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Colaborador RedPE es becado debido a su tesis sobre pobreza energética

El colaborador de RedPE, Javier Piedra, fue becado por la Fundación Superación de la Pobreza, FUSUPO, por su tesis sobre pobreza energética titulada el “Rol del Estado en la Política Energética: de la discusión sobre la pobreza energética”, la cual aborda la función que debe tener el Estado frente a las políticas energéticas del país.

Javier Piedra es colaborador de la Línea de Energías Renovables y Gestión Local de RedPe y miembro de la Fundación de Energía para Todos. Actualmente realiza su tesis en marco del programa  de magíster en Gestión y Políticas Públicas del Departamento de Ingeniería Industrial de la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas de la Universidad de Chile.
Piedra señala la importancia de investigar sobre pobreza energética, lo que se refleja en su investigación comparativa entre el rol del Estado en la realidad energética de Chile y  el panorama que se vive en las naciones de América y Europa: “Me interesa esclarecer que el Estado tiene un rol en nuestra política energética, entonces, me interesa ver si ese rol del Estado se hace cargo o no de la pobreza energética y qué mecanismos tendría para abordar el tema”.
Por otra parte, el investigador destaca los lazos que  ha  establecido al interior de RedPE, destacando el vínculo de trabajo con el coordinador Patricio Mendoza: “Patricio es un apoyo fundamental en mi trabajo puesto que tiene un acabado conocimiento tecnológico sobre  energía, entregándome herramientas de punta para el análisis de la pobreza energética, incluyendo medición o sistemas que el día de mañana nos ayuden a superarla”.
Además, el también miembro de la Fundación de Energía Para Todos, señala la importancia de seguir realizando investigación sobre las condiciones energéticas que presenta Chile: “La pobreza energética viene a decirnos la energía es primordial y si no la tenemos, con estándares de calidad, accesibilidad y equidad, tenemos gente que no se va a poder desarrollar en plenitud. La energía es como el agua, todos debiéramos tener derecho a tener acceso, calidad y a precios razonables”.

RedPE participa en encuentro de Comunas Energéticas

El pasado 13 y 14 de junio, las instalaciones del Hotel San Francisco, ubicado en pleno centro de la capital, recibieron a  decenas de participantes que se dieron cita en la 2° Jornada Nacional de Comunas Energéticas. Para este encuentro,diversos integrantes de la Red de Pobreza Energética participaron conformando los diferentes paneles de discusión.

La jornada organizada por la Agencia de Eficiencia Energética y el Fondo de Inversión Estratégico contó con la participación de organizaciones e investigadores que colaboran con el desarrollo de RedPE. De esta forma, Rubén Méndez de EGEA, Nicola Borregaard de EBP Chile, Jordán Harris de ADAPT Chile y la investigadora Anahí Urquiza fueron algunos de los integrantes de los seis paneles de discusión en base a la energía local presente en las comunas.
Al respecto, la coordinadora de RedPE, Anahí Urquiza, expuso sobre el cambio climático desde su dimensión social, explicando también cómo  la pobreza energética puede ser abordada a través de la adaptación y mitigación. Urquiza señaló la importancia de generar estos encuentros locales: “Estas instancias son fundamentales, ya que es a nivel local donde hoy  es posible impulsar iniciativas para enfrentar los desafíos de la pobreza energética considerando las particularidades territoriales”.
Urquiza también fue enfática es recalcar que un camino posible a tomar por distintas comunas de Chile es realizando diagnósticos sobre las condiciones de sus territorios en infraestructura, condiciones socioeconómicas, características culturales y requerimientos energéticos, involucrando lazos entre el mundo privado, la sociedad civil y expertos de la academia y el sector público.
Por último, la investigadora destacó los lazos continuos que deben ser trabajados entre la academia y la sociedad civil, permitiendo avanzar a través del respeto a las particularidades locales de cada espacio: “Visualizamos a los municipios como importantes socios estratégicos para impulsar iniciativas que permitan reducir la pobreza energética en los diferentes territorios”.

Investigadoras RedPE realizan pasantías en Estados Unidos y Australia

La investigación de la Red de Pobreza Energética no sólo se ha desarrollado en territorio nacional, sino que investigadores de las distintas líneas han trabajado en otros países a fin de integrar y contribuir mayores saberes sobre esta tematica. Ese es el caso de las investigadoras Paz Araya y Alejandra Cortés, quienes se encuentran realizando pasantías en Estados Unidos y Australia, respectivamente.

