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Pobreza energética: una urgencia ineludible

En mayo de 2016 fue promulgada la Ley 20.928 de Equidad Tarifaria, otro gran paso que fue perfeccionado con decretos adicionales, los que fijaron precios de la electricidad, ajustes y recargos, legalizando así una forma de equidad en el acceso a la energía: establece que ninguna cuenta de luz superará el 10% del promedio nacional; rebaja el costo en las comunas donde hay proyectos de generación de energía; y elimina el cobro individual por corte y reposición.

 

Tanto la Política Energética 2050 como la Ley 20.928 asumieron un concepto acuñado en el extranjero y que un grupo de profesionales e instituciones estudia hoy en Chile: la pobreza energética. Una de las metas de la política Energía 2050, sobre la cual trabaja el Ministerio de Energía, es contar con una definición que se adapte a la realidad nacional.

A nivel de países desarrollados, se entiende que una persona o familia está en el umbral de la pobreza energética cuando destina más del 10% de sus ingresos a pagar la energía. En Chile, la realidad es diferente. En algunas regiones, como la Metropolitana, las personas prefieren o están obligadas a pasar frío debido a los altos precios de la calefacción. En la zona sur, se usa leña para calefaccionar, muchas veces húmeda, que es barata pero tiene un enorme costo en salud (se calculan más de 3.700 muertes prematuras por enfermedades cardiopulmonares asociadas a contaminación atmosférica).

 

Las caras de la pobreza energética son muchas. Se espera por esta razón que emane de allí una definición que aborde este concepto en toda su complejidad.

Es cierto que se han dado pasos importantes.

La Ley 20.928 de Equidad Tarifaria responde a algunas dimensiones de la pobreza energética: atendiendo necesidades básicas de hogares vulnerables al eliminar el cobro por reposición, el que podía implicar una fracción importante de los ingresos de una familia, mejorando las condiciones de acceso, desde una perspectiva económica, a la electricidad. La normativa hace también un reconocimiento a la generación local, que comprende que la generación energética local puede tener un efecto directo en el bienestar de las personas cercanas a una central, incorporando de esta forma el concepto de equidad, el cual está presente en el tercer y último beneficio de la ley, al garantizar que entre los chilenos no haya grandes diferencias en el precio de la energía eléctrica.

 

Como investigadores del Centro de Energía de la Universidad de Chile e integrantes de la Red de Pobreza Energética, consideramos que Chile debe dar un nuevo paso, necesario en esta nueva fase del desarrollo del país. Creemos que llegó el momento no sólo de definir la pobreza energética, sino de diagnosticarla, hacerse cargo de ella, y superarla.

¿Qué significa pobreza energética? Que tenemos necesidades de diverso tipo y que deberían ser todas garantizadas: iluminación, conservación de alimentos, acceso a la comunicación, protección para los electrodependientes, entre otras. Pueden ser todas de diversa magnitud, pero son todas importantes, porque la energía cubre necesidades por las cuales el Estado debe velar.

Paz Araya. Investigadora del Centro de Energía de la Universidad de Chile y Coordinadora de Poryectos RedPE.

Patricio Mendoza. Académico del Departamento de Ingeniería Civil Eléctrica y del Centro de Energía de la Universidad de Chile. Coordinador Digital RedPE.


Seminario “Transición Energética y Participación”

07/12/2017

TRANSICIÓN ENERGÉTICA Y PARTICIPACIÓN

Inscripciones AQUÍ

15 de diciembre de 2017

9:00-13:00 hrs.

Sala Mathilde Brandau (Av. Santa María 076, 6o piso)

Facultad de Derecho – Universidad de Chile

En los últimos años, las políticas energéticas han sido el foco de los esfuerzos internacionales para lograr trayectorias más sustentables de desarrollo. Con ello se busca : garantizar un suministro energético seguro, constante y suficiente para las necesidades económicas y de desarrollo de los países; superar el problema de la pobreza energética y las consecuencias que este involucra en términos de acceso, calidad y equidad; y hacer compatible el desarrollo energético con la protección del medio ambiente, reduciendo tanto sus impactos ambientales a nivel local -contaminación del aire, agua y suelos, impacto sobre ecosistemas etc.- como sus emisiones de Gases Efecto Invernadero (principales determinantes del cambio climático), respecto de los cuales el sector energético el mayor responsable a nivel global.

