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Una guerra de sombras: Piñera y el estado de crisis

Hay una práctica común en todo líder en apuros extraordinarios: atribuir la responsabilidad de sus pesares a un enemigo poderoso, firmemente articulado y que tiene por único propósito desestabilizar su posición. Es poco lo que se puede hacer frente a este enemigo. Si bien su amenaza parece en un principio venir de fuera, con el paso del tiempo ésta se hace cercana, convirtiendo a contactos confiables en enemigos. La infección se extiende, piensa el líder, el enemigo está ya en el hogar y toda acción adquiere una necesidad inmediata, urgente.

Retóricas similares aparecen frecuentemente en la historia. Una de las más recientes es la histeria del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ante una posible conspiración del “deep state” para acabar con su administración. Este enemigo se extiende por medios de comunicación, partidos políticos (¡incluso el propio!) y distintos representantes nacionales e internacionales. Ejemplos de décadas anteriores, ciertamente más graves, la ofrecen Hitler y Stalin que, en sus momentos finales, fueron también presos de una desconfianza radical respecto de sus antes cercanos y de la tentación de explicar sus pesares por un agente difuso e invencible. Para Chile resulta difícil no pensar en el Plan Z y la amenaza de establecer la dictadura del proletario como un ejemplo de esta tendencia.

Del mismo modo, el presidente Piñera no se da cuenta que está enfrentando una crisis producto de las desigualdades y exclusiones cuya existencia resulta cada día menos justificable, sino que en cambio aspira a presentarse como el último baluarte en la “guerra contra un enemigo poderoso”. Este Gran Otro se manifiesta, para su Ministro del Interior, en una “escalada organizada para causar un grave daño a nuestro país y a la vida de cada uno de los ciudadanos” que, como expresa con temor la Primera Dama en privado, tiene por intención nada menos que “romper toda la cadena de abastecimiento, de alimentos, incluso en algunas zonas el agua, las farmacias”. Esta narrativa ofrece una rápida simplificación de una situación compleja y, al mismo tiempo, ofrece una línea de acción clara para la toma de decisiones.

Cabe destacar que esta tentación por la adopción de narrativas simplificadoras no es exclusiva del gobierno. Para los movimientos sociales de distinto cuño que protagonizan las protestas el Gran Otro es representado por el modelo neoliberal, acusado de ser motor no de desarrollo, sino de toda desigualdad, todo malestar, toda degradación ambiental, todo privilegio y toda corrupción. Para esta narrativa, la promesa de progreso y bienestar articulada por los sostenedores del modelo neoliberal es una invención retórica dirigida a legitimar los abusos de unos pocos. Por lo cual, derrocar este modelo y sus elites económicas y políticas se describe como el camino para abrir las puertas para un Chile mejor y más justo.

Alrededor de esta contra narrativa se articula una protesta que, precisamente por tener una convicción compartida, no requiere de una organización formal. Pero para el Ejecutivo y las élites que este representa, incapaces de entender que el mundo de creencias que en los años fueron construyendo y que terminaron creyendo ha dejado de ser convincente para los demás, pero bien conscientes de cómo la contra narrativa emergente significa un ataque a sus privilegios, evocar la existencia de una tal organización termina siendo quizás la explicación más plausible. Emerge de este modo el Gran Otro, el enemigo poderoso y organizado que aterroriza hoy en día al gobierno de Piñera.

La consecuencia de esta guerra de sombras es la tendencia a extremar y polarizar las perspectivas: primero que todo la del Ejecutivo ensimismado en una guerra contra su Gran Otro, pero también aquella de los protestantes, no dispuestos a ningún compromiso con los que ven esencialmente como abusadores y represores. La bajada de fuerzas militares a la calle radicaliza aún más esta posición, puesto que, para muchos, aquello implica ‘retroceder el reloj a 1973: otras sombras, más siniestras y nunca olvidadas, dan nueva fuerza -y nueva unidad- al movimiento, que a la lucha por la igualdad suma ahora también la defensa de una libertad que se siente crucialmente amenazada.

Con eso, se restringe el espacio para un diálogo constructivo en pro de una reforma que supere los reduccionismos de la narrativa neoliberal sin paralizar el país en un tira-y-afloja permanente (a todo desmedro de la población común y sus necesidades) ni conducir a una escalamiento de la violencia. En este contexto, quizás el riesgo mayor de la situación actual es que, frente al Gran Otro que construyeron para sí, los miembros de la actual élite dirigente reaccionen como animales acorralados, incompetentes por escucharla y canalizarla institucionalmente, incapaces de huir sin perder todo lo que ellos creen haber ganado y que otros le acusan de haber robado, sin otra opción que luchar: animales acorralados, sí, pero (¡detalle importante!) con el monopolio de la violencia de la nación, y con cada día menos que perder y menos escrúpulos para usarla pues, en su visión de mundo, este enemigo extraordinario requiere también de medidas extraordinarias.

Julio Labraña. Investigador RedPE.

Marco Billi. Investigador RedPE.

Columna disponible en el mostrador

Presentaciones y materiales de Jornada de Trabajo RedPE

Con el objetivo de visibilizar avances de los distintos proyectos y líneas de investigación de la RedPE, el martes 27 de septiembre se realizó una Jornada de trabajo interna.
Durante la jornada se realizó un taller orientado a construir recomendaciones para incluir la pobreza energética en las políticas públicas del país. Los resultados serán parte de un policy paper* que lanzaremos en noviembre. Este documento podrá ser firmado por las y los miembros de la Red que así lo deseen y contendrá tanto la definición como los indicadores de Pobreza Energética, junto con las recomendaciones que se desprendan de esta actividad.
Puedes ver y descargar las presentaciones de la jornada de trabajo aquí:
  • Sistema de apoyo a la inversión en eficiencia térmica.
  • Correlación entre Pobreza Energética, Pobreza Económica y Contaminación Atmosférica.
  • Temuco como caso de estudio. Prevalencia de uso de carbón y leña y morbimortalidad comunal en Chile, 2015.
  • Caracterización del Mercado de leña un abordaje integral.
  • Vulnerabilidad energética y emprendimientos.
  • Un marco teórico para el monitoreo de la resiliencia en micro-redes.
  • Programa de Desarrollo Energético Insular.
*Los policy paper son documentos escritos en lenguaje sencillo para un público diverso, que buscan contribuir al debate público a partir de la discusión y desarrollo de propuestas de  política pública, generando recomendaciones.
Revisa algunas fotos de la jornada aquí:

Pobreza energética y teletrabajo ¿Una nueva fuente de desigualdad social?