La Coordinadora de la Línea de Energía, Políticas Públicas y Modelos de Desarrollo, Paz Araya, se encuentra actualmente en Lawrence Berkeley National Laboratory, en California, Estados Unidos. En este centro, Araya está realizando una investigación sobre modelos de financiamiento existentes en el mundo que permiten costear proyectos de eficiencia energética. Sobre esto la investigadora señaló la importancia de la participación de RedPE: “Con este proyecto esperamos generar un insumo para el diseño de mecanismos de financiamiento, lo cual a su vez también ha sido anunciado en la Ruta Energética recientemente lanzada por el Gobierno”.
Por su parte, la Responsable de la Línea de Desigualdad Ambiental, Contaminación Atmosférica y Población Vulnerable, Alejandra Cortés, está en Australia realizando una pasantía en la Universidad de Melbourne. Actualmente, Alejandra se encuentra estudiando mejorarías a los estándares de construcción de viviendas a través de la promoción y desarrollo de estructuras y materiales prefabricados: “Chile está atrasado en materia de innovación y desarrollo en sistemas constructivos usados en el sector residencial. Su mejora puede traer importantes beneficios en la eficiencia energética y confort ambiental de las viviendas”, señaló Cortés.
Al consultarle a las investigadoras RedPE sobre su participación en el extranjero, Alejandra señaló que la importancia radica en comparar las políticas públicas, tecnologías y conocimiento que se ha generado en otros países para así poder ver la factibilidad de aplicar estos métodos en Chile, mientras que Paz reconoce que la importancia pasa por los lazos que se pueden generar con otros profesionales, los cuales pueden trasmitir su conocimiento para ser posteriormente integrado en el país.
Por último, ambas investigadoras resaltaron la importancia de buscar lazos con otros espacios “La discusión a partir de las realidades que se viven en distintos países permite enriquecer las propuestas de RedPe tanto para las definiciones como para las acciones a tomar en torno a la pobreza energética”, señaló Araya, mientras que Cortés sostuvo “buscamos generar lazos colaborativos con todos aquellos países que ya hayan iniciado una discusión e investigación en este tema o que quieren integrase y plantear esta problemática en sus países”.

Pobreza Energética: un desafío complejo para la política pública

En la pasada cuenta pública se planteó una agenda país que busca enfrentar desafíos tales como el desarrollo, la equidad y la inclusión social. Cada uno de estos, requiere comprensiones profundas de sus condicionantes, expresiones e implicancias en la vida de las personas.

Como Red de Pobreza Energética, nos encontramos abocados desde el 2016 a la comprensión de este fenómeno caracterizado por la insuficiencia, mala calidad o poca sostenibilidad de fuentes que permitan a las personas y comunidades cubrir sus necesidades energéticas. En este sentido hay situaciones preocupantes como  la territorialización de la pobreza energética. Por ejemplo, un 46% de la población total que no cuenta con acceso a electricidad se encuentra en el sur de Chile en las regiones del Bio-Bio y la Araucanía, evidenciando la precaria situación que se vive en esa zona del país.

Por otra parte, hay un uso diferenciado de combustibles para calefacción de acuerdo con la zona climática, lo que trae aparejadas consecuencias como el uso de leña en la zona sur donde la contaminación del aire se señala como principal problema ambiental. Confluyen así la costumbre y el costo en acceso a combustibles de bajo costo y altamente contaminantes, lo que sumado a las inadecuadas condiciones del revestimiento térmico de las viviendas, implica un uso  intensivo de combustible para alcanzar el confort térmico.

Por otra parte, un 34% del segmento pobre, así como un 21% de la clase media baja afirman pasar frio en invierno, lo que se debe en gran medida a la falta de aislación de las viviendas y de calefacción para las mismas. La clase media sufre pobreza energética. Finalmente, sobre el gasto familiar en energía, es posible señalar que las familias de menores ingresos gastan un mayor porcentaje de su presupuesto que las familias de mayores ingresos, pero al revisar los valores absolutos (el total de dinero gastado) es mucho menor y no alcanza para cubrir de manera adecuada sus necesidades energéticas.  En otras palabras, las familias de menores ingresos y la clase media realizan un esfuerzo mayor para calefaccionarse y cubrir sus necesidades energéticas. Estas cifras nos muestran que la pobreza energética va más allá del segmento con menos recursos, se extiende a la clase media, y son una expresión más de las profundas desigualdades existentes en nuestro país.