Frente a estas necesidades, ha ido cobrando creciente relevancia el propósito de diseñar e implementar la ‘transición’ de los sistemas energéticos regionales, nacionales y locales hacia configuraciones socio-técnicas más sustentables, en todas sus dimensiones.

Sin embargo, tal como ocurre con la gran mayoría de los problemas asociados con el desarrollo sustentable, la urgencia, criticidad y larga duración características de las transiciones energéticas se enfrenta con su naturaleza compleja, no lineal, sistémica y multiescalar, lo que las transforma en lo que se ha denominado “wicked problems” (problemas retorcidos), cuyas soluciones serán siempre riesgosas, arbitrarias y controversiales. No se trata sólo de la dificultad de describir con precisión y claridad el actual estado de los sistemas energéticos, sistemas en que un conjunto de tecnologías, actores e instituciones coexisten e interactúan dinámicamente en múltiples niveles; sino también de determinar el futuro hacia el cual hacer transitar dichos sistemas, en un contexto en el cual toda representación del futuro lleva intrínsecas e irreducibles incertidumbres, y moviliza una pluralidad de intereses, normas y valores a veces contradictorios. Lo anterior dice relación también, con el diseño de estrategias de transición que tomen en cuenta la inercia de las configuraciones existentes, la no  inealidad de los cambios, y el carácter policéntrico y autoorganizado de la sociedad moderna.

Frente a esto, se ha generado un creciente llamado a abandonar -o por lo menos complementar- los tradicionales enfoques centralizados de planificación y regulación, en favor de modalidades más indirectas y experimentales de gestionar las transiciones energéticas, dando un fuerte peso a procesos ‘participativos’ que abren la construcción e implementación de estas transiciones a una variedad de puntos de vista, racionalidades y conocimientos distintos. Es este el caso, sólo para citar algunos ejemplos, de la Estrategia de Desarrollo Energético de Nueva Zelanda, la Política Energética 2005-2030 de Uruguay, el proceso de política energética de Alemania, el Green Paper y White Paper de Australia o el proyecto Roadmap 2050 de la Unión Europea.

En Chile, la ‘participación’ es uno de los ejes centrales del proceso de construcción e implementación de la política energética de largo plazo del país, Energía 2050, en la cual participaron políticos, organismos públicos, empresas privadas, académicos, sociedad civil, asociaciones gremiales, ONGs y opinión pública con el fin de elaborar “una agenda que sirviera como hoja de ruta para construir y ejecutar una Política Energética de largo plazo que tenga validación social, política y técnica” (Máximo Pacheco, en Ministerio de Energía 2014: p. 7) y permita “avanzar hacia una energía sustentable, en todas sus dimensiones” (Ministerio de Energía 2015: p. 39).

A partir de lo previo, resulta útil y urgente de reflexionar sobre el concepto y formas de participación que se ponen en juego en los distintos niveles de estas transiciones energéticas, para aportar tanto al debate en términos de política energética como a aquel respecto del rol de la participación en la definición de la política pública y su relación con las tradicionales formas de democracia electoral representativa.

En tal contexto se plantean algunas interrogantes sobre: el rol que juega cada instancia de participación, cuál es su contenido, por qué es necesaria, qué ganamos, qué nos falta.

Programa


Pobreza energética como desafío para las Estrategias Energéticas Locales

En octubre se realizó la “Feria Nacional Comuna Energética 2017, aportando al desarrollo energético local en Chile” en el Centro Cultural Gabriela Mistral (GAM) organizada por el Ministerio de Energía. Participaron Javier Piedra, tesista de magíster de la RedPE y director de la ONG Energía Para Todos, y Catalina Amigo, investigadora y coordinadora ejecutiva de la RedPE, junto a representantes de la sociedad civil, de la academia, funcionarios de municipios de distintas comunas así y autoridades del Ministerio de Energía y del Ministerio del Medioambiente, abriéndose instancias de diálogo y cooperación entre el mundo público y privado. En este contexto se firmó una declaración para aportar al desarrollo energético local.

El proyecto Comuna Energética es un programa del Ministerio de Energía que busca incentivar los proyectos que implementen acciones relacionadas a energías renovables y a la eficiencia energética a escala comunal. Hay 35 comunas adheridas y 23 cuentan con una Estrategia Energética Local.

