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Workshop indicadores: “Construyendo indicadores para medir Pobreza Energética”

El taller “Construyendo indicadores para medir Pobreza Energética” se llevó a cabo el 19 de enero del 2018. La instancia se centró en la discusión sobre los indicadores apropiados para medir la pobreza energética en el país.

Para esto, Anahí Urquiza comenzó la jornada presentando los elementos base para la discusión sobre las categorías apropiadas al hablar de esta temática. De esta forma, la dimensión del acceso fue dividido en umbrales físicos, económicos y tecnológicos; la calidad fue subdividida en contaminación atmosférica y condiciones habitacionales; mientras que equidad fue detallado en la calidad del suministro, el gasto energético y la desigualdad ambiental.
La jornada contó con las presentaciones de Francisco Guerrero ”Pobreza Energética: Indicadores y consideraciones” y de Pablo Silva “Pobreza Energética: Cuando las casas hacen daño”.

Participantes

Patricia González – Antropología – Independiente

Tamara Oyarzún – Psicología – UChile

Francisco Guerrero Moya – Arquitectura – Independiente

Pablo Silva Posada – Ingeniero Constructor – Independiente

Julián Cortés – Derecho – UChile / CITRID

Lisset Manzano – Energías Renovables, especialidad en

Solar fotovoltaica – Independiente

Marco Bili – Sociología – UAI/CR2

Sofía Vargas – Comunicación del Riesgo – UChile / CEGA

Germán Marchant – Psicología – UChile

Constancia Verde – Arquitectura – Independiente

Anahí Urquiza – Antropología/Sociología – UChile / CR2 / CITRID

Catalina Amigo – Antropología – UChile / CR2 / CITRID


Workshop: “Construyendo indicadores para medir Pobreza Energética”

La pobreza energética (en adelante PE) ha sido definida de diversas formas. Algunas definiciones centran el foco en aspectos económicos vinculados al gasto en energía de un hogar, mientras que otras definiciones incorporan elementos socioculturales, la disponibilidad de tecnologías y combustibles diversificados, la calidad de las viviendas, los problemas y desigualdades asociadas a la generación de energías, entre otros. Cada definición conlleva una forma particular de medir este fenómeno y el objetivo de este Workshop es observar cómo se ha definido la PE y cómo a partir de esas definiciones se han construido formas diferentes de medirla. Se espera poder observar los indicadores utilizados para luego preguntarnos cuáles son apropiados para observar PE en nuestro país.

Considerando las particulares condiciones socioeconómicas, territoriales y de infraestructura, la RedPE propone la siguiente definición de PE para Chile: un hogar se encuentra en situación de PE cuando no dispone de energía suficiente para cubrir sus necesidades fundamentales y básicas, considerando tanto lo establecido por la sociedad como por sus integrantes. Esto quiere decir que un hogar energéticamente pobre no cuenta con la capacidad de acceder a fuentes de energía limpias, que le permitan decidir entre una gama suficiente de servicios energéticos adecuados, confiables, sustentables, de alta calidad y seguros, que permitan sostener el desarrollo humano y económico de sus miembros. En este contexto, tanto las necesidades como los satisfactores son definidos por una sociedad particular, que se sitúa en un territorio, en un tiempo y bajo condiciones socioculturales específicas. Así, se infiere que la PE se manifiesta en tres dimensiones principalmente: acceso, calidad y equidad. Las tres dimensiones pueden tener importantes repercusiones en la salud de la población y la calidad de vida de las familias.
La dimensión de acceso se relaciona con la superación de umbrales físicos (como la insuficiencia del suministro o las limitantes geográficas para acceder a la energía), tecnológicos (relacionados con disponer de opciones de energía y de artefactos para utilizar las energías disponibles) y económicos (contar con recursos para acceder a la energía). Todos estos umbrales constituyen barreras de acceso a la energía.
La dimensión de calidad de la energía se relaciona tanto con las fuentes energéticas contaminantes (intra y extra domiciliaria) como con las condiciones habitacionales deficientes que generan un aumento de la demanda energética de los hogares. Por otra parte, la calidad del suministro energético es clave para asegurar el acceso a la energía a lo largo del tiempo y ante posibles e impredecibles eventos de desastres socio-naturales. La capacidad de resistencia de las redes en el contexto de este tipo de eventos está directamente relacionada con la calidad del suministro, lo que también define las condiciones de acceso a la energía bajo situaciones de emergencia. Esta dimensión afecta particularmente la calidad de vida de las familias, especialmente en términos de seguridad y salud de las personas.
La dimensión de equidad se asocia a la distribución y la equidad de la energía. Por una parte, considera el gasto energético excesivo en relación al presupuesto total de la familia, quedando limitados tanto acceso como calidad a las posibilidades económicas, sociales y culturales de las que el hogar dispone (en la elección de la fuente energética, en la compra de artefactos más eficientes, en el acceso a diversas opciones energéticas, etc.) viéndose enfrentados a situaciones de desigualdad de oportunidades. Lo anterior repercute directamente en la dificultad para lograr condiciones de confort térmico y lumínico en los hogares y la exposición desigual de la población a fuentes energéticas contaminantes o a daños derivados de la generación de energía.
Pero ¿cómo medir estas tres dimensiones? Este Workshop busca avanzar en la construcción de indicadores apropiados para la realidad de Chile, revisando tanto experiencias internacionales en medición de PE, como indicadores nacionales que han sido utilizados para medir variables relacionadas a la energía.