En este sentido, resulta esperanzador el anuncio de una Ruta Energética que declara entre sus tareas centrales la construcción de un Mapa de Vulnerabilidades, que permita localizar las condiciones territoriales, climáticas, económicas y sociales que afectan la capacidad de acceso, uso y sostenibilidad de este recurso. Creemos que este un paso en la dirección correcta, que apunta en parte a un abordaje de la complejidad del fenómeno, pero junto a él debe sumarse otros en orden al establecimiento de mecanismos permanentes de coordinación funcional intersectorial y multiescalar.

La superación de la pobreza energética no debe quedar en manos únicamente de una cartera, como por ejemplo la de Energía, sino que debe ser capaz de articular a todas las instituciones involucradas en todas sus escalas, sólo así se podrá hacer cargo de un problema tan profundo y complejo, facilitando de esta forma, la instalación de sistemas de observación que remitan información oportuna y relevante para la toma de decisiones y la articulación de agentes del mundo público, privado y de la sociedad civil detrás de un horizonte común de bienestar para todos y todas.

Creemos que así podremos avanzar en complejizar la acción del Estado a la hora de enfrentar con decisión y efectividad este y otros fenómenos, antiguos y nuevos, que afectan significativamente la vida de las personas.

Antonieta Urquieta. Profesora Asistente del Departamento de Sociología de la Universidad de Chile. Jefa de Carrera de Trabajo Social. Doctora en Trabajo Social y políticas comparadas de bienestar social por la Universidad Autónoma de Nuevo León, México. Magister en Trabajo Social y Políticas Sociales de la Universidad de Concepción. Licenciada en Trabajo Social y Asistente Social de la Universidad de Valparaíso.

Columna disponible en Cooperativa

Confort Térmico como derecho humano, la pobreza también es energética

Ya sea leyendo, conversando, escuchando la radio o revisando una “app”, sin duda todos nos enteramos que se venían dias complejos en cuanto a situaciones climáticas se refieren para gran parte de nuestro país. De la misma manera, autoridades y representantes de las empresas de servicios básicos (energía, agua, gas, etc) realizaron sendos llamados a la ciudadanía hacia el autocuidado para la prevención ante desastres socionaturales.

A propósito de esto, hace unos días atrás, en un taller de la Red de Pobreza Energética estas noticias reflotaron en nosotros una de las banderas de nuestra Red: el confort térmico como derecho humano.

Sin duda, una de las construcciones filosófico-jurídicas más importantes en la historia de la humanidad ha sido el reconocimiento de la existencia de los derechos humanos; no sólo por la relevancia de poner al ser humano como su eje y centro, sino por el reconocimiento de su dignidad frente al  Estado y otras entidades.

Esta concepción marca un antes y un después en la relación Estado-Ciudadano-Sociedad Civil, puesto que nos permite advertir una etapa donde estos derechos son un límite a cualquier actividad (estatal o privada)  a favor de los individuos, y las consiguientes obligaciones de respecto, promoción y protección. No en vano, estos principios están consagrados como “Bases” de nuestra institucionalidad en la Constitución Política.

A grandes rasgos, y con fines netamente explicativos, podemos resumir la evolución de los derechos humanos bajo las siguientes clasificaciones:

  1. Derechos humanos de Primera Generación o también llamados: “Derechos Civiles y Políticos”. Reconocidos a partir de la Revolución Francesa, y expresados en la “Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano”. Son derechos en los que tiene primacía la reivindicación de la autonomía y libertad individual frente al Estado.
  2. Derechos Humanos de Segunda Generación o también conocidos como “Derechos Económicos, Sociales y Culturales” (DESC). Esta nueva generación de derechos humanos exhorta al Estado a asumir un rol activo, exige una actividad positiva por parte de éste. En términos generales, los DESC configuran una “obligación de hacer” del Estado y son de satisfacción progresiva.
  3. Derechos Humanos de Tercera Generación, también llamados “Derechos de los Pueblos o de Solidaridad”. A partir de la segunda mitad del siglo XX, estamos siendo actores-testigos de una nueva “expansión” de las fronteras de los derechos humanos que tratan de responder a los nuevos retos y desafíos, así como a la necesidad de cooperación entre las naciones y de los distintos grupos que lo integran producto de la sostenida interdependencia y globalización mundial.

