocido el efecto de la contaminación del aire sobre enfermedades respiratorias, cardiovasculares y cánceres, particularmente en sectores socialmente vulnerables[1]. Existen antecedentes de que la contaminación atmosférica aumenta la tasa de incidencia y mortalidad de las enfermedades respiratorias. En 2002, el síndrome respiratorio agudo causado por un virus genéticamente similar al actual coronavirus tuvo una letalidad promedio cercana al 6,6% en ciudades de China. Recientemente, en la provincia china de Shandong, se estudió la correlación diaria entre contaminantes como material particulado fino (MP2, 5) y grueso (MP10), monóxido de carbono (CO), dióxido de azufre (SO2) y dióxido de nitrógeno (NO2) y la incidencia de enfermedades respiratorias. De acuerdo con este estudio, cuando aumenta la concentración diaria de estos contaminantes aumenta también la incidencia de éstas[2].

Actualmente existe evidencia en Estados Unidos[3] e Inglaterra[4] acerca del rol de los contaminantes en la dispersión e incidencia de COVID-19. Tanto el sentido común como el principio precautorio llevan a pensar que, aunque no tengamos certeza absoluta sobre la transmisión aérea del virus, la calidad del aire debería ser un factor relevante por consideraren esta pandemia.

Julián Cortés. Investigador del Programa de Riesgo Sísmico, Universidad de Chile.

Mauricio Muñoz. Investigador del CEGA -Centro de Excelencia en Geotermia de Los Andes

Reportaje disponible en el dinamo

Calidad del aire y COVID-19: ¿cómo enfrentar la emergencia sanitaria en un contexto de pobreza de energía?


Gran parte de las familias chilenas no logra satisfacer sus necesidades energéticas con los ingresos que percibe, razón por la cual la pobreza de energía es uno de los elementos relevantes en el análisis. La leña es relativamente barata, en especial cuando se compara con otros combustibles y, como ningún otro, tiene la gran ventaja de que puede ser recolectada, lo que permite transformar tiempo en dinero. Como consecuencia, prohibir la leña resultaría en una menor temperatura dentro de la vivienda y en un aumento de la humedad relativa. Al respecto, diversos estudios señalan que pasar largos periodos en viviendas frías y húmedas es negativo para la salud física y mental de las personas y aumenta la vulnerabilidad del sistema respiratorio, por lo que el efecto de COVID-19 podría agudizarse.

Diversos artículos muestran que la contaminación atmosférica contribuye a la dispersión de COVID-19, lo que sería complejo para las ciudades del centro y sur de Chile, cuya calefacción depende del uso de leña. Esto ha alimentado el debate en torno a la idea de prohibir el consumo de este combustible en ciudades que han sido declaradas zonas saturadas por material particulado fino (MP2,5).

Si bien la combustión residencial de leña es la principal fuente de MP2,5, es necesario hacer un análisis más amplio que considere todos los factores que están en juego y que en conjunto determinan los altos niveles de contaminación atmosférica.

Gran parte de las familias chilenas no logra satisfacer sus necesidades energéticas con los ingresos que percibe, razón por la cual la pobreza de energía es uno de los elementos relevantes en el análisis. La leña es relativamente barata, en especial cuando se compara con otros combustibles y, como ningún otro, tiene la gran ventaja de que puede ser recolectada, lo que permite transformar tiempo en dinero. Como consecuencia, prohibir la leña resultaría en una menor temperatura dentro de la vivienda y en un aumento de la humedad relativa. Al respecto, diversos estudios señalan que pasar largos periodos en viviendas frías y húmedas es negativo para la salud física y mental de las personas y aumenta la vulnerabilidad del sistema respiratorio, por lo que el efecto de COVID-19 podría agudizarse.

Las viviendas mal aisladas constituyen otro de los factores incidentes. La normativa térmica chilena comenzó a implementarse el 2007, lo que implica que el 80% de las viviendas existentes en Chile, que fueron construidas con anterioridad a la norma, tienen muy mala aislación térmica. Esto resulta en un despilfarro de energía, dinero y un aumento innecesario de la contaminación, por cuanto la ineficiencia de las viviendas tiene como consecuencia que los hogares requieran grandes cantidades de combustible para alcanzar una temperatura de confort.

Además, la escasa “masa térmica” de las estufas a leña, es decir, la poca capacidad de este tipo de calefactores para acumular calor en su estructura sin necesidad de estar encendidos, implica tener que hacerlos funcionar con el tiraje cerrado o casi cerrado, lo que aumenta hasta en 10 veces la emisión de MP2,5. Los actuales calefactores a leña son una “trampa tecnológica”, en la medida que generan beneficios hacia el interior de la vivienda, pero enormes costos hacia el exterior, como una alta contaminación.

Nos enfrentamos entonces a un dilema: prohibir la leña con el fin de reducir la contaminación atmosférica, lo que va a empeorar las condiciones de confort térmico al interior de las viviendas, o pensar en una estrategia distinta que ataque las causas del problema y no el síntoma.

En el corto plazo, cobra especial relevancia entregar información que promueva el uso adecuado de viviendas y calefactores (evitar el cierre del tiraje y consumir leña seca); implementar mejoras de bajo costo con respecto a la hermeticidad y el desempeño térmico de las viviendas; promover el reemplazo de calefactores a leña en sectores de ingresos medios y altos, por calefactores de pellets u otros; y acelerar los programas de reacondicionamiento térmico de viviendas en sectores más vulnerables, lo que sería una buena manera de reducir la exposición de las personas al frío y los contaminantes.

En el mediano plazo, es importante que Chile avance en una agenda que permita mejorar la aislación térmica de las viviendas, a partir de una estrategia integral que aborde aspectos de financiamiento, capacidades técnicas de empresas y profesionales, y la concientización de los usuarios. Los beneficios de una iniciativa como esta han sido ampliamente estudiados y documentados, pero requieren coordinación y voluntad política.

Claramente, un problema complejo como este, que tiene componentes culturales, económicos, ambientales y tecnológicos, tiene que ser enfrentado multisectorialmente, con una visión holística de sus causas y consecuencias. Abordar la emergencia sanitaria a partir de prohibiciones, puede llevar a soluciones que terminen por enfrentar el síntoma y no la enfermedad.

René Reyes.

Alejandra Shueftan.

Reportaje disponible en el mostrador

Reconociendo el principio precautorio: cuando la ciencia no es suficiente


Teniendo en cuenta el principio precautorio, sería preciso complementar las medidas de cuarentena y aislamiento con medidas ambientales a corto plazo —como el monitoreo de la calidad del aire y la vigilancia del cumplimiento de la norma—, y a mediano y largo plazo —como la transición a una matriz energética coherente con el escenario actual. Es posible que la evidencia sobre la transmisión aérea del virus demore en construirse; no obstante, ya sabemos que la contaminación del aire aumenta las enfermedades y muertes por causas respiratorias, cardiovasculares y cánceres, afectando particularmente a personas que experimentan algún tipo de vulnerabilidad como enfermedades basales o condiciones sociales desventajadas, y que incrementa la incidencia de infecciones del tipo influenza, es decir, de cuadros similares al COVID19.