¿CUÁNDO? Viernes 19 de enero, 2018 de 10:00 a 13:00 hrs.

¿DONDE? Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Chile, Departamento de Antropología, sala 205. 2do piso. (Av. Ignacio Carrera Pinto 1045. Ñuñoa)

FAVOR CONFIRMAR ASISTENCIA A: red.pobreza.energetica@gmail.com


Zonas de sacrificio y plan de descontaminación

Señor Director:

A finales de diciembre, la Contraloría General de la República decidió abstenerse de dar curso al decreto que aprobaba el Plan de Prevención y Descontaminación Atmosférica propuesto por el Ministerio de Medio Ambiente para las Comunas de Concón, Quintero y Puchuncaví. El argumento esgrimido es que no se “ajustaría a derecho”, al no cumplir con la finalidad de ser un instrumento que permita reducir emisiones, ya que las emisiones declaradas habrían sido superiores a las registradas por el sistema de monitoreo existente.

Es especialmente preocupante que se ponga en duda la efectividad del Plan de Prevención y Descontaminación Atmosférica en un territorio considerado como zona de sacrificio, ya que se constituye como un argumento más frente a la idea ya instalada de que el Estado ha abandonado a la población de estos territorios. Por otra parte, la divergencia con el inventario de emisiones refuerza el cuestionamiento a la institucionalidad ambiental y su efectividad en zonas críticas para el país.

A pesar de que esta situación ha sido considerada por algunas autoridades como un error, debido a la sensación de abandono que ha generado en los habitantes de las zonas afectadas, la desconfianza en relación a este tipo de negligencias es comprensible. La idea de favorecer la inversión, el desarrollo de ciertas industrias y la provisión de energía para el desarrollo del país, ha estado instalada en nuestro país por décadas y servido de justificación para hacer la vista gorda sobre la contaminación de ciertos territorios. De esta forma, la minimización de los efectos en la salud de las personas que habitan en esas zonas es observada por diversos actores como una acción de invisibilización intencional que permite continuar con proyectos de importancia económica.

Los habitantes de las localidades de Quintero y Puchuncaví han visto vulnerados sus derechos durante muchos años, no solo al tener que soportar la contaminación sistémica de su entorno, los derrames, las emanaciones de gases y las intoxicaciones de sus hijos, sino que también al tener que modificar sus dinámicas, teniendo que cerrar las ventanas para dormir, comprando agua embotellada para evitar la presencia de metales pesados y alejándose del mar, de sus lugares tradicionales y de su identidad, porque aparentemente se va a seguir permitiendo que sus vidas estén contaminadas.