Entre los “nuevos derechos humanos” que han sido propuestos para formar parte de esta “nueva frontera de los derechos humanos” se encuentran, a modo ilustrativo, los siguientes: el derecho al desarrollo; el derecho al medio ambiente; el derecho a beneficiarse del patrimonio común de la humanidad, el derecho a la asistencia humanitaria, el derecho a la autodeterminación, a la independencia económica y política, a la identidad nacional y cultural, a la paz, a la coexistencia pacífica, al entendimiento y confianza, a la cooperación internacional y regional, a la justicia internacional, al uso de los avances de las ciencias y la tecnología, a la solución de los problemas alimenticios, demográficos, educativos y ecológicos, a proteger el medio ambiente y patrimonio común de la humanidad, a contribuir al progreso que garantice la vida digna y la seguridad humana.

Este nuevo paradigma también ha dejado sentir su influencia en la teoría de los derechos humanos, que cada vez va orientándose más hacia los problemas y necesidades concretas de una nueva categoría de actores aparecidos en la escena nacional e internacional: conflictos étnicos, armamentismo, inmigrantes y refugiados (no sólo producto de guerras sino también por efectos del cambio climático y los desastres naturales), terrorismo de corte religioso, etc.

Producto de la “juventud” de estos nuevos actores y escenarios, la discusión jurídica, filosófica y política entorno a esta nueva generación de derechos humanos no ha sido pacífica, existiendo intensas reticencias y debates entorno a ellos.

Por lo tanto, al hablar de Confort Térmico dentro del estudio de la Pobreza Energética, nos encontraríamos ante un nuevo derecho humano en proceso de formación; “in statu nascendi”, dado que los Estados, principales creadores del Derecho Internacional, se muestran reacios a su reconocimiento en algún instrumento de carácter vinculante o bien, en algunos casos, los vemos incorporados de manera difusa en sus políticas públicas y/o legislaciones locales al abordar sus respectivos conflictos energéticos.

Un enfoque desde la perspectiva de los derechos humanos (considerando al confort térmico como un derecho) nos brinda un marco de análisis en el cual se asume que éstos son propios de la naturaleza humana y deben ser garantizados en el presente y en el futuro; supone entonces, por un lado, un deber de todos los actores tanto de atender a cada una de sus dimensiones (acceso a la energía, calidad de la energía y equidad energética) como al Estado de garantizarlos de manera progresiva.

Julían Cortés Oggero. Programa de Reducción de Riesgos y Desastres (CITRID) / Universidad de Chile. Programa de Riesgo Sísmico (PRS) / Universidad de Chile. Red de Pobreza Energética (RedPE) / Universidad de Chile. julian@dgf.uchile.cl

Columna disponible en El Quinto Poder

Pobreza energética y salud: profundizando lazos con la Escuela de Salud Pública

El  24 de abril se llevó a cabo la presentación de la Red de Pobreza Energética ante académicas/os y estudiantes de postgrado del programa de Epidemiología de la Escuela de Salud Pública de la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile.

La reunión fue convocada por Macarena Valdés, Coordinadora de la línea de Bienestar, cultura y eficiencia energética de la RedPe, quien también es académica de la Escuela de Salud Pública. La ocasión logró congregar a estudiantes de magíster y doctorado del programa de Epidemiología. La participación la Escuela de Salud Pública para la RedPE es fundamental, ya que es prioritario generar nuevas investigaciones que aborden la relación entre pobreza energética y salud.
Por esto, junto con presentar la Red, su definición de pobreza energética y los logros que han alcanzado, cobró especial importancia motivar a los oyentes a desarrollar investigación relacionada a pobreza energética, así como ser parte de RedPE. Catalina Amigo, Coordinadora Ejecutiva de la  RedPE, relató la importancia de este vínculo: “el impacto de este tipo de investigaciones es alto por su vinculación con enfermedades asociadas al frío y a la exposición a contaminación atmosférica intra y extradomiciliaria”.
De esta forma, las investigadoras de RedPE se mostraron optimistas a profundizar estos vínculos de trabajo e investigación, esperando a que estudiantes y académicas/os se incorporen a esta plataforma.

Chile contaminado ¿Quién asume el costo de descontaminar?