Gentileza: Ciper Académico.
Autores:  Felipe Encinas, Ricardo Truffello,
Anahí Urquiza y Macarena Valdés

15 de Mayo de 2020 en ciperchile.cl disponible aquí

Hace un par de décadas surgió la controversia sobre el riesgo que el bisfenol A —una sustancia química conocida como BPA— implicaba para la salud. Esta sustancia es ampliamente utilizada en la producción de plásticos y resinas, y comenzó a usarse en la fabricación de chupetes y accesorios para niñas y niños. En estudios toxicológicos realizados en condiciones controladas con animales de laboratorio, este compuesto fue caracterizado como un disruptor endocrino, es decir, una sustancia que afecta el metabolismo de diversas hormonas y con ello el neurodesarrollo, la inmunidad y la potencial aparición de cánceres. Sin embargo, en estudios epidemiológicos realizados en grupos poblacionales de seres humanos, la evidencia causal sobre la relación entre BPA y los efectos anteriormente mencionados no resultaba concluyente, lo que significa que estos estudios no generaban la misma evidencia que la obtenida en el laboratorio. La incertidumbre sobre el riesgo que representaba el BPA para la salud de niñas y niños instó a varios países a prohibir su uso en la elaboración de accesorios infantiles, mientras que otros han esperado a que la evidencia sea concluyente.

¿Qué sucede cuando la evidencia científica no es una receta de cocina que aplicamos y que nos entrega siempre el mismo resultado? Hay muchos ejemplos en salud ambiental en que la evidencia epidemiológica no es concluyente, tal como sucedió con el BPA, y que hacen que la toma de decisiones requiera de un enfoque basado en la salud pública. Situaciones como la del BPA nos permiten reconocer el principio precautorio como un enfoque que responde a la incertidumbre con medidas preventivas que permiten reducir los potenciales efectos negativos en la población; por lo mismo, este principio nos motiva a interpretar la falta de evidencia como riesgo y no como falta de causalidad. Teniendo en cuenta esta premisa, parece necesario reflexionar sobre cuál será nuestra postura como país para enfrentar eventos agudos como la actual pandemia del coronavirus, o estados más crónicos, como la crisis de inequidad que ha progresado en las últimas décadas.

Bajo el escenario actual de la pandemia por COVID19 —la enfermedad producida por el coronavirus— y el rápido aumento de la incidencia en regiones como la Metropolitana y la región de Magallanes, es pertinente tener una postura precautoria respecto del rol que jugará la contaminación del aire en indicadores sanitarios como la incidencia o la letalidad. En las últimas semanas, la calidad del aire ha sido buena en algunas ciudades, sin embargo, las bajas temperaturas experimentadas en las ciudades del sur de país, implicarán una mayor demanda energética y con ello mayor contaminación atmosférica, y en algunos casos, mayor contaminación intradomiciliaria. En efecto, si revisamos los datos de las estaciones de monitoreo del aire —pertenecientes al Sistema de Información Nacional de Calidad del Aire, SINCA—en ciudades como Osorno, Puerto Montt y Coyhaique ya se indica alerta y preemergencia ambiental.

Teniendo en cuenta el principio precautorio, sería preciso complementar las medidas de cuarentena y aislamiento con medidas ambientales a corto plazo —como el monitoreo de la calidad del aire y la vigilancia del cumplimiento de la norma—, y a mediano y largo plazo —como la transición a una matriz energética coherente con el escenario actual. Es posible que la evidencia sobre la transmisión aérea del virus demore en construirse; no obstante, ya sabemos que la contaminación del aire aumenta las enfermedades y muertes por causas respiratorias, cardiovasculares y cánceres, afectando particularmente a personas que experimentan algún tipo de vulnerabilidad como enfermedades basales o condiciones sociales desventajadas, y que incrementa la incidencia de infecciones del tipo influenza, es decir, de cuadros similares al COVID19.

Aunque las redes sociales y los medios de comunicación han destacado que medidas como la cuarentena están teniendo un efecto positivo en la calidad del aire, es también cierto que este efecto es temporal y probablemente no significativo. Por lo mismo, esta pandemia representa un desafío que aviva la fantasía que todas y todos tengamos acceso a salud, es decir, que la protección del bienestar físico, mental y social, y no tan solo la ausencia de enfermedad, sea un derecho indiscutible para todos lo miembros de nuestra sociedad. Para que esta fantasía se haga realidad y podamos superar la crisis de manera equitativa, se hace necesario establecer la idea que el principio precautorio no sea tan solo un enfoque basado en una postura filosófica, sino que sea uno de los principios fundamentales del nuevo pacto social que es requerido para solucionar los problemas crónicos que acarreamos del pasado y para enfrentar de mejor forma los desafíos actuales y futuros que la era del antropoceno trae consigo.

Macarena Valdés S. Doctora en Salud Pública. Investigadora Red de Pobreza Energética. Profesora asistente de la Escuela de Salud Pública e investigadora postdoctoral de Centro de Ciencia del Clima y la Resiliencia (CR)2. Amante del esquí y el boulder.

Reportaje disponible en El mostrador

COVID-19, pobreza energética y contaminación: redefiniendo la vulnerabilidad en el centro-sur de Chile


A través del análisis de cómo los hogares se calefaccionan en el centro-sur de Chile los autores y autoras de esta columna muestran una dimensión no considerada del COVID-19: allí donde se recurre masivamente a la leña en invierno y las viviendas tienen mala aislación, el virus contará con condiciones muy favorables. Trabajando con Valdivia como caso de estudio, y usando el concepto de “pobreza energética”, muestran que el 25% de los hogares de menores ingresos tiene que recurrir a sistemas de calefacción contaminantes o definitivamente pasar frío. La columna advierte que el consumo de leña es también elevado en los sectores de altos ingresos. Sugieren políticas urgentes y de mediano plazo de modo de mejorar la aislación de las viviendas y el uso de energías limpias y sostenibles.

Gentileza: Ciper Académico.
Autores:  Felipe Encinas, Ricardo Truffello,
Anahí Urquiza y Macarena Valdés

15 de Mayo de 2020 en ciperchile.cl disponible aquí

Las ciudades del centro-sur de nuestro país han estado entre las más contaminadas del mundo en varias ocasiones, superando urbes norteamericanas y europeas, y con niveles similares a los reportados en algunas ciudades chinas. Teniendo en cuenta la pandemia del SARS-CoV-2, es clave analizar la importancia que tendrá la calidad del aire en cuanto a la morbilidad y mortalidad que afectará a las ciudades del país, especialmente en el centro-sur.

Si bien las medidas de cuarentena en otros países y en ciudades como Santiago han disminuido la contaminación atmosférica, que en general se asocia al transporte y la actividad de las industrias, en las ciudades del centro-sur de Chile podría ocurrir lo contrario, debido a que una mayor permanencia y uso de la vivienda durante el invierno va a implicar un mayor uso de los calefactores a leña, lo que se podría traducir en un aumento del material particulado fino.

En este contexto, resulta urgente mitigar la demanda sanitaria a través de acciones dirigidas a mantener la calidad de aire. En busca de antecedentes que permitan adoptar medidas, este artículo aborda el caso de la ciudad de Valdivia desde el concepto de pobreza energética. Valdivia es la capital de la Región de Los Ríos, y presenta un uso intensivo de leña para calefacción.