A partir de investigaciones antropológicas en estos territorios, sabemos que el sentimiento de abandono es tan común que está naturalizado. Este abandono no solo abarca el tema ambiental y sus consecuencias directas en salud sino que se identifica en otras áreas, relacionando la contaminación de sus entornos con el deterioro del tejido social, la falta de recursos y oportunidades para su población. Debido a esta sensación de abandono, muchos de sus habitantes no solo desconfían de la efectividad de los instrumentos y regulaciones ambientales, sino que derechamente no creen en la intencionalidad de las autoridades.

Este incidente deja en evidencia la necesidad de fortalecer los mecanismos de gestión ambiental, los sistemas de monitoreo y la transparencia de los procesos, para que la población involucrada efectivamente pueda ejercer algún tipo de control sobre la contaminación a la que están expuestos.

La decisión de la Contraloría abre la oportunidad de rectificar el plan de prevención y descontaminación de una zona emblemática afectada por la injusticia ambiental del país y, al mismo tiempo, nos obliga a asumir que debemos mejorar sustantivamente nuestros mecanismos de monitoreo, transparencia de los registros y el involucramiento de la comunidad en estos procesos. De lo contrario, además de mantener a la población en condiciones de vulneración de derechos, seguiremos fomentando la desconfianza hacia nuestra joven institucionalidad ambiental.

Dra. Anahí Urquiza y Javiera Chahuán, antropólogas.
Centro de Ciencia del Clima y la Resiliencia (CR)2 y Red de Pobreza Energética U. Chile (RedPE)

Anahí Urquiza. Académica de la Facultad de Ciencias Sociales y coordinadora Transdisciplina de la Red de Pobreza Energética.

Javiera Chahuán. Licenciada en Antropología con
mención en Antropología Social, Universidad de Chile.

 

 


Resumen talleres 2017

Durante el 2017, RedPE organizó cuatro talleres internos para discutir y orientar, entre los miembros de las distintas líneas de investigación, los caminos a tomar para abordar de mejor manera la problemática de la pobreza energética en el país.

El primer taller se llevó a cabo el 28 de abril en las salas de la Vicerrectoría de Investigación y Desarrollo de la Universidad de Chile. Al encuentro asistieron 20 colaboradores de La Red, los cuales abrieron la jornada discutiendo sobre las propuestas  de sistematización de las líneas de  trabajo. El taller continúo con el debate sobre las propuestas estructurales para RedPE, entre las cuales destacó analizar la PE dentro del hogar como una forma de medición, avanzar a través de un desarrollo sostenible como marco de trabajo y la necesidad de abordar el fenómeno a través de la interdisciplina. Por último, la jornada finalizó con las propuestas de objetivos, los cuales se dividen en investigación, docencia y extensión.
El Taller N°2 fue realizado el 16 de junio, con alrededor de 30 asistentes. En esta ocasión, el encuentro partió con la revisión general de los avances de La Red durante esos meses y también con la discusión sobre las definiciones conceptuales en las que trabajaría RedPE. A los principios transversales fijados durante el taller anterior, se sumó la transición energética como horizonte y la necesidad de articular diálogo con los tomadores de decisiones. También fue la instancia para trabajar los conceptos de acceso, calidad y equidad energética, por lo que los asistentes fijaron variables, intervenciones y soluciones que vinculen a estas tres categorías definidas por RedPE. Para finalizar, se desglozaron las recién creadas líneas de investigación, anotando temas vinculados a ellas y fuentes que trabajen en torno a soluciones.
El tercer taller cambió de sede, ya que se realizó el 01 de septiembre en la Casa Central de la Universidad de Chile. Al eventos asistieron 40 personas, quienes partieron analizando el trabajo de RedPE durante ese periodo. La discusión del tercer taller se centró en hilar las definiciones sobre PE creadas y sus posibles soluciones aplicables a los contextos de cada región del país. A la vez, se presentó el primer documento de trabajo realizado por miembros de RedPE, lo cual generó un espacio para comentarios y opiniones desde las visiones y experiencias de cada uno de los colaboradores y la experiencia de su especialidad. El encuentro también contó con dos paneles; uno sobre los conceptos e indicadores de pobreza energética, mientras que en el segundo se relataron los proyectos vigentes a nivel nacional que tienen que ver con el tema.
Por último, el cuarto taller fue realizado el 24 de noviembre en la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la Universidad de Chile. “Diálogos transdisciplinarios” fue el nombre del encuentro, al cual llegaron alrededor de 40 miembros de la comunidad RedPE. En esta ocasión, la jornada comenzó con una mesa panel acerca de dos proyectos en los que estaba trabajando RedPE. La discusión siguió por la revisión de los trabajos realizados por cada línea de investigación, apuntando a  dónde deberían ir centradas las políticas públicas orientadas a la problemática de la pobreza energética. El taller también contempló un espacio para discutir sobre las reflexiones extraídas en el seminario “Pobreza Energética: Nuevos desafíos para la articulación entre Academia y Política”, también organizado por RedPE. El encuentro finalizó con el análisis de los miembros sobre las proyecciones del 2018.