En este contexto, pensar el fenómeno de la vulnerabilidad energética en los territorios plantea un nuevo desafío y abre un importante foco de observación e intervención, abordable desde el programa Comuna Energética. El desarrollo de las estrategias locales implica realizar un diagnóstico que permite observar a escala territorial las dimensiones de la pobreza energética. De esta forma, las Estrategias Energéticas Locales podrían, potencialmente, colaborar en la generación de indicadores para observar y medir pobreza energética en los territorios, así como implementar proyectos que permitan reducir la vulnerabilidad energética de la población.

Como RedPE, proponemos observar la pobreza energética en relación a tres dimensiones: acceso a la energía, calidad de la energía y equidad energética. En esta línea, la energía y las carencias energéticas se constituyen en un factor de la pobreza que limita las oportunidades objetivas y subjetivas de las personas de  desarrollar las capacidades necesarias para participar social, cultural y económicamente de la sociedad de la cual forman parte, afectando su calidad de vida en relación a diversas dimensiones del desarrollo humano.

A partir del trabajo interdisciplinario, hemos identificado la importancia de observar la vulnerabilidad energética desde una óptica territorial. En este sentido, la gestión de planes energéticos comunales responde a una escala lo suficientemente pequeña como para observar las particularidades climáticas-geográficas y socioculturales, para así considerarlas en el diseño de las Estrategias Energéticas Locales.

Este tipo de programas puede contribuir a mejorar las condiciones de acceso a la energía en localidades donde aún no existe suministro, y también a mejorar la calidad y la continuidad del mismo, cuando lo hay. La instalación de proyectos y la gestión local de la energía permiten mejorar las capacidades de resiliencia de las comunidades, reconociendo las oportunidades de los actores para utilizar los diversos recursos existentes en los territorios para enfrentar -e incluso mitigar- la pobreza energética de forma sustentable. Esto colaborará en el desarrollo de capacidades de respuesta y adaptación ante posibles situaciones de desastres socionaturales u otras situaciones derivadas del cambio climático.

Como RedPE destacamos las posibilidades de gestión y manejo local de las energías que este programa permite generar, fortaleciendo las capacidades y el conocimiento de las personas respecto de sus territorios.

Catalina Amigo. Investigadora y Coordinadora Ejecutiva RedPE, linea Bienestar, cultura y eficiencia energética. Tesista Magíster en Análisis Sistémico Aplicado a la Sociedad – U. Chile / Tesista Magíster (CR)2 / CITRID

Javier Piedra Tesista RedPE Magíster en Gestión y Políticas Públicas, línea Energía, políticas públicas y modelos de desarrollo. Director ONG Energía para Todos


Anahí Urquiza sobre Pobreza Energética


Seminario – Pobreza Energética “Nuevos desafíos para la articulación entre Academia y Política”

03/11/2017

La Red de Pobreza Energética junto a la Vicerrectoría de Investigación y Desarrollo, lo invita al Seminario “Pobreza Energética: nuevos desafíos para la articulación entre Academia y Política”, a realizarse el día 24 de noviembre de 12:00 a 14:00 hrs en el Auditorio de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo (FAU), Universidad de Chile.

El seminario tiene como objetivo establecer un diálogo entre Academia y Política pública sobre uno de los desafíos de la Agenda Energía 2050: la Pobreza Energética. Junto a organismos del Estado (MINSAL, MINVU, MMA, MINE y MDS) se debatirá en torno a los desafíos que este fenómeno conlleva y sobre las posibilidades de articular los conocimientos producidos en la academia con la política pública, para abordar de forma coordinada el fenómeno de la pobreza energética en Chile.

La RedPE presentará una definición preliminar para observar pobreza energética considerando las particularidades del contexto chileno. En base a esta definición, se presentará un análisis sobre las políticas públicas actuales y sus posibilidades de responder a los desafíos que este fenómeno conlleva. Por otra parte, se convoca a los distintos Ministerios a observar cómo es posible abordar la pobreza energética a partir de las políticas que implementan y a pensar formas de articular un trabajo conjunto entre Ministerios y con la Academia.

Invitados: Representante de los cinco ministerios, profesionales del sector público, académicos e investigadores, organizaciones de la sociedad civil y comunidad universitaria. La actividad es gratuita y abierta a todo público con inscripción aquí.