CONTAMINACIÓN Y ENFERMEDADES RESPIRATORIAS

Es conocido el efecto de la contaminación del aire sobre enfermedades respiratorias, cardiovasculares y cánceres, particularmente en sectores socialmente vulnerables[1]. Existen antecedentes de que la contaminación atmosférica aumenta la tasa de incidencia y mortalidad de las enfermedades respiratorias. En 2002, el síndrome respiratorio agudo causado por un virus genéticamente similar al actual coronavirus tuvo una letalidad promedio cercana al 6,6% en ciudades de China. Recientemente, en la provincia china de Shandong, se estudió la correlación diaria entre contaminantes como material particulado fino (MP2, 5) y grueso (MP10), monóxido de carbono (CO), dióxido de azufre (SO2) y dióxido de nitrógeno (NO2) y la incidencia de enfermedades respiratorias. De acuerdo con este estudio, cuando aumenta la concentración diaria de estos contaminantes aumenta también la incidencia de éstas[2].

Actualmente existe evidencia en Estados Unidos[3] e Inglaterra[4] acerca del rol de los contaminantes en la dispersión e incidencia de COVID-19. Tanto el sentido común como el principio precautorio llevan a pensar que, aunque no tengamos certeza absoluta sobre la transmisión aérea del virus, la calidad del aire debería ser un factor relevante por consideraren esta pandemia.

LA POBREZA ENERGÉTICA COMO BASE DEL PROBLEMA

La contaminación atmosférica generada a partir del uso de leña requiere un abordaje integrado para entender las condiciones que favorecen su uso intensivo, y las causas que han impedido lograr controlarla. El concepto de pobreza energética posibilita comprender mejor el uso de leña como combustible, considerando su asequibilidad (precio relativo en comparación a otras fuentes de energía), su accesibilidad (posibilidad de autoabastecerse a través de recolección) y su capacidad calorífica. Este último aspecto es muy relevante en un contexto ambiental caracterizado por el frío y la humedad.

La pobreza energética, considerada como una forma de privación distinta de la pobreza de ingresos, y que releva las dificultades de acceso a energía de calidad[5], ha sido asociada a tres causas principales: bajos niveles de ingresos, altos costos de energía y bajos niveles de eficiencia energética residencial[6]. En ciudades como Talca, Chillán, Temuco, Valdivia y Osorno estos tres aspectos aparecen con extraordinaria claridad: la alta demanda de leña para calefacción es consecuencia directa de la ineficiencia térmica de las viviendas, luego, las familias deben destinar un alto porcentaje de sus ingresos a calefacción (no pudiendo acceder a alternativas menos contaminantes) y quedando expuestos a condiciones intradomicilarias deficientes en términos de temperatura, humedad y calidad del aire.

La precariedad del ambiente intradomiciliario, que afecta a gran parte de la población del centro-sur de Chile, tiene consecuencias negativas para la salud física y mental de las personas, y aumenta su vulnerabilidad frente a enfermedades que atacan al sistema respiratorio.

Dado que este es un problema complejo, su abordaje requiere de una mirada interdisciplinaria y multisectorial, que vaya más allá de prohibir lo que parece ser la causa del problema, combinando estrategias de corto, mediano y largo plazo. Identificar los factores que inciden en la precariedad del ambiente intradomiciliario es clave para enfrentar esta emergencia y focalizar acciones para proteger a los grupos más vulnerables.

A continuación, abordaremos la problemática que vincula la contaminación del aire con COVID-19, desde la pobreza energética, tomando Valdivia como caso de estudio. Esto nos permitiría redefinir la vulnerabilidad en el contexto de la pandemia con fuertes implicancias urbanas, ambientales y sociales.

VALDIVIA COMO CASO DE ESTUDIO

Estudios recientes del Instituto Forestal muestran que la concentración de material particulado fino al interior de las viviendas es significativa (25 μg/m3, promedio 24 horas), aunque mucho menor al registrado al exterior de la vivienda (56 μg/m3, promedio 24 horas)[7]. De todas maneras, ese nivel de material particulado fino dentro de la vivienda puede ser suficientemente alto para generar daños en la salud de las personas si se mantiene por periodos prolongados[8],[9].

Por otra parte, el 25% de las familias están sometidas a un estrés económico agudo y permanente, en el cual el abastecimiento de energía es secundario ante las dificultades que tienen para alimentarse, vestirse, transportarse, y acceder a educación y salud. En los hogares más vulnerables se observan estrategias alternativas para el abastecimiento de energía, como la recolección de leña en el interior o en torno a la ciudad, la quema de desechos (como madera de desecho, cartón, plásticos o ropa en desuso), la existencia de conexiones eléctricas ilegales, o simplemente una mayor tolerancia a condiciones ambientales desfavorables dentro del hogar. Considerando sólo los meses de invierno, el 60% de los hogares de Valdivia podrían estar en un estado de pobreza energética (en su definición más tradicional), ya que utilizan más del 10% de sus ingresos para satisfacer necesidades de energía.

La Figura 1 muestra la distribución del consumo de leña por hectárea en Valdivia. Las áreas de color rojo oscuro representan alto consumo de leña y tienden a concentrarse en las poblaciones Altos de Mahuiza, Pablo Neruda, Yáñez-Zabala, y los Ediles hacia el sur, en el sector conocido como CORVI hacia el este, y en torno al Parque Kramer (centro del polígono urbano), que es justamente donde se encuentra la estación de monitoreo de la calidad del aire de la ciudad. Un menor consumo de leña se observa en Isla Teja, el sector de Collico, y en general, en torno a los ríos que cruzan Valdivia. Esto quiere decir que la contaminación atmosférica no afecta a todos por igual, concentrándose en ciertas áreas.

La Figura 2 muestra áreas de la ciudad donde existe una mayor concentración de adultos mayores (vulnerabilidad a COVID-19), los que tienden a agruparse hacia el sur y sureste de la ciudad (poblaciones Altos de Mahuiza, Los Ediles, Pablo Neruda, Yáñez-Zabala, Picarte 4000, Rubén Darío y CORVI, entre otras).

La vulnerabilidad de las personas a la contaminación atmosférica, y por extensión a COVID-19, también varía en los distintos sectores.

Una tendencia similar se observa en la Figura 3, que muestra zonas donde existe una mayor concentración de familias pertenecientes a los primeros tres deciles de ingreso, es decir, familias con una mayor vulnerabilidad económica y social, lo cual es coincidente con la precariedad de la vivienda (se define como vivienda irrecuperable todas aquellas no susceptibles de arreglar debido a que se encuentran construidas en base a material de desecho o muy precario – definición Ministerio de Desarrollo Social) (Figura 4). El estado de la vivienda es probablemente uno de los factores más relevantes en este análisis, en términos del impacto potencial que el frío, la humedad y la contaminación atmosférica puedan tener en la salud de las personas que las habitan y, por tanto, debería ser uno de los ejes para abordar el problema a mediano plazo.

Al superponer las figuras, se observa que hay zonas de la ciudad que tienen un alto consumo de leña, como Villa del Rey, Parque Kramer y Bosque Sur, entre otros, que pertenecen a estratos sociales medios y medio-altos, donde sería posible avanzar hacia el reemplazo de estufas a leña por otras tecnologías, sin necesidad de subsidios o al menos sin que el Estado haga un esfuerzo significativo.