Pobreza energética: una urgencia ineludible

En mayo de 2016 fue promulgada la Ley 20.928 de Equidad Tarifaria, otro gran paso que fue perfeccionado con decretos adicionales, los que fijaron precios de la electricidad, ajustes y recargos, legalizando así una forma de equidad en el acceso a la energía: establece que ninguna cuenta de luz superará el 10% del promedio nacional; rebaja el costo en las comunas donde hay proyectos de generación de energía; y elimina el cobro individual por corte y reposición.

 

Tanto la Política Energética 2050 como la Ley 20.928 asumieron un concepto acuñado en el extranjero y que un grupo de profesionales e instituciones estudia hoy en Chile: la pobreza energética. Una de las metas de la política Energía 2050, sobre la cual trabaja el Ministerio de Energía, es contar con una definición que se adapte a la realidad nacional.

A nivel de países desarrollados, se entiende que una persona o familia está en el umbral de la pobreza energética cuando destina más del 10% de sus ingresos a pagar la energía. En Chile, la realidad es diferente. En algunas regiones, como la Metropolitana, las personas prefieren o están obligadas a pasar frío debido a los altos precios de la calefacción. En la zona sur, se usa leña para calefaccionar, muchas veces húmeda, que es barata pero tiene un enorme costo en salud (se calculan más de 3.700 muertes prematuras por enfermedades cardiopulmonares asociadas a contaminación atmosférica).

 

Las caras de la pobreza energética son muchas. Se espera por esta razón que emane de allí una definición que aborde este concepto en toda su complejidad.

Es cierto que se han dado pasos importantes.

La Ley 20.928 de Equidad Tarifaria responde a algunas dimensiones de la pobreza energética: atendiendo necesidades básicas de hogares vulnerables al eliminar el cobro por reposición, el que podía implicar una fracción importante de los ingresos de una familia, mejorando las condiciones de acceso, desde una perspectiva económica, a la electricidad. La normativa hace también un reconocimiento a la generación local, que comprende que la generación energética local puede tener un efecto directo en el bienestar de las personas cercanas a una central, incorporando de esta forma el concepto de equidad, el cual está presente en el tercer y último beneficio de la ley, al garantizar que entre los chilenos no haya grandes diferencias en el precio de la energía eléctrica.

 

Como investigadores del Centro de Energía de la Universidad de Chile e integrantes de la Red de Pobreza Energética, consideramos que Chile debe dar un nuevo paso, necesario en esta nueva fase del desarrollo del país. Creemos que llegó el momento no sólo de definir la pobreza energética, sino de diagnosticarla, hacerse cargo de ella, y superarla.

¿Qué significa pobreza energética? Que tenemos necesidades de diverso tipo y que deberían ser todas garantizadas: iluminación, conservación de alimentos, acceso a la comunicación, protección para los electrodependientes, entre otras. Pueden ser todas de diversa magnitud, pero son todas importantes, porque la energía cubre necesidades por las cuales el Estado debe velar.

Paz Araya. Investigadora del Centro de Energía de la Universidad de Chile y Coordinadora de Poryectos RedPE.

Patricio Mendoza. Académico del Departamento de Ingeniería Civil Eléctrica y del Centro de Energía de la Universidad de Chile. Coordinador Digital RedPE.