Programa:


Una mirada actual de los planes de prevención y descontaminación

02/11/2017

Valentina Durán Medina, directora del Centro de Derecho Ambiental (CDA) de la Universidad de Chile y Luis Cordero Vega, profesor asistente e investigador del Centro de Regulación y Competencia (RegCom) invitan al02 Seminario “Una mirada actual de los planes de prevención y descontaminación”.

La actividad tratará, entre otros, los siguientes temas: participación ciudadana en la elaboración de los mencionados planes, la contribución de la ciencia y, por último, la implementación y seguimiento de dichos instrumentos.

APERTURA

Marcelo Mena Carrasco, Ministro del Medio Ambiente

Panel 1

Sobre participación ciudadana en la elaboración de planes de prevención y descontaminación

Exponen: Luis Cordero, Francisco Soto y Conrado Ravanal

Panel 2

Sobre análisis crítico desde la ciencia de las medidas previstas de los planes de prevención y descontaminación

Exponen: Andrés Pica, Luis Cifuentes y Manuel Leiva

Panel 3

Sobre implementación y seguimiento de los planes de prevención y descontaminación

Exponen: María Eliana Arntz, Juan Carlos Monckeberg, José Hernández y Osvaldo de la Fuente

PROGRAMA:


Instituciones públicas discutieron los problemas y desafíos de la pobreza energética en Chile

Más de 60 investigadores especializados en diversas áreas y provenientes de distintas universidades conforman la Red de Pobreza Energética, que con el apoyo de la Vicerrectoría de Investigación y Desarrollo (VID) de la Casa de Bello, busca aportar con la construcción de políticas públicas para enfrentar el tema, desde el acceso energético, la calidad de las construcciones y la salud de los habitantes en el país.

Contribuir con el diseño de políticas públicas que permitan alcanzar un acceso universal y equitativo a servicios energéticos modernos, confiables, sustentables y asequibles para toda la población nacional, es uno de los principales objetivos de la Red de Pobreza Energética, que el viernes 1 de septiembre realizó un tercer taller interdisciplinar para consolidar el trabajo de los 65 académicos e investigadores que la componen.

En la actividad, organizada por la Vicerrectoría de Investigación y Desarrollo (VID) de la U. de Chile, participaron autoridades del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) y representantes de los ministerios de Energía, Desarrollo Social, y Vivienda y Urbanismo. Además, los participantes expusieron los avances de la Red, metodologías de trabajo, acercamientos conceptuales sobre el tema, indicadores nacionales de energía y proyectos futuros, que a fines de 2017 permitirán construir un informe con estrategias e instrumentos de evaluación.

De acuerdo a la coordinadora de la Red y Académica de la Facultad de Ciencias Sociales, Anahí Urquiza, “hemos revisado diversos instrumentos de medición a nivel nacional, logrando un panorama general sobre el tema. Por ejemplo, más del 99 por ciento de la población chilena accede a la energía, pero existe un porcentaje importante de ciudadanos que pasan frío, destacando a los grupos socioeconómicos más bajos y dejando en evidencia que el país no es capaz de llegar al confort térmico. Esto se debe a la falta de aislación en las construcciones y recursos mal utilizados para calentar y que suelen ser contaminantes. A ello se suma que el Estado no cuenta con herramientas específicas para monitorear y caracterizar la pobreza energética en el país, por lo que esta instancia es una oportunidad para darle la visibilidad necesaria e iniciar un trabajo entre sectores para mejorar los estándares de calidad y exigencia”.

Durante estos meses de trabajo, la Red llevó a cabo talleres internos para conectar a los investigadores; creó un centro de documentación online que compartirá estudios de diversas áreas; inició un sitio web de información a la comunidad; y analizó fuentes secundarias de las encuestas de Caracterización Socioeconómica Nacional (CASEN) de la Red Nacional de Monitoreo (RENAM) y del Ministerio de Energía, entre otras acciones, que generarán una aproximación conceptual y multidimensional sobre el tema.

Asimismo, entre los objetivos propuestos para los tres primeros años de existencia, destaca la construcción de un marco conceptual sobre pobreza energética; la propuesta de técnicas e instrumentos con mirada interdisciplinaria; el desarrollo de espacios abiertos para acceder a conocimiento académico; la consolidación de vínculos nacionales e internacionales; y posicionar el tema como factor relevante para la disminución de la desigualdad en el país.