El pasado 25 de mayo, el Ministerio de Energía presentó la Ruta Energética 2018-2022, documento que reúne propuestas y prioridades en materia energética para los próximos cuatro años. Esta hoja de ruta, que incluye una componente de consulta ciudadana, propone dentro de sus principales ejes generar un catastro de vulnerabilidad energética en las familias chilenas para así poder acortar las brechas existentes, así como regular los biocombustibles sólidos como la leña. En este contexto,  una pregunta que surge es ¿cómo una política pública que busca modernizar el sector energético y utilizar energías limpias y amigables con el medio ambiente puede hacer un balance entre lo técnico y lo práctico en regiones donde la leña es la principal fuente de energía?

En la zona centro-sur de Chile, la pobreza energética está relacionada con una dependencia extrema de la leña para calefaccionar los hogares, con ciudades que llegan a un 95% de viviendas que utilizan leña para calefacción. Al alto consumo de este combustible se suma  la deficiente aislación térmica de las construcciones. Es por ello que a pesar de un alto consumo de leña, en ciudades como Valdivia, alrededor de un 70% de las familias no llegan a las condiciones de confort recomendables al interior de sus viviendas o gastan un porcentaje muy alto de sus ingresos para lograrlo. Para contrarrestar esta situación, se han implementado Planes de Descontaminación Atmosférica (PDA) en todas las grandes ciudades desde Santiago al sur del territorio nacional.

El PDA define cuatro maneras para reducir las emisiones de material particulado, estos son: mejorar la aislación de viviendas nuevas y existentes, creación de un programa de recambio de calefactores, mejoramiento de la calidad de la leña y la difusión, sensibilización, capacitación y educación a la comunidad.

Si bien desde una mirada técnica, estos lineamientos apuntan a abordar las principales problemáticas asociadas a la contaminación atmosférica por consumo de leña, ocurre también que  las familias han tenido, en algunos casos, que asumir el costo económico de los cambios establecidos a la generación de contaminantes en Chile. En este contexto, un estudio realizado por el Instituto Forestal, INFOR, ha mostrado que en general, todas las medidas del PDA, a excepción del mejoramiento térmico de viviendas, son regresivas, ya que familias de ingresos más bajos hacen un mayor esfuerzo económico que familias de ingresos más altos para resolver un problema común. Un ejemplo claro en este sentido es el programa de certificación de leña que generó un aumento importante en el precio o las alertas ambientales que prohíben el uso de leña. Estas medidas permiten descontaminar, pero a su vez al incrementar el gasto en calefacción, afectan directamente a aquellas familias con ingresos más bajos, quienes no pueden optar con fuentes de calefacción limpias.

Dentro de las propuestas de los PDA, el programa de re-acondicionaminto térmico de viviendas es la única medida de carácter redistributiva, es decir, que beneficia más a las familias de ingresos más bajos. Esto permitiría reducir de manera significativa la demanda de energía para calefacción (30% a 70%), lo que no sólo reduce la contaminación atmosférica, sino que el gasto de las familias y mejoras en las condiciones de confort.

El caso de los Planes de Descontaminación Atmosférica nos invitan a considerar el diseño e implementación de políticas públicas orientadas a resolver el problema de la contaminación atmosférica desde una mirada holística, en la cual la contaminación atmosférica sería sólo la expresión de un problema mucho más profundo y complejo, como lo es la pobreza energética. Por ello, el foco de la política pública no debe ser sólo reducir la concentración de MP2,5, sino generar las condiciones para que las personas vivan en ambientes bien calefaccionados y saludables.

Alejandra Schueftan. Gerenta Instituto Forestal, sede Los Ríos. Red de Pobreza Energética

Columna disponible en El Mostrador

Pobreza Energética: el rostro más frío de la desigualdad

En Chile pasamos más frío del que estamos dispuestos a asumir. Sin embargo, cuando comienzan a bajar las temperaturas, es difícil evitar pensar en cuáles son las condiciones en las que viven gran parte de los habitantes de nuestro país. A través del concepto “pobreza energética” hemos estado visibilizando la importancia de contar con acceso equitativo a energía de calidad para cubrir los servicios energéticos básicos, especialmente aquellos relacionados con lograr temperaturas saludables y confortables al interior de los hogares.

Sabemos que gran parte de las viviendas del país no cuentan con una adecuada aislación térmica lo que, en otoño e invierno, significa tener que destinar una parte importante del presupuesto familiar en energía para calefacción. Este y otros servicios energéticos son parte importante de la vida cotidiana de chilenos y chilenas, sin embargo, hoy día no contamos con las herramientas adecuadas para caracterizar las condiciones de acceso a estos servicios en los hogares, ni tampoco del impacto que el gasto en energía tiene para el presupuesto de las familias.