Gentileza: Energía y Equidad
Autores:  Maximiliano Proaño e Ignacio Sánchez

Si bien el teletrabajo era considerado una creciente tendencia en distintos países con anterioridad a la crisis global originada por el COVID-19, lo cierto es que el explosivo crecimiento que ha tenido esta modalidad de ejercer la actividad laboral, encontró a muy pocos sectores y servicios preparados para llevarlo a cabo adecuadamente. A primera vista el teletrabajo puede ser percibido como positivo para trabajadoras y trabajadores, mayor flexibilidad para disponer de su tiempo, ahorro de tiempo y de dinero al no tener que efectuar los, muchas veces extensos, desplazamientos desde casa al hogar y viceversa. En general han sido las empresas las que han tenido sus aprehensiones en aplicar el teletrabajo, por su conservadora visión de que el jefe tiene que estar encima del trabajador o trabajadora para que  produzca adecuadamente. Sin embargo, a los pocos meses de la implementación forzada del teletrabajo por el confinamiento decretado en la mayoría de los países, ha quedado de manifiesto, que quienes más tienen que perder son las trabajadoras y los trabajadores. Esto por dos razones, la regulación es inexistente o débil y las condiciones materiales de la mayoría de la fuerza laboral para trabajar desde el hogar, no son las adecuadas.

En Chile, la ley que modifica el código del trabajo en materia de trabajo a distancia, lo define como “aquel en el que el trabajador presta sus servicios, total o parcialmente, desde su domicilio u otro lugar o lugares distintos de los establecimientos, instalaciones o faenas de la empresa”. Si bien la ley de teletrabajo aprobada en plena crisis sanitaria, fijó un derecho a desconexión de al menos 12 horas, también establece que “las partes podrán acordar que el trabajador quede excluido de la limitación de jornada de trabajo”. Al abrir la puerta la ley para un aumento de la jornada laboral “de común acuerdo”, y dado el desequilibrio en la relación entre empleador y trabajador, podrá implicar en la práctica que trabajadoras y trabajadores trabajen horas extra sin pago adicional. En efecto algunas críticas que se le hacen al teletrabajo o trabajo a distancia es que ha significado “una tendencia a la flexibilización de las condiciones de trabajo, encubrimiento de la relación de dependencia, aumento de la jornada de trabajo, además de los perjuicios que pueda implicar el aislamiento y las complicaciones que puedan provenir de desarrollar el trabajo en un ambiente no diseñado para eso como es el hogar en el caso del teletrabajo domiciliario”.

Si bien la mayoría de los países latinoamericanos han implementado medidas para facilitar el teletrabajo, son muy pocos los que poseen una regulación especial para su implementación. En Argentina aún se encuentra en tramitación un proyecto de ley en la materia, mientras que Colombia reguló el teletrabajo hace 12 años.

En los países latinoamericanos una dificultad adicional para el teletrabajo es que parte importante de los hogares padecen la pobreza energética. Aunque es un tema que tiene sólo algunos años y no se ha podido enmarcar en una medida general, comúnmente se entiende pobreza energética como “la incapacidad de asegurar los niveles necesarios de energía en el hogar, esto significa vivir en una casa imposible de enfriar o calentar, iluminar o mantener electrodomésticos, debido a las facturas excesivas de energía, los bajos ingresos y la mala eficiencia energética. Las personas con poca energía son más vulnerables a los riesgos de salud como las enfermedades respiratorias y las enfermedades mentales”. Desde Taller Ecologista han observado que el “concepto de pobreza energética ha sido elaborado como una forma de comprender la relación entre el estado de privación vivenciado por el actor social y su relación con las fuentes y el acceso a la energía”. 

Como ejemplo, de acuerdo a la Red de Pobreza Energética, 35.900 chilenos y chilenas no poseen acceso a electricidad, mientras que el porcentaje de la población que declara pasar frío en su hogar en invierno corresponde a un 34% del segmento pobre, un 27% del segmento vulnerable y un 21% de la clase media baja. Sumado a lo anterior, los efectos en las condiciones estructurales del hogar (disminución de ingresos, mayor permanencia de los habitantes en el hogar, mayor número de los mismos, etc.) pueden hacer cruzar la línea de pobreza energética a hogares que antes no la presentaban.

Trabajar desde el hogar debido al COVID-19 implica integrar por parte del trabajador, costos asumidos normalmente por el empleador, como son la insumos de trabajo (Computadores, teléfonos, papelería, etc), Servicios relacionados (Internet, electricidad, Servicios sanitarios) y infraestructura mínima (espacio de trabajo, iluminación adecuada y mobiliario correspondiente). Costos que significan indudablemente un aumento en el costo de vida para todos los hogares volviéndose insalvable para hogares en pobreza energética y sumiendo a muchos otros en la misma.

En un segundo punto, las familias de bajos ingresos mantienen un gasto mayor en proporción de energía que los estratos medios y altos (ver gráfico). Lo anterior no quiere decir que mantengan energía de mayor calidad, en Chile, en especial en la zona centro-sur el uso de leña es preponderante y genera una alta tasa de material particulado, con el efecto del COVID-19 y la permanencia en el hogar en paralelo de la llegada del invierno, las emisiones aumentarán en su magnitud y ventana horaria, apareciendo horarios con alta contaminación que no existían.