Pobreza energética: un problema multidimensional y de grandes desafíos para Chile

La pobreza energética se relaciona con la dificultad para satisfacer necesidades de energía consideradas básicas y fundamentales, a partir de condiciones económicas, sociales, culturales y territoriales. Cuando un hogar la presenta, puede provocar problemas de salud, agudizar las condiciones de vulnerabilidad y múltiples dificultades para adaptarse a los cambios climáticos, además de utilizar métodos inadecuados de calefacción que degradan el ambiente doméstico y comunitario.

Para la Coordinadora de la Unidad de Redes Transdisciplinarias VID, Inta Rivas, “el desafío se enfoca en seguir desarrollando investigación con pertinencia social, generando un impacto que mejore las políticas públicas de Chile. Por otra parte, es muy importante darle sostenibilidad a la red, porque es difícil financiar estudios en áreas nuevas como se trata de la pobreza energética. Este es un tema de gran valor estratégico, donde los investigadores abrieron esta plataforma de colaboración y adquirieron el compromiso de abordar desafíos globales con gran valor social. Así que el tercer encuentro también es una oportunidad para sumar a otras instituciones, consolidar el trabajo realizado y profundizar la discusión que se generará en el seminario internacional sobre el tema, planificado para fines de noviembre”.

En cuanto a las líneas temáticas que abordan los académicos, investigadores y profesionales de diversas áreas, destacan: Energía, políticas públicas y modelos de desarrollo; Bienestar, cultura y eficiencia energética; Justicia ambiental, contaminación atmosférica y población vulnerable; Energía renovable y gestión local; y Cambio climático, riesgos socio-naturales y resiliencia.

El Coordinador Nacional del Proyecto de Pobreza Energética en el PNUD, Leonardo Pimentel, destacó que “hasta ahora hemos complementado las actividades de todas las instituciones asociadas, donde hemos trabajado fuertemente en levantar datos desde los proyectos instalados en regiones. La idea es generar información suficiente y representativa de la realidad nacional, donde existe un gran desafío, ya que es un tema que se debe discutir entre ministerios y otras instituciones. La energía considera muchas dimensiones, como acceso, sustentabilidad, calidad, salud y medio ambiente, siendo necesario conceptualizar desde un mismo diálogo”.

En tanto, el profesional de la Secretaría Ejecutiva de Construcción Sustentable del MINVU, Rodrigo Narváez, señaló que “impulsaremos el proyecto Red Nacional de Monitoreo, que instalará gratuitamente monitores de variables ambientales en las viviendas, particularmente en los niveles de temperatura, humedad, contaminantes y ruidos. Con esto generaremos una base de datos real y abierta a todo público, donde la información se entregará en distintos niveles. A los usuarios comunes les llegarán reportes mensuales y notificaciones instantáneas sobre las condiciones de sus casas, mientras que académicos e investigadores podrán obtener mediciones horarias para usar en herramientas de simulación y predicción matemática”.

Por su parte, el profesional de la División de Prospectiva y Política Energética del Ministerio de Energía, Juan Antonio Campos, presentó un proyecto de definición y medición de la pobreza energética en Chile, en base a la percepción de los ciudadanos. “Este es un problema que engloba diversas disciplinas y donde el principal desafío es la coordinación. Existe información disponible pero debemos aunar capacidades para generar instrumentos que permitan medir y monitorear, pues no basta con una definición, sino que debemos implementar acciones concretas para enfrentar esta realidad en sus diversos contextos sociales, económicos y territoriales”, comentó.

Finalmente, el analista del Ministerio de Desarrollo Social, Rodrigo Ibarra, indicó que “estamos explorando un tema muy importante para el desarrollo de las personas y los hogares del país. Existen iniciativas, como la Agenda 2050, que evidencian los esfuerzos de diversas instituciones estatales por visibilizar este problema en el centro de la discusión y como una oportunidad que aporta para el bienestar. Por ello, debemos trabajar por reconocer la importancia de la energía en la medida de pobreza multidimensional que se está instalando, además de considerar las ventajas que otorga el progreso tecnológico en el abaratamiento de recursos”.