Al mismo tiempo, existen otras áreas que, si bien tienen una alta concentración de familias en los tres primeros deciles de ingreso, no están en las zonas más críticas en términos de contaminación atmosférica y vulnerabilidad socioambiental. En consecuencia, el esfuerzo público debería focalizarse en aquellos barrios donde el impacto social se maximiza, como las poblaciones que se ubican hacia el sur y sureste de la ciudad. En especial, aquellos donde el estado de las viviendas y la presencia de adultos mayores es más crítico: Altos de Mahuiza, Pablo Neruda y Yáñez-Zabala, por mencionar algunos.

A partir del consumo de leña se estableció un cálculo del estadístico LISA[10] que permite ver el grado de aglomeración de dicho consumo, es decir cuales con las manzanas que tiene un alto consumo por persona, rodeadas de manzanas similares (high–high Clúster, en rojo) y aquellas zonas en donde el comportamiento es más de enclave (high–low Outliers, en rosado), es decir manzanas de alto consumo rodeadas de manzanas de consumo bajo.

En tal sentido destaca la aglomeración alto consumo de la parte sur de la ciudad de Valdivia sumado al alto consumo del sector de Barrios Bajos (sectores de ingresos medios a altos); de esta forma se produce un equilibrio entre el alto consumo de las clases más alta (no aglomerado por menor densidad, pero si auto segregado[11]– ver Figura 1) y el alto consumo de los sectores más vulnerables del sur de la ciudad de Valdivia, que en este caso se aglomera espacialmente (ver Figura 5) producto de la mayor densidad de población asociado al menor tamaño de las viviendas y sitios.

REDEFINIENDO LA VULNERABILIDAD EN EL CENTRO-SUR DE CHILE

La información que hoy tenemos sobre pobreza energética asociada a uso de leña es limitada. Sin embargo, lo que está disponible es suficiente para indicar que un porcentaje muy importante de los habitantes del centro-sur de nuestro país está sometido a condiciones desfavorables de acceso a la energía para lograr confort térmico en sus hogares. Como consecuencia, la población enfrenta una carga económica importante asociada a la compra de energía para calefacción, llevándola a preferir combustibles de mala calidad, pero a precio asequible, con múltiples consecuencias para la salud[12].

En un contexto de pandemia como el que se enfrentará este invierno, la situación no solo será dramática por las deficientes condiciones de contaminación y sobrecarga de los servicios de salud por enfermedades respiratorias, sino que además se profundizará por las condiciones específicas que impone el COVID-19, tales como el aislamiento y distanciamiento social.

La contaminación atmosférica es uno de los principales problemas ambientales que aqueja a nuestro país, sin duda es momento de enfrentarlo de otra manera. Es evidente la necesidad de mejorar las condiciones de aislación térmica de las viviendas, el acceso a fuentes energéticas de mejor calidad y la protección de la población vulnerable a partir del refuerzo del sistema de salud.

Tendremos que implementar medidas de urgencia, pero también acompañarlas de medidas más estructurales de mediano y largo plazo. En este sentido, se ha avanzado con la implementación de Planes de Descontaminación Atmosférica (PDA) en las grandes ciudades de la zona centro-sur de país, pero se requiere ampliar estas estrategias a otras ciudades de menor tamaño. El mejoramiento de las viviendas para la reducción del consumo energético, la transición hacia energías limpias y sostenibles, y el mejoramiento del acceso a confort térmico son elementos clave para avanzar en los desafíos de desarrollo sustentable del siglo XXI.

Reportaje disponible en ciperchile.cl

NOTAS Y REFERENCIAS

[1]Mannucci, P., &Franchini, M. (2017). Health Effects of Ambient Air Pollution in Developing Countries. International Journal of Environmental Research and Public Health, 14(9), 1048. Disponible aquí.
[2] Su, W., Wu, X., Geng, X., Zhao, X., Liu, Q., & Liu, T. (2019). The short-term effects of air pollutants on influenza-like illness in Jinan, China. BMC Public Health, 19(1), 1–12. Disponible aquí.
[3] Wu, X. et al. Exposure to air pollution and COVID-19 mortality in the United States: A nationwide cross-sectional study. (2020). MedRxiv. Disponible aquí.
[4] Travaglio, M., Yu, Y., Popovic, R., Santos Leal, N., & Martins, L. M. (2020). Links between air pollution and COVID-19 in England. MedRxiv. Disponible aquí.
[5] Urquiza, Amigo, Billi, Calvo, Labraña, Oyarzún, Valencia (2019). Quality as a hidden dimension of energy poverty in middle-development countries. Literature review and case study from Chile.  Energy and Buildings 204. Disponible aquí.
[6] Boardman, B. (2010). Fixing Fuel Poverty: Challenges and Solutions. London: Earthscan.
[7] Reyes, R., Schueftan, A., Ruiz, C., & González, A. (2019). Controlling air pollution in a context of high energy poverty levels in southern Chile: Clean air but colder houses? Energy Policy, 124, 301-311.
[8] Bernstein, J.A., Alexis, N., Bacchus, H., Bernstein, L., Fritz, P., Horner, E., Li, N., Mason, S., Nel, A., Oullette, J., Reijula, K., Reponen, T., Seltzer, J., Smith, A., &Tarlo, S.M. (2008). The health effects of nonindustrial indoor air pollution. American Academy of Allergy, Asthma & Immunology, 121(3), 585-591.
[9]WHO. (2005). Air quality guidelines for particulate matter, ozone, nitrogen dioxide and sulfur dioxide Global update 2005. Summary of risk assessment. World Health Organization. Disponible aquí.
[10] Anselin, L. (2010). Local Indicators of Spatial Association-LISA. Geographical Analysis, 27(2), 93–115. Disponible aquí. El indicador calcula el Z-Score (observación – promedio/ desviación estándar) en función de una matriz de pesos espaciales (w) que para este caso particular está modelada en 1600 metros. Con eso el algoritmo determina 5 tipologías: las no significativas, que no pasaron el valor p=0.95, que son las manzanas no pintadas; las HH que son manzanas de alto consumo de leña anual rodeadas de manzanas de igual tipo; HL que son outliers, en este caso enclaves de alto consumo rodeados de bajo; LL bajo consumo rodeado de bajo y LH outliers de bajo consumo rodeados de alto.
[11]Sabatini, F., Cáceres, G., & Cerda, J. (2001). Segregación residencial en las principales ciudades chilenas: Tendencias de las tres últimas décadas y posibles cursos de acción. EURE, 27(82), 21–42. Disponible aquí.
[12]Red de Pobreza Energética (2019). Pobreza Energética. El acceso desigual a energía de calidad como barrera para el desarrollo en Chile. Policy Paper. Disponible aquí.

Expertas U. de Chile visibilizan las dimensiones de la pobreza energética durante la pandemia

En el marco de la crisis sanitaria que azota a Chile y el mundo, miembros de la Red Transdisciplinaria de Pobreza energética (RedPE) de la Casa de Bello profundizan los múltiples alcances de este desafío global, destacando los problemas de salud por la contaminación domiciliaria, el endeudamiento por no pago, los roles de género, y la desigualdad en el acceso a fuentes de energía.