Pese a lo anterior, contamos con algunos datos parciales que nos permiten visualizar la importancia y la magnitud de este problema. Por ejemplo, sabemos que un 34% del segmento más pobre de la población declara pasar frío en invierno, así como un 27% del segmento vulnerable y un 21% del segmento medio bajo (ENE, 2016). Asimismo, sabemos que el quintil de menores ingresos gasta casi 3 veces más de su presupuesto mensual en energía -en términos relativos-, respecto del quintil de mayores ingresos (EPF, 2013). Esto, para “satisfacer” (al menos en parte) necesidades asociadas al uso de electricidad, calefacción, agua caliente sanitaria y cocción de alimentos, necesidades que muchas veces se ven limitadas para priorizar otros gastos familiares, debido a los escasos ingresos de este segmento de la población. Por otra parte, los datos de la encuesta CASEN 2015 nos muestran que un 11,6% de los hogares del país no cuentan con agua caliente sanitaria, agudizándose esta cifra al observarla según quintiles, donde cerca de un 40% del quintil de menores ingresos no cuenta con este servicio energético.

Otro dato relevante se relaciona con el tipo de combustible que utilizamos en las distintas zonas climáticas del país para calefaccionar nuestros hogares. Mientras que en la zona centro predomina el uso de gas y parafina para calefacción, en la zona sur del país, desde la región del Bio-bio hasta la región de Aysén, destaca el uso intensivo de leña. Este uso también está fuertemente asociado a ciudades saturadas de contaminación atmosférica, como Los Ángeles, Temuco, Valdivia, Osorno, Puerto Montt y Coyhaique, lo que nos habla de un problema asociado a la calidad de la energía.

También sabemos que la pobreza energética afecta de forma más cruda a niños, niñas, personas mayores, enfermas crónicas y mujeres embarazadas, precisamente por aumentar su vulnerabilidad frente a enfermedades respiratorias y cardiovasculares, tanto por la exposición a bajas temperaturas, como por la exposición a contaminación intradomiciliaria. Por lo anterior, también sabemos que las principales afectadas por la pobreza energética son las mujeres, debido a que la división sexual del trabajo aún dominante en nuestro país se traduce para ellas en una mayor cantidad de tiempo dedicado a trabajo no remunerado en los hogares y al cuidado de otros y otras (ENUT, 2015). Todas estas acciones requieren de la gestión y del uso cotidiano de energía, ya sea para la utilización de electrodomésticos, la cocción y refrigeración de alimentos, la calefacción del hogar, entre otras.

Considerando los datos que tenemos, si bien no podemos hacer una evaluación profunda sobre las condiciones de pobreza energética y su relación con otras dimensiones de la exclusión social, hoy día si podemos reconocer que la pobreza energética agudiza otras desigualdades, como las desigualdades de género, de salud y de educación, potenciando las profundas diferencias económicas y aumentando la vulnerabilidad frente a eventos extremos (por ejemplo, las bajas temperaturas de estos días). Sin embargo, y pese a la evidente importancia de este tema, los datos actuales no nos permiten visibilizar con mayor detalle y profundidad esta situación.

En este contexto, visualizamos con urgencia la necesidad de observar la pobreza energética tanto en los espacios domésticos como en esos otros espacios que habitamos frecuentemente. Por ejemplo, ¿qué temperaturas y qué nivel de contaminación tienen las salas de clases donde estudian nuestros niños y niñas? De igual forma, ¿cómo se relacionan las enfermedades respiratorias de niños, niñas y personas mayores con las condiciones de temperatura, humedad y contaminación de sus viviendas?, ¿a qué niveles de contaminación intradomiciliaria se exponen niños y niñas de diferentes quintiles y cuáles son las temperaturas en las que habitan?, ¿de qué manera influyen la temperatura, humedad y contaminación en su aprendizaje y desarrollo?

Si queremos reducir la desigualdad en nuestro país debemos hacernos cargo de estos problemas. Si los niños y niñas de los quintiles más pobres pasan frío, se exponen a contaminación intradomiciliaria y ni siquiera en los colegios cuentan con temperaturas saludables para el aprendizaje, nunca lograremos “emparejar la cancha” y ofrecer oportunidades reales de inclusión social.