La Red de Pobreza Energética cuenta con el apoyo institucional de la Universidad de Chile, a través de la Vicerrectoría de Investigación y Desarrollo (VID). También es respaldada por tres centros de investigación FONDAP: Centro de Ciencia del Clima y la Resiliencia (CR)2, Centro de Investigación en Energía Solar (SERC Chile) y Centro de Excelencia en Geotermia de Los Andes (CEGA).


Académicos U. de Chile aportarán desde la interdisciplina a discusión sobre pobreza energética

Con la participación de 20 investigadores de ocho facultades y centros de investigación, la Red de Pobreza Energética generará nuevas líneas de estudio desde diversas disciplinas, para transferir conocimiento a la sociedad y vincularse con otras instituciones públicas, como el Ministerio de Energía y el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD).

Establecer estándares de consumo y calidad que enfrenten las necesidades del país en energía, considerando realidades locales, zonas climáticas y respetando el medio ambiente, es uno de los grandes desafíos de la Red de Pobreza Energética de la U. de Chile, que el viernes 28 de abril realizó su primer taller con académicos e investigadores de diversas disciplinas.

Durante la actividad, apoyada por la Vicerrectoría de Investigación y Desarrollo (VID), los participantes presentaron sus investigaciones, discutieron nuevas líneas de trabajo y coordinaron los próximos pasos para gestionar la Red, que a fin de año entregará un documento al Ministerio de Energía con estrategias metodológicas e instrumentos de evaluación asociados a la materia. Además, impulsarán una colaboración con el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), con el fin de aportar conocimiento sobre acceso y equidad.

De acuerdo al Jefe de la Unidad de Redes Transdisciplinarias VID, Pablo Riveros, “este es un paso fundamental para afianzar miradas sobre un problema de relevancia nacional, pues diversos académicos e investigadores se han manifestado para generar redes dentro de la Universidad y también con otras instituciones públicas. El objetivo es consolidar estos nexos mediante acciones que posicionen a la Casa de Bello como una voz importante ante cuestiones sociales, por lo que esta discusión generará líneas de investigación que serán compartidas con los tomadores de decisiones, generando puentes entre la academia y la sociedad”.

Energía en Chile: la necesidad de un abordaje interdisciplinar

Con la idea de colaborar permanentemente con instituciones públicas, a principios de 2016 se conformó la primera Comisión de Energía en la U. de Chile, que identificó la necesidad de abordar el tema de manera interdisciplinaria, precisando dimensiones e investigaciones que tuviesen en cuenta los contextos territoriales y socioculturales del país. En este escenario, la Red de Pobreza Energética ha reunido a 20 académicos e investigadores de ocho facultades, dándole continuidad al trabajo impulsado en la institución.

Para la Académica de la Facultad de Ciencias Sociales e investigadora del Centro de Ciencia del Clima y la Resiliencia (CR2), Anahí Urquiza, “la pobreza energética es un problema que requiere una mirada integradora desde diversas disciplinas, pues existen muchas definiciones y se hace necesario identificar líneas de trabajo que nos permitan avanzar de forma articulada. Uno de los enfoques más acotados es el confort térmico, donde se evalúa la capacidad de los hogares para generarlo, teniendo en cuenta la zona climática y el contexto socioeconómico en que se sitúan. Pero también existen múltiples visiones, como la energía para servicios básicos; las condiciones desfavorables cuando hay exposición de contaminantes; y la proporción de gasto que las familias deben dedicar para acceder a este recurso, entre otros”.

El Director del Centro de Energía U. de Chile, Guillermo Jiménez, destacó que “tenemos una excelente oportunidad para compartir nuestras experiencias, definir puntos concretos y planificar acciones que fortalecerán esta colaboración interdisciplinaria entre investigadores. La pobreza energética tiene muchos ámbitos en lo social, económico, ambiental y tecnológico, ya que existe un amplio escenario para mejorar la educación en el tema, las condiciones de acceso, el mal uso de combustibles y la manera en que las personas utilizan este recurso. Por ello, deseamos acercarnos a comunidades locales e implementar procesos que respondan a necesidades reales y aporten soluciones sustentables transfiriendo conocimiento”.

Asimismo, el Académico de la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas, Patricio Mendoza, señaló que “la Universidad es grande y muchos académicos han desarrollado investigaciones que aportan sustancialmente al tema de energía en Chile, sin embargo, esta es la primera vez en que distintas disciplinas convergen bajo el concepto de pobreza energética. El gran desafío es coordinar todas estas capacidades estableciendo diálogos permanentes con el Gobierno, para avanzar en el acceso justo y equitativo de este recurso a nivel nacional”.