 

Gentileza: Comunicaciones VID, UChile.
En Chile, el 66 % de los hogares tiene problemas de eficiencia energética y múltiples familias no puede asegurar las necesidades básicas que brinda la electricidad, como tener agua caliente sanitaria o refrigerar alimentos. La pobreza energética se define cuando un hogar no tiene acceso equitativo a este tipo de servicios cotidianos y más de 50 mil personas viven en esta realidad, la cual se ve agudizada por la pandemia del COVID-19.
Los climas extremos que tiene Chile provocan que la pobreza energética tenga un carácter territorial. En el norte hay brechas en el acceso a agua caliente y en el sur el uso de leña húmeda produce contaminación, además de otros problemas asociados. A pesar de esto, desde la Red Transdisciplinaria de Pobreza Energética (RedPE), iniciativa impulsada por la Vicerrectoría de Investigación y Desarrollo (VID) de la Universidad de Chile, los expertos coinciden en que estas problemáticas son constantemente invisibilizadas.

La coordinadora de la RedPE y académica de la Facultad de Ciencias Sociales (FACSO), Anahí Urquiza, explica que es difícil abordar un problema que no se ve. “Recién el año pasado logramos hacer un diagnóstico con los datos existentes, y aún es muy deficitario. El acceso a la energía de calidad es una condición para el desarrollo económico y la calidad de vida. Con la pandemia suben los gastos energéticos por confinamiento, se presentan problemas de confort térmico y la contaminación intradomiciliaria agrava esta enfermedad. La ausencia de servicios deja en desventaja a les estudiantes, trabajadores y recarga el trabajo doméstico, lo que suele recaer en las mujeres”, señaló.

En la misma línea, la directora de Investigación de la VID, Silvia Núñez, destacó el compromiso de la Universidad de Chile y de la RedPE. “El trabajo que están realizando tiene una vital importancia y más aún en las condiciones actuales. Existe una gran desigualdad en estas materias que no se habían visibilizado. Están produciendo evidencia sólida y fidedigna sobre cuál es la realidad nacional, que luego se puede poner a disposición de las autoridades para enfrentar esta desigualdad”, valoró.

Inequidades de acceso energético y problemas de salud asociados

Datos de la Encuesta de Presupuestos Familiares del 2017, indican que un 22,6% de los hogares los ubicados en centros urbanos del país gastan excesivamente en energía y no logran cubrir los gastos básicos con sus ingresos. Por otro lado, un 16,9% gasta muy poco al comparar viviendas del mismo tipo y con la misma cantidad de integrantes. Con la cuarentena, las personas pasan más tiempo en los hogares y, por lo tanto, se usan más los servicios energéticos como agua caliente sanitaria, calefacción y electricidad.

A esta situación, se suma que los gastos asociados al ámbito energético se incrementan y se aumenta la brecha en los costos mensuales por el uso de energía y los ingresos económicos mensuales. Además, con la interrupción de los trabajos de las personas por la cuarentena obligatoria, comienzan a aumentar las situaciones de no pago.

El fundador de EGEA ONG y líder del área de Inclusión Energética en EBP Chile, Rubén Méndez Mardones, explicó cómo se logra la inclusión energética. “Esto se refiere a aquellas acciones orientadas a mejorar el acceso equitativo a servicios energéticos de alta calidad, es decir, que estos sean adecuados, seguros, confiables y no contaminantes. Para esto, es fundamental una estrecha relación entre los actores públicos, privados y la sociedad civil, con el fin de desarrollar iniciativas integrales que respondan a las necesidades de cada contexto territorial”, recalcó.

Con la falta de acceso a servicios energéticos, la población opta por aquellos que contaminan más, pero cuestan menos. Esto produce mayor contaminación intradomiciliaria, aumentando la incidencia de enfermedades respiratorias y cardiovasculares. Para los grupos de riesgo como personas con enfermedades crónicas, embarazadas y adultos mayores, esta situación puede complicar los cuadros de enfermedades.

La académica de la Facultad de Medicina e integrante de la RedPE, Macarena Valdés, se refirió a los problemas que trae el invierno. “La actual pandemia representa un desafío para las comunas del centro y sur del país, pues son las que demandan mayor combustible para calefaccionar los hogares en las estaciones frías. Las medidas de confinamiento en el hogar, la restricción de la actividad productiva y el cierre de colegios ha disminuido la contaminación del aire. No obstante, esta situación puede cambiar dramáticamente con la baja de las temperaturas y la necesidad de calefaccionarse, tal como ocurrió en Inglaterra, donde el consumo de energía para calefacción del hogar aumentó durante la cuarentena”, detalló.

Brecha de género: la desigualdad aumenta para las mujeres

La crisis complejiza y amplifica las desigualdades estructurales de género. En el contexto de confinamiento, las mujeres han sido las más afectadas con el aumento en la carga de trabajo doméstico no remunerado que realizan, como el cuidado de familiares y las labores educativas, sumando en algunos casos sus propias responsabilidades con el teletrabajo.

La consultora en desarrollo sostenible e igualdad de género de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), Marina Casas, señaló que la cobertura limitada y desigual de los sistemas de salud está afectando a las mujeres. “Sabemos que nosotras estamos siendo las frontliners de toda esta crisis. Se está profundizando la crisis de los cuidados que ya existía. En la región, las mujeres realizan entre 22 y 42 horas semanales de trabajo doméstico no remunerado. Esta injusta organización social persiste e impacta en mayor medida en los hogares de menos ingresos”, subrayó.

Finalmente, Casas explicó que el acceso, consumo y distribución de la energía también es distinto para hombres y mujeres. “Pequeñas cantidades de electricidad para iluminar un hogar durante el atardecer pueden mejorar la calidad de vida de los miembros de la familia, al permitirles leer o calentar el hogar. Sin embargo, para otras personas esto puede suponer una carga de trabajo. Hay literatura que señala que son siempre los hombres y los niños quienes se benefician más de estas ganancias, mientras que las mujeres usualmente se otorgan la carga de extensión del día de trabajo no remunerado”, concluyó.

Noticia Publicada el 13 de Mayo de 2020 en uchile.cl, disponible aquí


Académicos advierten riesgo de un invierno con más contaminación pese a medidas restrictivas por COVID-19

Observaciones satelitales de la Agencia Espacial Europea y de la Nasa muestran que la disminución de la actividad humana producto del COVID-19 ha incidido en una baja de las emisiones de gases contaminantes en China y Europa de entre un 25 a un 40 por ciento. Académicos de la U. de Chile plantean que una situación distinta podría vivir nuestro país durante el invierno. El escenario sería especialmente complejo en la zona centro-sur, donde el incremento de emisiones configuraría una verdadera “tormenta perfecta” sobre la salud de la población.