Olas de calor, desigualdad y envejecimiento de la población: una peligrosa combinación

Santiago de Chile es una ciudad altamente segregada y desigual respecto de las condiciones socioeconómicas de los hogares, el acceso a servicios e infraestructura urbana y también del porcentaje de cobertura vegetal o zonas verdes. Respecto de esto último, estudios recientes indican que las comunas de mayores ingresos son las que poseen mayor superficie de áreas verdes por habitante, lo que no solo tiene impactos positivos en la configuración del paisaje y las oportunidades para realizar actividades al aire libre, sino que las áreas verdes ayudan también a regular la temperatura de las ciudades, limitando las llamadas “islas de calor” y reduciendo los efectos de las olas de calor que se hacen cada vez más frecuentes en la zona central del país. Analicemos brevemente esto en el contexto de los episodios de altas temperaturas que tuvimos la última semana en la ciudad de Santiago.

Entre el 9 y el 16 de noviembre tuvimos nuestra primera ola de calor de la temporada y durante cinco días la temperatura rondó los 30ºC. Gracias al sistema de monitoreo del Minvu (RENAM), logramos identificar que en dicha semana las temperaturas máximas de Renca estuvieron siempre sobre los 33ºC, mientras que en Vitacura solo cerca de los 27ºC. Esto no debiera sorprendernos, pues, mientras las áreas verdes disponibles en Renca suman 17,8 metros cuadrados per cápita (incluyendo toda el área del cerro Renca), en Vitacura la cifra alcanza los 56,2 metros cuadrados. Este es solo en ejemplo de disparidad entre comunas “ricas” y “pobres” de nuestra ciudad.

La situación anterior resulta preocupante al largo plazo, pues en investigaciones llevadas a cabo en el (CR)2 hemos constatado que las olas de calor serán cada vez más frecuentes en el país. Así, al proyectar estos fenómenos en las ciudades de la zona centro sur del Valle Central, considerando la posible evolución durante el siglo XXI, se visualiza que los días con temperaturas sobre 30ºC se podrían triplicar hacia el fin del presente siglo (desde 8% hasta 28%).

Ante las olas de calor, la población más vulnerable son niños, enfermos y personas de la tercera edad. Respecto de este último grupo, y en el contexto de las proyecciones anteriores, se debe considerar que todos los indicadores muestran que estamos envejeciendo como población y que, a mediados del presente siglo, el porcentaje de la población mayor será cercano al 25%. Por tanto, cada vez tendremos a más personas mayores expuestas a olas de calor, las cuales ocurrirán con mayor frecuencia.

Vale la pena preguntarse entonces: ¿cómo es la calidad de las viviendas (aislación térmica) de las personas mayores?, ¿qué servicios de salud tendremos disponibles para enfrentar las complicaciones relacionadas con las altas temperaturas?, ¿qué características tienen los barrios para reducir las islas de calor?, ¿cuántos contaremos con los recursos económicos para comprar equipos de aire acondicionado y, al mismo tiempo, pagar los costos de energía que involucran? En el contexto de la discusión sobre las pensiones, la calidad del sistema de salud y la segregación de la ciudad, problematizar la “pobreza energética” que probablemente enfrentará una parte importante de nuestra población se vuelve un tema clave.

En este contexto, tendremos que evaluar a futuro si es que artefactos como los ventiladores eléctricos o los equipos de aire acondicionado domiciliario deberían ser considerados en la canasta familiar de algunas ciudades y el modo en que estos impactan en la calidad de vida de las personas mayores, considerando la desigual capacidad económica de la población. Por otra parte, no podemos dejar de considerar que el aumento de consumo de aire acondicionado no está exento de efectos colaterales, porque, además de ser altamente desigual su acceso (aparatos y costo de energía), se sospecha que su uso intensivo podría implicar un aumento de las islas de calor, debido al efecto que produce su funcionamiento en el entorno inmediato.

Leer columna en el mostrador

Anahí Urquiza. Académica de la Facultad de Ciencias Sociales y coordinadora de la Red de Pobreza Energética

Patricio Mendoza. Académico del Departamento de Ingeniería Civil Eléctrica y del Centro de Energía de la Universidad de Chile. Coordinador Digital RedPE.