En cuanto a las proyecciones de esta agrupación, se comenzarán a explorar vínculos con contrapartes nacionales e internacionales para postular a fondos públicos que permitan visibilizar aún más el tema en el país. Por lo que se ha planificado la realización de dos encuentros entre investigadores, un seminario internacional a mitad de año, un sitio web y la creación de una mesa técnica con el Ministerio de Energía.


Pobreza energética en Chile: ¿un problema invisible?

La desigualdad social en Chile tiene muchas más caras de las que alcanzamos a ver. No es solo esa vergonzosa columna que nos representa en el primer lugar del índice de ingresos desiguales de países de la OCDE (Gini), o nuestro mundialmente famoso sistema educativo diseñado para mantener el statu quo entre ricos y pobres, ni siquiera se puede reducir al retrato de aquellas familias que ocupan gran parte de los puestos de poder del país. Nuestra desigualdad social no solamente se puede ver y medir, sino que se puede sentir en la piel, se puede respirar y padecer en cuerpo y alma. Lentamente hemos ido tomando conciencia que nuestras imágenes de la desigualdad están incompletas, que la materialidad de las viviendas, la conformación e idiosincrasia de barrios y territorios o la propia contaminación atmosférica son solo parte de un problema mayor que se asoma en ocasiones en medio de los desastres naturales o las crisis sanitarias. Nos referimos a la pobreza energética.

Una lectura apresurada de este concepto podría ver en él una idea naif, una ingenuidad o acaso una redundancia, pues el tipo y calidad de energía a la que pueden acceder las familias sería una consecuencia directa de la mentada desigualdad de ingresos, influencias o poder. Pero, como ocurre con los sismos en Chile, el estar acostumbrados a ellos no significa que los conozcamos mejor. Imaginamos que la pobreza material implica pobreza energética, pero ¿qué sabemos de ella? Los instrumentos actuales que definen pobreza no dan cuenta de este aspecto, a pesar de sus enormes consecuencias para la salud y la calidad de vida de la población.

Si bien desconocemos muchas de las maneras en que este fenómeno afecta a los habitantes de nuestro país, hay fuentes de información estadística a nivel nacional que nos permiten identificar algunas de sus características y nos muestran lo urgente que es actuar en este aspecto. Así, por ejemplo, sabemos que los hogares más pobres gastan un porcentaje muy alto de sus ya escasos ingresos en energía, pero la deficitaria aislación térmica de sus viviendas sumada a los tipos de energía que pueden acceder (leña, carbón o gas) no permiten a estos hogares alcanzar ambientes confortables. Peor aún, estas energías producen contaminación intradomiciliaria que favorece todo tipo de enfermedades respiratorias, afectando principalmente a niños y personas mayores (ver recuadro con algunos hallazgos). A partir de esto podemos plantear muchas interrogantes. Por ejemplo, si esta situación la ubicamos en el marco de las proyecciones demográficas nacionales aparecidas recientemente, las cuales indican que estamos envejeciendo rápidamente, y a ellas sumamos nuestro deficiente sistema de pensiones que condena a gran parte de las personas mayores a vivir en la pobreza, ¿qué implicancias tiene dicha pobreza?, ¿qué pasará, por otro lado, con los adultos mayores en las olas de calor proyectadas como consecuencia del cambio climático? Casas mal aisladas y sin ventilación adecuada en comunas con muy pocas áreas verdes y sin servicios comunitarios especialmente acondicionados, harán que las personas mayores tengan muy pocas opciones para enfrentar fríos intensos u olas de calor.

Conocido es ya el problema de contaminación que produce la leña, especialmente en algunas ciudades del sur de Chile. Sabemos hace mucho que la contaminación de esas ciudades está relacionada directamente con la fatal combinación que representa la combustión de una materia prima de mala calidad a través de una tecnología escasa, pero la preocupación por la aislación de las viviendas en esas zonas es más bien reciente y con dudosos resultados sobre su efectividad (no consideran aspectos críticos de aislación o simplemente se concentran en el recambio de tecnología sin capacitar a las personas para su uso). Por otro lado, una medida efectista como prohibir la leña en esas zonas afectaría dramáticamente la fuente de calefacción más conveniente para miles de familias, sin tener meridiana claridad acerca del impacto socioeconómico para grandes sectores de la población, ni sobre las soluciones posibles y sustentables.