 

Gentileza: Prensa UChile, por Cristian Fuentes
China, el país que más contaminantes libera a la atmósfera, redujo significativamente sus emisiones en los últimos meses debido a las medidas adoptadas ante la emergencia sanitaria originada por el SARS-CoV-2. Así lo evidencia la observación desde el espacio realizada por la Administración Nacional de la Aeronáutica y del Espacio de Estados Unidos (Nasa) y la Agencia Espacial Europea -esta última a través de la red de monitoreo Copernicus-, entidades que verificaron el mismo fenómeno en Europa tras comparar imágenes de estos territorios antes y durante la pandemia.
Las cuarentenas, restricciones al movimiento de personas y paralizaciones productivas han significado una caída sorprendente en los niveles de dióxido de nitrógeno (NO2) -uno de los principales contaminantes producidos por la combustión en las ciudades- de entre un 25 a un 40 por ciento. Esto ha revelado de manera gráfica el impacto de la actividad humana en la atmósfera. Pero este paradójico efecto colateral de la crisis sanitaria es apenas un respiro para el planeta, afirman los académicos de la Universidad de Chile e investigadores del Centro de Ciencia del Clima y la Resiliencia (CR)2, Nicolás Huneeus y Anahí Urquiza, quienes advierten además la posibilidad de que la próxima reactivación económica sea a costa del medio ambiente.

Fenómeno temporal

Ambos académicos recalcan que este fenómeno es de carácter temporal, circunscrito a la crisis que atravesamos, y que no tendría mayor incidencia en la mitigación del calentamiento global. “Este es un evento que va a tener un efecto pasajero en términos de contaminación y moderado en relación al cambio climático, principalmente por la permanencia de los gases de efecto invernadero en la atmósfera”, comenta Nicolás Huneeus, académico del Departamento de Geofísica de la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas de la Universidad de Chile.

En este sentido, marca una diferencia entre la dinámica de los gases de efecto invernadero directo, como el dióxido de carbono (CO2), y los “contaminantes criterio”, como el dióxido de nitrógeno (NO2), que son los que se han mostrado a través de la observación satelital. “Los gases de efecto invernadero perduran mucho tiempo en la atmósfera, estamos hablando desde décadas hasta cientos de años. Mientras que los gases criterio, los contaminantes que afectan la calidad del aire, duran relativamente poco, del orden de un par de días hasta algunas semanas. Por lo tanto, la reducción que ocurra en este período de pandemia va a tener un impacto muy menor a futuro, porque las emisiones de ahora se superponen con las anteriores y las venideras”, afirma.

Estas imágenes reflejan “cómo cuando limitamos nuestra actividad, inmediatamente existe algún nivel de recuperación. Pero no hay que engañarse, porque la recuperación es muy acotada a los espacios donde se deja de generar contaminación directa, y en ningún caso es algo que permita una reducción de las emisiones en el largo plazo”, comenta la profesora Anahí Urquiza.

Una bomba de tiempo

El fenómeno de la disminución de contaminantes visto en Asia y Europa sería algo distinto en Chile, tanto por la matriz de emisiones a nivel local como por el invierno que se avecina. Nicolás Huneeus indica, en primer lugar, que nuestra realidad difiere de la europea, que cuenta con sistemas de calefacción menos contaminantes en términos de material particulado, o de lo que ocurre en China, donde parte importante de las emisiones están asociadas a la industria.

Plantea que el hecho de que las personas estén en sus casas, disminuya el transporte y haya menor actividad humana en general hace que bajen las emisiones. Sin embargo, “una de las mayores fuentes de contaminación en ciudades de la zona centro-sur es la calefacción, particularmente aquella generada a partir de la leña. Por lo tanto, si esto se alarga durante el invierno es probable que tengamos el efecto contrario, que el COVID-19 en vez de reducir la contaminación la aumente, porque la gente se quedará más en sus casas y las calefaccionarán para tener una temperatura de confort. Puede que haya más emisiones y contaminación incluso en horarios en que normalmente se mantienen más bajas”, advierte.

Esta situación representaría una verdadera bomba de tiempo para la salud de la población, advierte la profesora Urquiza. “Ya hay estudios en Italia que indican que la contaminación por material particulado favorecería la transmisión del virus. El contagio en las ciudades del sur va a ser muy significativo. En general, los centros de salud en invierno están colapsados por las enfermedades respiratorias y por la misma leña, que es la forma más barata de calefaccionarse. Esto pondrá una presión muy grande sobre el sistema de salud, y hoy deberíamos estar conversando en mesas transversales de trabajo para implementar medidas urgentes”.

Economía por sobre el medioambiente

El mayor temor de ambos académicos es que las medidas pro crecimiento que se impulsen tras la crisis para reactivar la economía sean a costa del medio ambiente. “En general, cuando hay crisis económicas o algún tipo de crisis que hace reducir las emisiones, lo que viene después es un repunte que las hace crecer con la misma intensidad o más que en el período anterior”, señala el profesor Huneeus.

Este respiro para el planeta, sostiene, puede ser un arma de doble filo, “porque su impacto sobre la calidad del aire es muy limitado en el tiempo. Cuando las cosas vuelvan a la normalidad, es probable que el escenario sea incluso peor que antes, porque las industrias y el transporte emitirán más. De hecho, las productoras de energía en Estados Unidos ya están pidiendo permiso para relajar las restricciones”. Por esto, concluye, el desafío es el desarrollo de políticas de largo plazo que permitan una reestructuración de la matriz de emisiones.

Esta pausa, alerta la profesora Urquiza, puede ser una trampa, porque “la gran preocupación va a ser cómo reactivamos la economía, y la forma más fácil de hacerlo es mediante el consumo e incentivando las energías sucias. Esa es la fórmula más fácil y rápida”. Así lo planteó también Maisa Rojas, académica de la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas de la U. de Chile y directora del Centro de Ciencia del Clima y la Resiliencia (CR)2, quien este lunes advirtió de un posible “efecto rebote” tras la salida de la crisis e interpeló al ministro de Hacienda, Ignacio Briones, para que políticas y medidas estén alineadas con la Estrategia Financiera de Cambio Climático de dicha cartera.

Por esta razón, la pandemia y sus efectos medioambientales, afirma la profesora Urquiza, “representan una oportunidad para una transformación profunda hacia un modelo sostenible, que no implique la sobreexplotación de los recursos e integre la mirada de todos los actores sociales y de las distintas disciplinas. Hoy tenemos que empezar a conversar cómo vamos a hacer esto al mismo tiempo que estamos enfrentando la tremenda crisis sanitaria. Si no lo hacemos, vamos a usar las viejas recetas para activar la economía en los próximos meses y eso va a ser fatal en el mediano y largo plazo”.

Noticia Publicada el 2 de Abril de 2020 en uchile.cl, disponible aquí


Desigualdad de género y medio ambiente, oportunidad de transformación

La humanidad enfrenta hoy una grave crisis climática que demanda la urgencia de modificar nuestra relación con el medio ambiente, así como también la de reducir las desigualdades socio-estructurales, pues son dos caras de una misma moneda.

La idea de explotar constantemente a otros seres vivos con la finalidad de cubrir necesidades infinitas, sostiene un modelo económico inviable y una sociedad profundamente injusta.

Hoy día el modelo capitalista movilizado por el consumo material, que cuenta con recursos limitados en mercados globalizados, está siendo tensionado, cuestionando las estructuras que lo mantienen, poniéndose en contradicción con los propios derechos enarbolados por su éxito.

Los asuntos ambientales en general – y especialmente el cambio climático – son problemas de desigualdad: decisiones pensadas y tomadas en función del beneficio de algunas personas, generan consecuencias que profundizan las vulnerabilidades de otras. En ese contexto, las mujeres y disidencias quedan en una posición de evidente desventaja como resultado de los roles de género que históricamente se les han atribuido.