Adicionalmente lleva a una mayor atención a la elevación del material particulado en casos de contaminación intradomiciliaria o de hacinamiento, debido a que ha encontrado que el COVID-19 podría aumentar su permanencia en el aire debido este tipo de partículas y una relación directa con la incidencia y gravedad de enfermedades respiratorias.

También existen correlaciones entre la contaminación y la disminución de la capacidad de toma de decisiones afectando directamente la productividad, elemento que puede afectar colateralmente a calidad y percepción del trabajo realizado a distancia.

En un tercer punto es el efecto de las brechas de género en términos de cuidados en el hogar, donde directamente una mayor tasa de incidencia de enfermedades, agravadas por la contaminación, aumenta las labores de cuidado que son principalmente realizadas por mujeres manteniendo una presión y crisis permanente cuando existe el teletrabajo, al tener que lidiar simultáneamente con mantener un buen desempeño laboral y caer en deficiencia de los cuidados y viceversa, agravando las condiciones estructurales.

Creemos que el desarrollo de la crisis del COVID-19 plantea un escenario complejo con mucha incertidumbre de por medio, en el cual más que plantear respuestas inmediatas y efectistas para el teletrabajo es necesario contar con la información adecuada para realizar las preguntas acertadas.

Las causas que generan la pobreza energética son multidimensionales y se deben tomar en cuenta todas sus aristas, considerando como base mínima regulaciones que no traspasen los costos estructurales del empleador en los y las trabajadoras, no siendo solamente los costos propios del trabajo diario, medidas que prevean también los costos y externalidades negativas amplificadas de la estadía permanente en un ambiente intradomiciliario contaminado, tanto en la remuneración, diferencias de género,  el desempeño como en la exigencia esperada. 

Si los procesos de implementación masiva del teletrabajo no consideran lo anteriormente expuesto, especialmente en las condiciones de pobreza energética en que se encuentran muchos hogares en latinoamérica, es posible advertir que el teletrabajo puede significar una nueva forma de profundizar la desigualdad entre quienes cuentan con las condiciones para ejercer el teletrabajo en el hogar y quienes no las tienen, o al menos no para lograr un desempeño adecuado.

Publicación disponible en Energía y Equidad

La responsabilidad de comunicar en ciencias

Días atrás fueron presentados los resultados de un estudio de la Universidad de California que mostraban que en años los recientes los negacionistas del cambio climático cuentan con un 50% más de cobertura en los medios de habla inglesa que los científicos que lo estudian. La creciente preocupación por el cambio climático en la población nos muestra que estamos lejos de hacer suficiente en cuanto a divulgación de las ciencias, en Chile la encuesta de Percepción Social de la Ciencia y la Tecnología revelan que un 77% de la población se siente poco o nada informado acerca de ciencias.

El fracaso es evidente cuando notamos que han pasado 40 años desde el Informe Charney, la primera investigación que evidenciaba los efectos de las emisiones de dióxido de carbono sobre el cambio climático. El asunto es este: Lo sabíamos hace 40 años y no hemos sido capaces de comunicarlo, y eso es un fracaso. Claro que lo más fácil es culpar a la falta de espacio en los medios, pero ¿son los medios la única vía que hemos tenido para comunicar las ciencias? Deberíamos preguntarnos si hemos golpeado suficiente puertas o si bien nos dormimos ante la inercia de creer que la ciencia no es valorada en el consumo informativo? Somos responsables de comunicar lo que sabemos, no sólo a los futuros profesionales formados desde la academia, sino a toda la población, y lo cierto es que estamos fracasando antes esa responsabilidad.

Llegar a medios de comunicación masiva es una forma de llegar a la población y generar el debate que tanta falta nos hace, pero no son la única forma y uno de los errores es quedarnos en esa vía de comunicación. Hoy existen otras formas, y formas muy simples, como hacer charlas o actividades de difusión en grupos pequeños como colegios no es menor en la medida que seamos muchos científicos haciendo muchas actividades. En Chile existen cientos de científicos con mensajes que dar y cientos de profesores que buscan a quienes puedan llevar un poco de su conocimiento específico al aula, y si golpear las puertas de los colegios ofreciendo charlas no nos parece eficiente, existen estructuras que facilitan esto, como el programa 1000C1000A de Conicyt, que simplemente hace la conexión entre científicos y profesores, pero es una iniciativa suficiente para abrir estos canales de comunicación.

 

No sólo tenemos científicos deseosos de comunicar y profesores deseosos de invitarlos al aula, los niños también nos han hecho notar la necesidad de establecer comunicaciones a través de movimientos como “Juventud por el clima” y nos refriegan el error de la falta de diálogo que hemos tenido a la fecha. Todo esto nos muestra que ya no podemos, y hace rato que no debíamos seguir de brazos cruzados esperando a que sean los medios de comunicación los que nos abran los espacios, que hay que buscar las formas de canalizar el deseo de comunicación que todas las entidades van teniendo. La ciencia no sirve si no se comunica.

Si cada uno de nosotros planificara una charla de una hora al mes, ya serían cientos de niños con quienes podemos ir comunicándonos, una sola charla al mes. Y si podemos ir más allá, golpear puertas en juntas de vecinos, en espacios municipales, en distintas organizaciones civiles, sin duda más de uno puede contar con ese espacio. No hay excusa y hay una urgencia de la que somos en parte responsables.

Paz Araya. Investigadora del Centro de Energía de la Universidad de Chile y Coordinadora de Poryectos RedPE.