Con todo, el panorama actual permite alimentar esperanzas. Hoy podemos construir mucho mejor nuestras viviendas para que los requerimientos energéticos sean menores, tenemos diversas fuentes renovables en nuestro territorio y contamos con el conocimiento y la tecnología para desarrollar infraestructuras resilientes. Sabemos también que educación y sustentabilidad son principios que deben cruzar las estrategias para enfrentar este problema y que se requiere la participación de la comunidad para definir soluciones que consideren las condiciones locales. Pero aún nos falta mucho conocimiento por desarrollar, el cual requiere la cooperación de diversas disciplinas y el involucramiento del sector público y el privado. La pobreza energética es un problema estructural que no se puede abordar con medidas sintomáticas o meros subsidios. Debemos estudiarla en profundidad para proponer estrategias que mejoren nuestra matriz energética, la calidad de las viviendas, la gestión del calor, la institucionalidad y el mercado de la energía, de modo que la población utilice la energía de forma eficiente y limpia, y que se generen medidas que respeten la diversidad cultural y territorial del país.

Una acción concreta en este sentido es la “Red de Pobreza Energética” que impulsamos un conjunto de investigadores, académicos, tomadores de decisiones y representantes la sociedad civil. Esta comienza a formarse durante 2016, pero este año 2017 hemos dado pasos decisivos, logrando desarrollar espacios de reflexión interdisciplinaria y sumar a investigadores y académicos de 9 universidades, varios de ellos de regiones, con la representación de más de 15 especializaciones que, en alguna dimensión del problema, son aportes fundamentales para su comprensión y para desarrollar medidas que disminuyan este tipo de pobreza. El viernes recién pasado celebramos nuestro tercer taller, con el cual consolidamos esta plataforma de colaboración y comenzamos a desarrollar lineamientos para las dimensiones establecidas como prioritarias: (1) Energía, políticas públicas y modelos de desarrollo; (2) Bienestar, cultura y eficiencia energética; (3) Justicia ambiental, contaminación atmosférica y población vulnerable; (4) Energía renovables y gestión local; y (5) Cambio climático, riesgos socio-naturales y resiliencia.

La Universidad de Chile se ha propuesto impulsar esta Red como parte de su responsabilidad como Universidad Pública, entendiendo que es una oportunidad de visibilizar un problema estructural que está profundizando la desigualdad social en el país. En este sentido, la Red de Pobreza Energética es fundamental para establecer puentes entre el conocimiento basado en evidencias y la toma de decisiones, de modo que mejoren las condiciones de vida de las poblaciones que sufren más directamente la desigualdad del país.

Por fortuna vemos que nuestro trabajo está estimulando las primeras iniciativas fuera de nuestro quehacer, las cuales nos muestran que el camino que hemos emprendido es el correcto. Así, por ejemplo, recientemente, el gobierno de Chile ha comenzado a trabajar con el PNUD en un estudio para una conceptualización del tema que permita avanzar en metodologías de evaluación y desde la Red de Pobreza Energética aplaudimos esta iniciativa. Sabemos que hay un largo camino por recorrer y que son muchos los actores que deben comenzar a actuar en este tema. El esfuerzo que estamos haciendo en la red apunta precisamente a mantener en pie la tarea más allá de las normales fluctuaciones de los tiempos políticos.

No hay soluciones simples para problemas complejos y la pobreza energética es un claro ejemplo de esto. Debemos estar dispuestos a colaborar entre profesiones y disciplinas, entre sectores y grupos de interés, de manera transversal en todo el territorio, con el fin de transformar esto en un problema país que se aborde mediante políticas de Estado, que trasciendan la lucha cotidiana entre fuerzas e intereses mezquinos. Si la pobreza es un problema para cualquier gobierno, es tiempo de aceptar que los “pobres” de nuestro país son más “pobres” de lo que creíamos.

Anahí Urquiza. Académica de la Facultad de Ciencias Sociales y coordinadora de la Red de Pobreza Energética

Pobreza energética en chile: ¿un problema invisible? Análisis de fuentes secundarias disponibles de alcance nacional.

Revisa el pdf aquí

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