Tradicionalmente las mujeres y cuerpos feminizados han sido encargadas de las tareas de cuidado de los hogares, incluyendo la crianza, el cuidado de personas enfermas, de las personas mayores, el abastecimiento de alimentos, agua, energía y necesidades importantes como actividades de higiene, educación, entre muchas otras, según el contexto cultural donde nos encontremos.

Paralelamente, las decisiones políticas y económicas han estado en manos masculinas, donde el modelo económico se ha desarrollado, en base al sometimiento y extractivismo de territorios y de sus habitantes, sostenido en la producción de “recursos naturales” necesarios para el estilo de vida de ciertos grupos de personas en diferentes rincones del planeta.

Para reflexionar sobre este tema es posible pensar en dos niveles: la mayor vulnerabilidad de las mujeres y la menor posibilidad de incidir en las transformaciones públicas que se requieren.

Miremos algunos datos para hacernos una idea. Según la encuesta CASEN 2017, en vulnerabilidad debemos considerar la feminización de la pobreza, donde el 20% de las mujeres están en situación de pobreza multidimensional, pero además al mirar que el 22% de las familias en campamentos son monoparentales, el 96% de ellas tienen jefaturas femeninas (Techo-Chile, 2015).

Por otro lado, las mujeres ocupan en promedio el doble del tiempo en tareas domésticas, incluyendo a las que tienen trabajo remunerado además del doméstico (ENUT, 2015), siendo las principales afectadas si estas horas se amplían por problemas climáticos (limitaciones de recursos, eventos extremos, etc.). Este fenómeno es especialmente evidente cuando hablamos de Pobreza Energética.

Paradójicamente son las mujeres quienes declaran mayor preocupación y se sienten más responsables cuando hablamos de cambio climático, tanto del problema como de involucrarse en la solución (cerca de 10% de diferencia) (Statknows, 2019).

Sin embargo, la participación en cargos políticos solo se ha logrado acercar al 20% (SERVEL, 2018). En el sector privado la situación no es mejor, ya que en Chile solo el 13% de los principales cargos directivos de empresas son mujeres (Imad, 2017). Claramente, aún hoy día las mujeres están en una importante minoría cuando se toman decisiones políticas y económicas.

En este contexto podemos visualizar una gran oportunidad; tenemos la obligación de transformar nuestras estructuras económicas para hacer viable nuestra vida en el planeta y al mismo tiempo necesitamos transitar hacia un modelo que logre incorporar y valorizar el cuidado de otras personas y otros seres vivos, como la base de las decisiones políticas y económicas.

Más mujeres en los círculos de toma de decisiones nos permitirían avanzar en mostrar este escenario, estas visiones más colectivas, donde el cuidado de las nuevas generaciones sea la base de las expectativas de desarrollo.

¿Qué es lo humano?, ¿lo racional?, ¿la capacidad de pensar o de decidir para lograr beneficios individuales? Ninguna de las anteriores, es el lenguaje y pensamiento simbólico que existe para cuidar de otras personas, es decir, la capacidad de vivir colectivamente a través del sentido. Sin embargo, cuando la lógica reduccionista se apodera de nuestras estructuras, nos impide incorporar visiones más integrales que consideren un horizonte temporal más amplio, más inclusivo socialmente, y donde la sociedad asuma que no existe sin el entorno que la sostiene.

Colaboración y respeto. Más mujeres en las decisiones, más hombres en tareas de cuidado y más espacio para quienes no se adscriben a las definiciones binarias. Solo personas, donde los roles se compartan, las visiones se complementen y el futuro se construya de forma colectiva.

Cuando vemos a millones marchando por las calles, nos damos cuenta de que hoy tenemos una gran oportunidad, quizás una de las últimas. No la dejemos ir.

 

Anahí Urquiza. Académica de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Chile, investigadora del Centro de Ciencias del Clima y la Resiliencia (CR)2 y Coordinadora de la Red de Pobreza Energética.

Columna disponible en Cooperativa.cl

Jornada interna RedPE: presentación de proyectos vinculados a pobreza energética

El martes 20 de abril, integrantes de la Red de Pobreza Energética se reunieron en una jornada interna de presentación de proyectos de investigación y trabajo en terreno relacionados con Pobreza Energética.
En la jornada, se presentaron 20 proyectos, y participaron más de 60 personas. Las presentaciones estuvieron divididas por área de impacto: aire, calor, medición, electricidad y vivienda.
Anahí Urquiza, coordinadora de RedPE y académica de la Facultad de Ciencias Sociales FACSO de la Universidad de Chile, destacó el trabajo del equipo de coordinación y valoró este punto de encuentro multisectorial reunido en torno a la Pobreza Energética. “Me llena de orgullo escuchar tantas investigaciones, ver el trabajo en redes y cómo se pueden potenciar y complementar entre sí. Espero que esta jornada permita visualizar y crear más oportunidades de colaboración. La Red de Pobreza Energética la vamos construyendo colectivamente entre todas y todos” puntualizó Anahí Urquiza al finalizar la jornada.
Ricardo Lobos, Encargado de Formación Ciudadana en Energía, de la Unidad de Educación y Difusión del Ministerio de Energía, señaló sobre las investigaciones presentadas: “esta jornada es un lujo, y más aun en este contexto virtual; felicito y destaco los esfuerzos y compromisos de las y los exponentes. Desde mi rol veo muchas oportunidades de colaboración y recomendaciones relacionadas con escalar los resultados, dejar capacidades instaladas y capital humano. Creo que es necesario vincular los trabajos presentados al contexto de la política energética, porque esos proyectos o pilotos, pueden ser el factor de cambio que se necesita” explicó Ricardo Lobos.
Desde el sector público comunal, Macarena Olivares, Directora de Medio Ambiente, Aseo y Ornato en Municipalidad de Renca, se refirió a la jornada, “esta actividad nos permite conocer iniciativas que han sido desarrolladas en distintos ámbitos y que agregan valor al trabajo colaborativo y articulado entre distintos entes. Es un espacio que posiciona iniciativas que han llegado a buen puerto porque ha existido un trabajo mancomunado entre las distintas partes, y que apuntan al desarrollo sostenible en todo momento. Los proyectos presentados, llaman la atención porque todos tienen como objetivo común mejorar la calidad de vida de las personas. En general son proyectos que entregan elementos de concientización asociados a mitigar los impactos de cambio climático en la vida cotidiana de la comunidad a través de la eficiencia energética”. Además, profundizó sobre las instancias de colaboración “varios de los proyectos presentados en la jornada se ajustan a los ejes estratégicos que tenemos como gestión municipal. Si pudiésemos nombrar algunas, nos parecería interesante que en nuestra comuna se realizara el escalamiento del proyecto Innova FOSIS 2020 – Agua Caliente y Calefacción, que nos permitiría ampliar este beneficio a más familias vulnerables de Renca. También, articular con la gestión municipal pilotos de proyecto que se quieran testear y que apuntes a mejora la calidad de vida de nuestros vecinos” explicó Macarena Olivares al finalizar la jornada.
Además, Catalina Amigo, coordinadora ejecutiva de la Red de Pobreza Energética y de la Red de Inclusión Energética Latinoamericana RedIEL hizo un llamado a participar e invitar a estudiantes a la RedPE para la próxima jornada de proyectos y tesis que se realizará en el segundo semestre de 2021. “Pronto haremos un llamado a participar en un próximo documento de trabajo de aprendizajes de aplicación de instrumentos e implementación de proyectos en hogares, queremos avanzar en sistematizar estas experiencias y robustecer nuestros conocimientos y comprensión de la pobreza energética” comunicó Catalina Amigo.
Revisa las presentaciones AQUÍ
La grabación de la Jornada de Proyectos está dividida en bloques, según las presentaciones. Accede a los videos haciendo clic en las imágenes o directamente en nuestro canal de Youtube

Red de Pobreza Energética publica documento con reflexiones y propuestas sobre Energía y desigualdad de género.