Columna disponible en el mostrador

ENEAS: Energía, Agua y Sustentabilidad presente en la Semana COP25 Ingeniería y Ciencias

ENEAS, Energía, Agua y Sustentabilidad, una nueva Iniciativa interfacultades, estuvo a cargo de un completo seminario realizado en la Semana COP25 Ingeniería y Ciencias, y tuvo como objetivo presentar los desafíos relacionados con agua, energía y sustentabilidad en el contexto de cambio climático. El seminario abordó desde una perspectiva integrada, desafíos críticos relacionados con cambio climático, considerando dimensiones de mitigación, adaptación y gobernanza urbana.
Entre 19 al 23 de agosto la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas de la Universidad de Chile FCFM abrió sus puertas a la comunidad ofreciendo charlas magistrales, coloquios, talleres para agentes de cambio, cursos introductorios para profesionales, exposiciones de arte y literatura vinculadas al cambio climático, exposición de pósters científicos relativos al tema y visitas guiadas a puntos sustentables de la Facultad, entre muchas actividades.
El miércoles 21 de agosto ENEAS lideró 3 paneles de discusión, que contaron con la participación de 13 académicos, científicos e investigadores en cambio climático, energía, medicina y pobreza energética. Enrique Aliste, académico de la Universidad de Chile e investigador de la Red de Pobreza Energética destacó del Seminario ENEAS, el carácter multidisciplinar de los paneles, “uno de los aspectos centrales de este seminario, tiene que ver con revelar la importancia del conocimiento transdisciplinar, donde se cruzan miradas antropológicas, geográficas, ingenieriles, sociológicas, arquitectónicas, etc. ENEAS abre un espacio común, un diálogo para crear nuevas formas de generación de conocimiento. Hoy el cambio climático nos exige hacer esto, como universidad y como sociedad“.
Anahí Urquiza, investigadora de CR2 y coordinadora de la Red de Pobreza Energética puntualizó sobre la necesidad de hacer ciencia desde una mirada colaborativa, “uno de las mayores dificultades que enfrentamos en cambio climático es que se requiere estudiar de múltiples disciplinas para comprender los desafíos que estamos enfrentando, las dimensiones del problema y también para visualizar estrategias para abordarlo. En ciencias, estamos acostumbrados a trabajar de forma monodisciplinar y nos cuesta mucho saber qué es lo que está haciendo el otro y visualizar cómo nos podemos complementar. La plataforma ENEAS es un espacio para eso, para trabajar desde diferentes disciplinas, como energía, agua y sustentabilidad y, al mismo tiempo, visualizar actividades de docencia, extensión e investigación en las cuales nos podamos apoyar mutuamente. En este seminario fue un hito importante porque nos permitió empezar a estrechar lazos entre los académicos para generar proyectos investigativos transdisciplinares“.
La semana de actividades finalizó con la participación del ministro de Ciencia, Tecnología, Conocimiento e Innovación, Andrés Couve, quien asistió a la ceremonia de clausura y destacó la alta participación en las distintas mesas de discusión. “Son un grupo que ha respondido de manera excepcional. Tenemos 560 investigadores. Son todos académicos de distintas universidades y están sacando una radiografía del escenario actual en Chile, elaborando recomendaciones sobre la manera en que sugieren que debemos avanzar”, expresó el ministro enfatizando que todos los cambios que se lleguen a ejecutar deben ser una “transición hacia una economía sustentable”, instando a la comunidad científica a acercarse al mundo político.
El rector de la Universidad de Chile, Ennio Vivaldi, también participó de este acto de cierre de la primera etapa de la Iniciativa Beauchef Cambio Climático, “quiero felicitar y dar las gracias por la forma anticipatoria con que abordaron este tema. Lo que hicieron fue notable y un orgullo para nuestra universidad”, expresó el rector Vivaldi junto con destacar “el espíritu de Maisa Rojas y Laura Gallardo, que representan el ideario de la Universidad de Chile”.
En la instancia, el rector anunció que la U. de Chile trabaja en una serie de medidas institucionales, entre ellas, la adhesión a la carta impulsada por la Alianza por el Liderazgo Sustentable en Educación, que compromete a los planteles a movilizar recursos para la acción climática, la investigación y la educación ambiental, y la incorporación de la Casa de Bello a la Red de Campus Sustentable, que busca promover la sustentabilidad en la educación superior y generar transformaciones en la sociedad para alcanzar este objetivo.

 

Gentileza: Comunicaciones FCFM – comunicaciones VAEC


Universidad de Aysén y Red de Pobreza Energética realizan actividades relacionadas con desafíos socio-ambientales en Aysén

El Seminario “Desafíos socio-ambientales en la región de Aysén” fue organizado por la carrera Trabajo Social de la Universidad de Aysén y la Red de Pobreza Energética de la Universidad de Chile. La actividad se llevó a cabo el 12 y 13 de agosto en Coyhaique y contempló la realización de talleres para estudiantes, tomadores de decisiones y charlas para la comunidad.