Anahí Urquiza sobre Pobreza Energética


Vulnerabilidad energética en Chile. Entrevista a Anahí Urquiza en Radio Biobío


Pobreza energética en Chile: ¿un problema invisible?

La desigualdad social en Chile tiene muchas más caras de las que alcanzamos a ver. No es solo esa vergonzosa columna que nos representa en el primer lugar del índice de ingresos desiguales de países de la OCDE (Gini), o nuestro mundialmente famoso sistema educativo diseñado para mantener el statu quo entre ricos y pobres, ni siquiera se puede reducir al retrato de aquellas familias que ocupan gran parte de los puestos de poder del país. Nuestra desigualdad social no solamente se puede ver y medir, sino que se puede sentir en la piel, se puede respirar y padecer en cuerpo y alma. Lentamente hemos ido tomando conciencia que nuestras imágenes de la desigualdad están incompletas, que la materialidad de las viviendas, la conformación e idiosincrasia de barrios y territorios o la propia contaminación atmosférica son solo parte de un problema mayor que se asoma en ocasiones en medio de los desastres naturales o las crisis sanitarias. Nos referimos a la pobreza energética.

Una lectura apresurada de este concepto podría ver en él una idea naif, una ingenuidad o acaso una redundancia, pues el tipo y calidad de energía a la que pueden acceder las familias sería una consecuencia directa de la mentada desigualdad de ingresos, influencias o poder. Pero, como ocurre con los sismos en Chile, el estar acostumbrados a ellos no significa que los conozcamos mejor. Imaginamos que la pobreza material implica pobreza energética, pero ¿qué sabemos de ella? Los instrumentos actuales que definen pobreza no dan cuenta de este aspecto, a pesar de sus enormes consecuencias para la salud y la calidad de vida de la población.

Si bien desconocemos muchas de las maneras en que este fenómeno afecta a los habitantes de nuestro país, hay fuentes de información estadística a nivel nacional que nos permiten identificar algunas de sus características y nos muestran lo urgente que es actuar en este aspecto. Así, por ejemplo, sabemos que los hogares más pobres gastan un porcentaje muy alto de sus ya escasos ingresos en energía, pero la deficitaria aislación térmica de sus viviendas sumada a los tipos de energía que pueden acceder (leña, carbón o gas) no permiten a estos hogares alcanzar ambientes confortables. Peor aún, estas energías producen contaminación intradomiciliaria que favorece todo tipo de enfermedades respiratorias, afectando principalmente a niños y personas mayores (ver recuadro con algunos hallazgos). A partir de esto podemos plantear muchas interrogantes. Por ejemplo, si esta situación la ubicamos en el marco de las proyecciones demográficas nacionales aparecidas recientemente, las cuales indican que estamos envejeciendo rápidamente, y a ellas sumamos nuestro deficiente sistema de pensiones que condena a gran parte de las personas mayores a vivir en la pobreza, ¿qué implicancias tiene dicha pobreza?, ¿qué pasará, por otro lado, con los adultos mayores en las olas de calor proyectadas como consecuencia del cambio climático? Casas mal aisladas y sin ventilación adecuada en comunas con muy pocas áreas verdes y sin servicios comunitarios especialmente acondicionados, harán que las personas mayores tengan muy pocas opciones para enfrentar fríos intensos u olas de calor.

Conocido es ya el problema de contaminación que produce la leña, especialmente en algunas ciudades del sur de Chile. Sabemos hace mucho que la contaminación de esas ciudades está relacionada directamente con la fatal combinación que representa la combustión de una materia prima de mala calidad a través de una tecnología escasa, pero la preocupación por la aislación de las viviendas en esas zonas es más bien reciente y con dudosos resultados sobre su efectividad (no consideran aspectos críticos de aislación o simplemente se concentran en el recambio de tecnología sin capacitar a las personas para su uso). Por otro lado, una medida efectista como prohibir la leña en esas zonas afectaría dramáticamente la fuente de calefacción más conveniente para miles de familias, sin tener meridiana claridad acerca del impacto socioeconómico para grandes sectores de la población, ni sobre las soluciones posibles y sustentables.