A nivel social, la pobreza energética es una barrera que limita las posibilidades de los hogares de avanzar en el proceso de transición energética necesario para enfrentar los desafíos de cambio climático, dificultando la implementación de acciones de mitigación y adaptación a nivel de hogar. En este contexto, también presenta una oportunidad para transformar estructuras de la sociedad, no solo en lo que respecta al acceso equitativo a energía de calidad, sino también a la reducción de emisiones, la difusión de hábitos ambientalmente benignos y al cuestionamiento de las desigualdades estructurales, incluyendo las desigualdades de género e interseccionales.
Bajo este marco, la Red de  Pobreza Energética, en conjunto con CEPAL y Ministerio de Energía prepararon el documento de trabajo “Energía, género y cambio climático: Reflexiones sobre el ODS7 y su potencial transformador” que realiza un análisis multidimensional, desde un enfoque de género, con el doble fin de evidenciar las mayores vulnerabilidades experimentadas por las mujeres frente a la pobreza energética, e identificar oportunidades transformadoras para avanzar hacia sociedades a la vez más justas y más sustentables.
En noviembre pasado, en el Seminario Internacional de Pobreza Energética se realizó la mesa de trabajo “Energía, Género y Cambio Climático: ODS 7 como desafío”. El objetivo era promover la discusión sobre la pobreza energética con enfoque de género como una nueva dimensión de la desigualdad, buscando explorar los vínculos existentes con aspectos territoriales y con los impactos del cambio climático en Chile y la región latinoamericana.
Esta actividad contó con la participación de Mónica Alvear, Ministerio de Medio Ambiente;  Marcela Zulantay, Ministerio de Energía; Catalina Amigo, RedPE, (CR) 2; Estefanía Forero, Universidad de Tufts; Gabriela López, EGEA ONG y  Marina Casas, CEPAL, quien moderó le panel de discusión.
En un taller participativo orientado a la identificación de brechas, desafíos y oportunidades en iniciativas relacionadas a energía con enfoque de género en contexto de cambio climático, se conformaron cinco grupos de trabajo con las personas asistentes: dos grupos se enfocaron en observar el problema desde el hogar y tres a analizarlo desde un punto de vista fuera del hogar.

Las principales conclusiones descritas en profundidad en el documento de trabajo, hacen referencias al rol del Estado, quien debe intervenir para posicionar la relevancia del problema. Para esto se propone asegurar con cuotas la participación de mujeres en la toma de decisiones, avanzando en la construcción de políticas públicas con enfoque de género e incorporando también indicadores que permitan medir estas brechas de género en todo el sector público.

Además, las autoras plantean la necesidad de considerar la educación como factor fundamental dentro de esta transformación. Educar en torno a temas ambientales para así impactar en nuevas generaciones y al mismo tiempo generar cambios en los espacios más cotidianos como lo son el hogar y la escuela, donde además la transformación de las brechas de género permitirá que los procesos de aprendizaje sean equitativos para mujeres y hombres, pudiendo desarrollar capacidades y habilidades por igual en las disciplinas científicas y tecnológicas. En este sentido, se propone generar cuotas de género en docentes y estudiantes de carreras que están altamente masculinizadas y potenciar la postulación a fondos de investigación e iniciativas asociadas a temas energéticos que incorporen perspectivas de género, incentivando de esta manera que el enfoque de género sea transversal a la docencia, investigación e innovación.

“Hoy es urgente transformar una cultura que ha creado y perpetuado los roles de género, los cuales han potenciado las brechas existentes entre mujeres y hombres, perpetuando estas desigualdades” señala Catalina Amigo, coordinadora ejecutiva de RedPE y una de las autoras del documento. El análisis transdisciplinar entre energía, género y cambio climático permite pensar en avanzar en una transición justa, tanto en el proceso como en sus resultados, que empuje hacia la erradicación de toda forma de pobreza, garantizando la inclusión efectiva de todas y todos.

Descarga y revisa el documento de trabajo completo AQUÍ.


Equipo de RedPE participa en Cumbre por la Acción Climática

La Sociedad Civil por la Acción Climática SCAC organizó 10 días de actividades dirigidas 100% a reflexionar en torno al medio ambiente y el futuro.

La Cumbre Social por la Acción Climática se realizó del 2 al 11 de diciembre pasado en el Centro Cultural Tío Lalo Parra, Cerrillos. En paralelo a la COP 25 que tuvo lugar en Madrid, diversas organizaciones de la sociedad civil se reunieron para generar múltiples actividades en torno a la crisis climática, la toma de conciencia y compromiso social por el medio ambiente.
“Cuando la COP 25 dejó de ser en Cerrillos y se fue a Madrid fue por un momento muy especial, que es el momento que estamos viviendo. Quizá, nos juntamos a propósito de algo diferente, de algo que venía desde arriba, desde las organizaciones internacionales, pero ahora estamos juntos por algo más importante, que es la definición de qué es lo que queremos como pueblo de Chile para nuestro futuro” señaló Ezio Costa vocero de la SCAC en el ceremonia de apertura de la Cubre por la Acción Climática.
Los organizadores trabajaron en torno a desafíos para lograr detener el avance del calentamiento global. Entre los participantes coincidieron que es necesario tomar medidas como terminar con el uso de carbón como fuente de energía, reforestar con bosque nativo y asegurar el uso del agua para el desarrollo de los ecosistemas que permiten el desarrollo de la vida entre, otras medidas.
La Red de Pobreza Energética y sus miembros asociados fueron invitados a guiar y exponer sobre diversos temas: los usos de la leña, contaminación atmosférica, mitigación de la huella de carbono, entre otros. Además se expuso el Programa de Inclusión Energética de Renca; Vivienda y Confort Térmico – Desafíos de Pobreza Energética en el contexto de Cambio Climático; se presentó la Encuesta Internacional de percepciones sobre Medio Ambiente y Cambio Climático, entre múltiples actividades académicas, talleres y artísticas. Anahí Urquiza, coordinadora de I+D+i de RedPE participó en el foro “Pobreza energética: ¿Cómo asegurar una transición inclusiva?” donde compartió espacio con la directora de Espacio Público, Nicola Borregaard y con Ruben Méndez, gerente de energía local de la consultora EBP. “Hablar de pobreza energética hoy es relevante no solo por las aristas personales, sino también porque un acceso óptimo a las energías tiene impacto en el desarrollo local y nacional. Es relevante que los distintos planes que estén centrados en las realidades y necesidades de cada territorio”, señaló Urquiza.

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