Visibilizar los esfuerzos realizados en investigación sobre los desafíos socio-ambientales que enfrenta la región fue el principal propósito del reciente seminario organizado por la Universidad de Aysén y la Red de Pobreza Energética de la Universidad de Chile. La actividad nació desde la necesidad de promover la colaboración entre distintos actores y hacer frente al desafío de disminuir la contaminación por uso de leña y dialogar sobre las transformaciones socio-ambientales presentes en la región.
“La colaboración entre instituciones y en especial, el trabajo transdisciplinar de la Red de Pobreza Energética y la Universidad de Aysén es fundamental, ya que la única forma de entender adecuadamente los desafíos de pobreza energética regionales tiene que ver con abordar y conocer las condiciones culturales, ecológicas y socio-técnicas que hay en cada uno de los territorios y para esto, los expertos locales son con quienes debemos trabajar. De este modo, podemos generar caracterizaciones adecuadas, discutir mecanismos y proponer estrategias para finalmente, reducir la pobreza energética”, explicó Anahí Urquiza, quien lideró varias actividades del Seminario.
Catalina Amigo, coordinadora ejecutiva de la Red de Pobreza Energética e investigadora de la Universidad de Chile destacó la alta convocatoria de todas las actividades y la participación de varios actores sociales, “desde la Red de Pobreza Energética, como plataforma transdisciplinar de colaboración e investigación, destacamos la participación tan diversa que tuvo el seminario. Contar con representantes de la academia, centros de estudios, Seremi del Medio Ambiente, organizaciones estudiantiles y civiles, fue un ejemplo de diversidad y demuestra la importancia de la generación de redes regionales, sobre todo a la hora de potenciar espacios colaborativos entre diferentes actores.  Agradecemos profundamente las gestiones de la carrera de Trabajo Social de la Universidad de Aysén, quienes lideraron las actividades y facilitaron la difusión y realización de este seminario”.
Talleres prácticos con estudiantes y académicos, permitieron avanzar en la identificación de problemas, causas, creación de diseños de intervención y/o posibles soluciones para diversos desafíos socio-ambientales regionales, como la contaminación del mar por salmonicultura, contaminación atmosférica, deforestación, micro basurales, entre otros. Además, estudiantes debatieron sobre el rol de sus disciplinas en este escenario.
“Este seminario contribuyó a abrir un diálogo a nivel regional respecto a problemáticas que son muy atingentes para el futuro de la zona, en torno a diversos desafíos socio-ambientales, transformaciones culturales, y principalmente, el problema de la contaminación atmosférica, que fue trabajado desde una perspectiva novedosa para los actores sociales de la región. La discusión de resultados preliminares del trabajo en territorios, pobreza y exclusión, ya están teniendo repercusiones a nivel regional y esperamos que puedan seguir desarrollándose en el corto y mediano plazo” comentó Sebastián Ibarra, académico de la carrera Trabajo Social de la Universidad de Aysén y organizador del seminario.
Durante el primer día de trabajo, las actividades se enmarcaron en “Territorio y Naturaleza: Patagonia-Aysén como laboratorio socio-natural”, ejecutándose en el campus Simpson y Campus Lillo de la Universidad de Aysén. La segunda jornada de trabajo abordó “Contaminación atmosférica: pobreza energética y condicionantes territoriales”, desarrollándose en el Auditorio regional del Ministerio de Obras Públicas y en la Biblioteca Regional de Coyhaique.
En este seminario se realizaron en total: 12 exposiciones; 5 paneles de discusión con más de 60 asistentes por día; 2 talleres con estudiantes de la carrera Trabajo Social de la Universidad de Aysén; 1 taller con estudiantes de distintas carreras de 3 las universidades presentes en la región, U. Aysén, U. Austral – campus Patagonia, INACAP; y 1 taller con tomadores de decisiones.

Expositores

Juliette Marín, Project Leader Programa de Riesgo Sísmico, U. de Chile.

Julián Cortés, Programa de Riesgo Sísmico, U. de Chile.

Enrique Aliste, Profesor Depto. De Geografía CITRID, U. de Chile.

Patricia Carrasco, Jefa de Carrera Trabajo Social, U. de Aysén.

Sebastián Ibarra, Académico Trabajo Social, U. de Aysén.

Bryan Reis, Investigador residente CIEP.

Luis Gómez, Meteorólogo, Lab. Ecoclimático de Aysén, UACH – CIEP.

Anahí Urquiza, Académica de FACSO, investigadora Cr2, U. de Chile.

Paz Araya, Investigadora del Centro de Energía, U. de Chile.

Alejandra Cortés, Académica FAU, U. de Chile.

Nicolás Hurtado, CEGA, U. de Chile.

Organizadores

Trabajo Social, Universidad de Aysén.

Red de Pobreza Energética.

Plan de Fortalecimiento de Universidades Estatales.

Participantes

Seremi Aysén, Ministerio de Medio Ambiente.

Centro de Energía.

PRS, Programa de Riesgo Sísmico.

CIEP, Centro de Investigación en Ecosistemas de la Patagonia.

CEGA, Centro de Excelencia en Geotermia de Los Andes.

CR2, Centro de Ciencia del Clima y la Resiliencia.

Universidad Austral, Campus Patagonia.

INACAP.

ENEAS.

Seminario realizado con los financiamientos:

Fondecyt Nº11180824 y Nº1190855

Financiamiento del Plan de Fortalecimiento de Universidades Estatales (UCH1799 y UCH1756).


U. de Chile presentó documento para enfrentar los desafíos de la pobreza energética en el país

A partir del trabajo colaborativo y transdisciplinario impulsado por la Red de Pobreza Energética, se realizó el lanzamiento de la investigación “Acceso equitativo a energía de calidad en Chile. Hacia un indicador territorializado y tridimensional de pobreza energética”, que permitirá implementar metodologías para medir este fenómeno adaptándose a la realidad nacional.

 