Con todo, el panorama actual permite alimentar esperanzas. Hoy podemos construir mucho mejor nuestras viviendas para que los requerimientos energéticos sean menores, tenemos diversas fuentes renovables en nuestro territorio y contamos con el conocimiento y la tecnología para desarrollar infraestructuras resilientes. Sabemos también que educación y sustentabilidad son principios que deben cruzar las estrategias para enfrentar este problema y que se requiere la participación de la comunidad para definir soluciones que consideren las condiciones locales. Pero aún nos falta mucho conocimiento por desarrollar, el cual requiere la cooperación de diversas disciplinas y el involucramiento del sector público y el privado. La pobreza energética es un problema estructural que no se puede abordar con medidas sintomáticas o meros subsidios. Debemos estudiarla en profundidad para proponer estrategias que mejoren nuestra matriz energética, la calidad de las viviendas, la gestión del calor, la institucionalidad y el mercado de la energía, de modo que la población utilice la energía de forma eficiente y limpia, y que se generen medidas que respeten la diversidad cultural y territorial del país.

Una acción concreta en este sentido es la “Red de Pobreza Energética” que impulsamos un conjunto de investigadores, académicos, tomadores de decisiones y representantes la sociedad civil. Esta comienza a formarse durante 2016, pero este año 2017 hemos dado pasos decisivos, logrando desarrollar espacios de reflexión interdisciplinaria y sumar a investigadores y académicos de 9 universidades, varios de ellos de regiones, con la representación de más de 15 especializaciones que, en alguna dimensión del problema, son aportes fundamentales para su comprensión y para desarrollar medidas que disminuyan este tipo de pobreza. El viernes recién pasado celebramos nuestro tercer taller, con el cual consolidamos esta plataforma de colaboración y comenzamos a desarrollar lineamientos para las dimensiones establecidas como prioritarias: (1) Energía, políticas públicas y modelos de desarrollo; (2) Bienestar, cultura y eficiencia energética; (3) Justicia ambiental, contaminación atmosférica y población vulnerable; (4) Energía renovables y gestión local; y (5) Cambio climático, riesgos socio-naturales y resiliencia.

La Universidad de Chile se ha propuesto impulsar esta Red como parte de su responsabilidad como Universidad Pública, entendiendo que es una oportunidad de visibilizar un problema estructural que está profundizando la desigualdad social en el país. En este sentido, la Red de Pobreza Energética es fundamental para establecer puentes entre el conocimiento basado en evidencias y la toma de decisiones, de modo que mejoren las condiciones de vida de las poblaciones que sufren más directamente la desigualdad del país.

Por fortuna vemos que nuestro trabajo está estimulando las primeras iniciativas fuera de nuestro quehacer, las cuales nos muestran que el camino que hemos emprendido es el correcto. Así, por ejemplo, recientemente, el gobierno de Chile ha comenzado a trabajar con el PNUD en un estudio para una conceptualización del tema que permita avanzar en metodologías de evaluación y desde la Red de Pobreza Energética aplaudimos esta iniciativa. Sabemos que hay un largo camino por recorrer y que son muchos los actores que deben comenzar a actuar en este tema. El esfuerzo que estamos haciendo en la red apunta precisamente a mantener en pie la tarea más allá de las normales fluctuaciones de los tiempos políticos.

No hay soluciones simples para problemas complejos y la pobreza energética es un claro ejemplo de esto. Debemos estar dispuestos a colaborar entre profesiones y disciplinas, entre sectores y grupos de interés, de manera transversal en todo el territorio, con el fin de transformar esto en un problema país que se aborde mediante políticas de Estado, que trasciendan la lucha cotidiana entre fuerzas e intereses mezquinos. Si la pobreza es un problema para cualquier gobierno, es tiempo de aceptar que los “pobres” de nuestro país son más “pobres” de lo que creíamos.

Anahí Urquiza. Académica de la Facultad de Ciencias Sociales y coordinadora de la Red de Pobreza Energética

Pobreza energética en chile: ¿un problema invisible? Análisis de fuentes secundarias disponibles de alcance nacional.

Revisa el pdf aquí

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