Gentileza Comunicaciones VID

Con el objetivo de contribuir con el acceso equitativo a la energía de calidad en el país, el jueves 11 de julio la Red de Pobreza Energética (RedPE) de la Universidad de Chile, lanzó un documento transdisciplinar elaborado por más de 20 profesionales de diversos centros, casas de estudio e instituciones estatales, que desarrolla dos propuestas para cuantificar este fenómeno. La iniciativa fue presentada frente a autoridades, académicos, investigadores y representantes de organismos gubernamentales, destacando nuevas metodologías e instrumentos coherentes con las necesidades del contexto nacional.
Asimismo, en el evento realizado en Casa Central y presidido por el Rector Ennio Vivaldi, la Universidad firmó acuerdos de colaboración con el Instituto Forestal de Chile (INFOR), la Fundación TECHO Chile, la Asociación Chilena de Energías Renovables (ACERA) y la ONG Adapt Chile. Estas alianzas trabajarán en ámbitos asociados a la gestión climática, desde la planificación de estrategias sectoriales asociadas a la pobreza energética como campo de acción.
En la inauguración, el Rector Vivaldi destacó parte de los desafíos en este ámbito. “Los grandes problemas de la sociedad actual no se resuelven desde una disciplina en particular. En este sentido, la pobreza energética es un tema que requiere mirada transdisciplinaria para desarrollar una solución integral. Por otro lado, es fundamental confrontar la realidad con datos factuales y no sólo valorativos. Si no partimos por conocer estas definiciones, no se puede entender empíricamente lo que está ocurriendo en el país para generar un diagnóstico y soluciones acordes a las necesidades de toda la sociedad”, señaló.
Los investigadores de la RedPE presentaron los principales resultados de la investigación desarrollada desde 2015 con otras instituciones públicas y privadas. Parte de éstos, indican que la pobreza energética en Chile se expresa en una mala eficiencia de las viviendas, bajo confort térmico, gasto excesivo de energía, e interrupciones del suministro eléctrico. Por ello, la agrupación propone indicadores territoriales y tridimensionales para construir políticas públicas, que avancen hacia una caracterización más compleja de este problema.
Para la coordinadora de la RedPE y académica de la Facultad de Ciencias Sociales, Anahí Urquiza, esta realidad representa uno de los tantos desafíos del país en materia energética. “Debemos seguir trabajando por generar conciencia sobre este fenómeno como un problema social en Chile. Es fundamental trabajar colectivamente y en diálogo con la sociedad civil. Desde la colaboración podremos pensar en estrategias sectoriales, además de hacernos cargo de las necesidades de nuestra población y las diferentes condiciones de desarrollo en regiones. Este tema no se soluciona sólo con políticas públicas y por ello es fundamental generar otras herramientas y dinamizar el mercado”, agregó.
La investigación impulsada por la RedPE expone que actualmente más del 66% de los hogares chilenos presenta problemas de eficiencia energética y un 21% de las personas declara pasar frío al interior de sus viviendas en época invernal. Producto de estas dificultades, múltiples familias no pueden asegurar necesidades básicas como calefacción, ventilación, agua caliente sanitaria y la opción de cocinar o refrigerar alimentos, entre otras actividades asociadas a la confortabilidad térmica.
La gerente de INFOR de la sede Los Ríos, Alejandra Schueftan, integró la mesa de diálogo del conversatorio “Pobreza energética y desafíos sectoriales”, junto a representantes de las otras tres instituciones que firmaron convenios de colaboración con la Universidad. “Uno de puntos más importantes de este contexto es la brecha en información técnica sobre eficiencia energética y cómo hacerla llegar a los diversos actores, sobre todo cuando se trata del usuario. Además de atender los lenguajes y formatos utilizados, se ha vuelto fundamental generar modelos de financiamiento para incorporar al sector privado en esta gestión”, comentó.
En tanto, el jefe nacional de Ingeniería y Construcción de Techo Chile, Carlos Westermeier, concluyó que “el contexto ha cambiado bastante y hemos debido replantear soluciones. El problema de la pobreza energética no se soluciona en la vivienda, sino también entregando conocimiento a las comunidades y las familias con las que trabajamos. Desde hace dos años comenzamos a hablar sobre este fenómeno, pues impacta en la manera de diseñar los hogares. Cada territorio tiene ciertas particularidades que deben ser abordadas desde distintas formas y por ello hemos insistido en colaborar con otras instituciones”.
El documento de la RedPE propone conceptualizaciones e indicadores territoriales y tridimensionales de pobreza energética, para impactar la política pública en esta materia.
El evento realizado en Casa Central de la U. de Chile, fue presidido por el Rector Ennio Vivaldi, quien destacó los desafíos para enfrentar este fenómeno.
La coordinadora de la RedPE y académica de FACSO, Anahí Urquiza, agregó la importancia de entender la pobreza energética como un problema social de Chile.
La iniciativa contó con la participación de INFOR, Techo Chile, Adapt Chile y ACERA; instituciones con las que la U. de Chile firmó convenios de colaboración para la gestión climática.


Quien puede lo más, puede lo menos

Bonn, Alemania, reuniones entorno a la COP25 para la definición de los ejes estratégicos de la próxima conferencia. Este fue el escenario en que la Ministra de Medio Ambiente de Chile, Sra. Claudia Schmidt, al ser consultada por la resistencia del país a suscribir el Acuerdo de Escazú, declaró que la legislación nacional ya cubría lo indicado en la convención.

Antes de entrar en debate sobre la veracidad de estas afirmaciones es necesario recordar, groso modo, los principales compromisos de Escazú. Según lo establecido en su artículo 1°, este acuerdo tiene por objetivo “garantizar la implementación plena y efectiva en América Latina y el Caribe de los derechos de acceso a la información ambiental, participación pública en los procesos de toma de decisiones ambientales y acceso a la justicia en asuntos ambientales, así como la creación y el fortalecimiento de las capacidades y la cooperación, contribuyendo a la protección del derecho de cada persona, de las generaciones presentes y futuras, a vivir en un medio ambiente sano y al desarrollo sostenible”. En la misma dirección apunta su artículo 3°, el cual consagra como centrales los principios de igualdad, no discriminación, transparencia y rendición de cuentas, así como los valores de soberanía permanente de los Estados sobre sus recursos naturales y de medidas pro- persona, entre otros, en términos del diseño e implementación de políticas ambientales. Especialmente destacables por su significancia para los países que suscriben este acuerdo, son los nuevos requisitos respecto del acceso a información ambiental (artículo 5°), la generación y divulgación de información ambiental (artículo 6°), la participación pública en la toma de decisiones ambientales (artículo 7°) y el acceso a un trato justo y de defensa de derechos humanos en los asuntos ambientales (artículo 8° y 9°).

Si miramos en perspectiva, ellos son una bajada de los lineamientos planteados en los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), en particular el ODS N°16, reconocidos y ratificados por el Estado de Chile. Este objetivo se centra en la promoción de sociedades pacíficas e inclusivas para el desarrollo sostenible, facilitar el acceso a la justicia para todos y crear instituciones eficaces, responsables e inclusivas a todos los niveles. La adscripción de los países a estos lineamientos implica, por lo tanto, avanzar en medidas en esta dirección. Medidas como, por ejemplo, los compromisos tomados en el Acuerdo de Escazú.

 

Recordemos que, en materias de política exterior la incidencia de la sociedad civil es nula, y los mecanismos de participación ciudadana —entiéndase la Ley 20.500, entre otros cuerpos— está restringida, no por el escaso interés de la sociedad, sino por las “barreras de entrada” que el propio sistema introduce.

Dicho esto, volvamos a las declaraciones de la Ministra. Todo estudiante de Derecho en sus primeras clases de Derecho Romano conoce —y sufre—el aforismo jurídico que reza: QUI POTEST PLUS, POTEST MINUS, que literalmente sostiene “quien puede lo más, puede lo menos”. En breve, quien tiene poder para hacer cosas grandes o importantes puede hacer sobre el mismo tema cosas menores, accesorias, derivadas o subordinadas a las primeras.

Si se acepta la importancia de los Objetivos de Desarrollo Sostenible, ¿cuál es el problema que nuestras autoridades suscriban un acuerdo ciertamente más limitado y que busca operacionalizar medidas para avanzar en esta dirección, como el Acuerdo de Escazú?

Julian Cortés. Investigador RedPE.

Julio Labraña. Investigador RedPE

Columna disponible en el mostrador


Investigadores de Red de Pobreza Energética participan en congresos internacionales

Catalina Amigo, Felipe Encinas, Anahí Urquiza y Paz Araya expusieron en diversos encuentros internacionales de ciencia, energía y cambio climático, marcando la presencia internacional de RedPE en el primer semestre 2019.

El fortalecimiento de la Red Iberoamericana para la Superación de la Pobreza Energética (RISPE) es uno de los objetivos que se planteó la RedPE a principios de 2019 y para esto, la participación en actividades de orden internacional es fundamental.  Investigadores de la Red de Pobreza Energética, atendiendo a esta necesidad, han asistido a diversas actividades posicionando el trabajo realizado en Chile y recogiendo diversas experiencias de la región.
En enero, Anahí Urquiza, coordinadora de I+D+i de RedPE e investigadora del Centro de Ciencia del Clima y la Resiliencia (CR)2 participó en el Congreso “Cosechando Ciencia, Sembrando Innovación” organizado por el Centro Mexicano de Innovación en Energía Solar (CeMIE Sol) en Cuernavaca, Morelos, México.
Paz Araya, coordinadora de proyectos en RedPE e investigadora del Centro de Energía de la Universidad de Chile expuso sobre modelos de financiamiento para la mejora de calidad térmica de las viviendas en el 7mo Encuentro Latinoamericano de Economía de la Energía (ELAEE), que se realizó en marzo en Buenos Aires, Argentina.  “Estoy convencida que los esfuerzos que todos los actores regionales estamos haciendo sobre estas temáticas están fortaleciendo y posicionando el concepto de pobreza energética a nivel latinoamericano, siendo el primer paso para poder disminuir los niveles de pobreza de la región”, comentó Paz Araya, quien participó en la actividad gracias a la beca “Young Scholars Iniciative”.
Por otra parte,  a fines de mayo, Catalina Amigo y Felipe Encinas fueron expositores en el congreso “Energy and Society in Transition: 2nd International Conference on Energy Research and Social Science” en Phoenix, Arizona, Estados Unidos.
Catalina Amigo realizó diversas ponencias, destacándose el trabajo de la Red de Pobreza Energética a nivel regional. “Fue una gran instancia para conocer los desafíos que enfrentan países vecinos y  fortalecer las redes con investigadores de Perú, Paraguay, México, por ejemplo. Existe consenso sobre la urgente necesidad de recopilar información. Las bases de datos actuales no permiten crear indicadores complejos para abordar  y medir la pobreza energética. En ese sentido, nuestro estudio recién publicado fue muy inspirador para los colegas latinoamericanos, porque pudieron ver que es posible construir un indicador socialmente robusto para el análisis de pobreza energética”, destacó Catalina Amigo, coordinadora ejecutiva de RedPE.
Por su parte, Felipe Encinas, director de Investigación y Postgrado de la Facultad de Arquitectura, Diseño y Estudios Urbanos UC, investigador de RedPE y del Centro de Desarrollo Urbano Sustentable (CEDEUS), se mostró muy satisfecho con la gran cantidad de disciplinas que participaron en el congreso: “la pobreza energética invita a ampliar la mirada sobre cómo se abordan los problemas; temas que son tradicionalmente vinculados a energía e ingeniería, están estrechamente conectados con la ciencias sociales. Este encuentro permitió visualizar ese  enfoque interdisciplinario”, comentó Felipe Encinas.
Ambos investigadores participaron en esta actividad en Estados Unidos gracias a fondos gestionados por sus universidades. Ellos coinciden que la investigación realizada en Chile está muy en avanzada, en niveles muy similares otros países con mayor desarrollo en esta materia. Por otro lado, este congreso contribuyó al estrechamiento de relaciones profesionales con los pares latinoamericanos para posicionar el concepto de pobreza energética en la región.

Catalina Amigo y Felipe Encinas en el congreso “Energy and Society in Transition: 2nd International Conference on Energy Research and Social Science” en Phoenix, Arizona, Estados Unidos.

Catalina Amigo, Felipe Encinas e investigadores latinoamericanos.

Catalina Amigo, participó en este congreso gracias a los fondos de Fondecyt Nº11180824.

Paz Araya, en 7mo Encuentro Latinoamericano de Economía de la Energía (ELAEE), Buenos Aires, Argentina.

Anahí Urquiza, en el Congreso “Cosechando Ciencia, Sembrando Innovación” organizado por el Centro Mexicano de Innovación en Energía Solar (CeMIE Sol) en Cuernavaca, Morelos, México.

Paz Araya e investigadores en en 7mo Encuentro Latinoamericano de Economía de la Energía (ELAEE), Buenos Aires, Argentina.

Anahí Urquiza, en el Congreso “Cosechando Ciencia, Sembrando Innovación” organizado por el Centro Mexicano de Innovación en Energía Solar (CeMIE Sol) en Cuernavaca, Morelos, México.


Indicadores de Pobreza Energética: 34,3% de los hogares en zonas urbanas no tiene acceso equitativo a servicios energéticos de calidad

Identificar la equidad con que la población chilena accede a servicios energéticos de calidad y generar una propuesta de definición de pobreza energética socialmente robusta fueron los objetivos de la investigación “Acceso equitativo a energía de calidad en Chile. Hacia un indicador territorializado y tridimensional de pobreza energética”, desarrollado por la Red de Pobreza Energética de la Universidad de Chile.
El documento, elaborado con la participación de más de 20 profesionales de diversas disciplinas, centros y casas de estudios, desarrolla dos propuestas para cuantificar la pobreza energética en Chile: identifica el estándar nacional de acceso a energía de calidad y, luego, un índice tridimensional de pobreza energética que permite sintetizar este fenómeno en indicadores posibles de observar con los datos existentes para el desarrollo de políticas públicas en esta materia, en miras de avanzar hacia una caracterización más compleja del fenómeno.
Los resultados de esta investigación indican que la pobreza energética en Chile se expresa en una mala eficiencia energética de la vivienda, bajo confort térmico, un gasto excesivo en energía y alto promedio de tiempo de las interrupciones del suministro eléctrico.
“Un hogar se encuentra en situación de pobreza energética cuando no tiene acceso equitativo a servicios energéticos de alta calidad para cubrir sus necesidades fundamentales y básicas, que permitan sostener el desarrollo humano y económico de sus miembros” indica Anahí Urquiza, coordinadora de I+D+i de la Red de Pobreza Energética (RedPE), Investigadora Responsable de Proyecto Fondecyt Nº11180824 sobre pobreza energética en Chile e investigadora del Centro de Ciencia del Clima y la Resiliencia (CR)2.
La pobreza energética implica más dimensiones que el gasto excesivo que pueda enfrentar un hogar, relacionándose también al acceso a servicios energéticos de alta calidad. Estas condiciones incluyen los umbrales físicos y económicos de acceso a la energía, así como también a los niveles de confort que alcanzan las personas que viven en los hogares.
Al considerar las proyecciones climáticas y los nuevos requerimientos asociados a ellos, la baja eficiencia térmica y la inestabilidad del servicio se constituyen en nuevas condiciones que aumentan la desigualdad a nivel nacional. “Es sumamente urgente que el país cuente con instrumentos y metodologías para cuantificar los hogares que sufren los efectos negativos de un acceso desigual a energía de calidad”, señala Rubén Calvo, investigador de la de RedPE y especialista en políticas públicas, pobreza y desigualdad.
El estudio da cuenta que la baja eficiencia térmica de las viviendas, otra expresión de pobreza energética, es una característica transversal a nivel nacional. En cambio, la calidad del suministro eléctrico es más baja en las zonas centro, centro-sur y sur del país, probablemente debido a condiciones geográficas y climáticas.
Para los investigadores de la Red de Pobreza Energética estos resultados no sorprenden: históricamente en Chile hay malas condiciones de aislación térmica de las viviendas. La baja exigencia de la actual Normativa Térmica, implementada entre los años 2000 y 2007, sumado a la evidente dificultad de electrificación para zonas aisladas y de difícil acceso.
Gran parte de los problemas de contaminación atmosférica de las ciudades del sur del país se relacionan con estas barreras.

Principales Resultados

En relación con el gasto excesivo en energía, un 22,6% de los hogares no puede cubrir simultáneamente las necesidades básicas de la línea de pobreza oficial. Por lo tanto, cerca de 1.160.426 de hogares de los centros urbanos chilenos tienen un gasto excesivo en energía o realiza un gasto energético menor, poniendo como prioridad otras necesidades.

Asimismo, la investigación remarca las actuales brechas de información en materia de pobreza de energía y ofrece una guía para la generación de datos más complejos, robustos y territorializados, que permitan comprender y enfrentar esta problemática, promoviendo un desarrollo más sustentable, equitativo y resiliente de Chile, considerando los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU.

Si bien Chile posee una alta electrificación (99,63% de los hogares según CASEN 2017), el acceso a energía eléctrica varía en función del territorio. Por ejemplo, la comuna de Pumanque presentó en 2012 un promedio de interrupciones del servicio eléctrico correspondiente a 10,63 horas anuales, esto sin considerar eventos de fuerza mayor. En el caso de la comuna de Camarones, durante el año 2015 las interrupciones al servicio eléctrico se tradujeron a 7,89 horas anuales.

Según los indicadores del Banco Mundial, Chile ha experimentado un crecimiento constante en las últimas décadas a pesar de los vaivenes económicos mundiales, manteniéndose sobre el 4% en promedio en los últimos 25 años. “Pese a este crecimiento, hoy Chile es un país desigual social y económicamente, con profundas dificultades para enfrentar los desafíos del siglo XXI. En este contexto, el acceso a energía limpia es una condición habilitante, tanto para el desarrollo más equitativo como para avanzar en la ineludible transición energética”, concluye Anahí Urquiza.

Investigación completa disponible para descargar aquí


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