Chile cuenta con condiciones privilegiadas para generar energías limpias, por ejemplo, a partir de energía geotérmica, solar, eólica, entre otras. Esto, sumado a infraestructura habilitante, incentivos efectivos y regulaciones adecuadas, podrían entregar la energía requerida para alcanzar las temperaturas saludables en hogares, hospitales y recintos educacionales. Pero para avanzar en este tema, debemos estar dispuestos, primero, a aceptar que la pobreza en nuestro país es más profunda de lo que queremos ver, y segundo, a invertir en medidas de largo plazo que permitan reducir de forma efectiva las actuales brechas de desigualdad.

Dra. Anahí Urquiza. Coordinadora Red de Pobreza Energética (www.pobrezaenergetica.cl ). Investigadora Cr2 (www.cr2.cl). Académica Facultad de Ciencias Sociales (www.facso.uchile.cl). Universidad de Chile

Columna disponible en El Mostrador

Redpe es parte de Mes de la Energía

El auditorio principal del Colegio de Ingenieros de Chile fue el lugar elegido para dar cita a la segunda jornada de la XI versión del Mes de la Energía, preparado por la misma organización.  En este marco, la Red de Pobreza Energética estuvo a cargo del segundo conversatorio, en manos del investigador de la RedPe y del Centro de Energía, Patricio Mendoza.

“Demanda residencial de energía: más eficiencia, menos pobreza” fue el titulo de la intervención de Patricio Mendoza, quien expuso los puntos centrales de la pobreza energética según el análisis y las categorías establecidas por Redpe. “Si estoy ocupando leña húmeda, estoy subsanando el tema de la pobreza energética, pero estoy generando uno de salud. Tenemos que buscar y encontrar el equilibrio”, señaló el investigador.  De esta forma Mendoza señaló la importancia de encontrar armonía entre variables como acceso, calidad y equidad a la hora de entender la energía distribuida y requerida por la población chilena.

También Mendoza recalcó durante su exposición la relación entre eficiencia energética y pobreza ejemplificando y poniendo énfasis en el hábito de los chilenos al dejar algo encendido en la casa mientras los habitantes están ausentes “Podemos educar a ahorrarnos esa energía constantemente”

Por último, la participación de Redpe en el Mes de la Energía no se limita a la presentación realizada por Mendoza, sino que el panorama se amplía, ya que el próximo jueves 28 de junio, Anahí Urquiza estará a cargo de cerrar las actividades organizadas por el Colegio de Ingenieros a través de su exposición sobre el vínculo del cambio climático y la pobreza energética.


Colaboradora de RedPE obtiene pasantía de investigación en Perú

La practicante de la Línea de Teoría del Riesgo del Programa de Reducción de Riesgos y Desastres, CITRID, y también colaboradora de la Red de Pobreza Energética, María Paz Cárdenas, obtuvo la Beca de Integración y Buena Vecindad Chile – Perú 2018, otorgada por la Pontíficie Universidad Católica del Perú. Esta beca le permitirá hacer una pasantía en Lima para fortalecer el lazo entre la sociedad civil y la academia, en busca del mejoramiento de la investigación comparativa entre los voluntariados realizados en Chile y Perú en torno a los desastres socio naturales.

De esta forma, el viaje posibilitará a Cárdenas la comparación de las realidades de ambos países para así poder conocer el desarrollo de políticas públicas, buscando mejorías y actualizaciones.
María Paz, tesista de sociología de la Universidad de Chile, que ingresó al CITRID en marzo de este año para realizar su práctica profesional, comenzó a trabajar en conjunto con la Línea de Cambio Climático, Riesgos Socio-naturales y Resiliencia de RedPE a fin de crear investigación en torno a un marco teórico que vincule a ambas organizaciones.
Cárdenas resume las motivaciones para desempeñarse como colaboradora de RedPE, apuntando a un trabajo basado en el intercambio de saberes y en el apoyo mutuo entre distintos actores. A su vez, la practicante de CITRID ha realizado trabajos con investigadoras de la Red, como es el caso de Jenny Moreno, con quién está colaborando en investigaciones en torno a la relación entre el voluntariado espontaneo y los desastres socionaturales en el marco de los incendios forestales ocurridos en la Región del Maule.
Por último, la futura socióloga señaló que la importancia de investigar sobre pobreza energética radica en que es un ámbito incipiente con una necesidad urgente de generar investigación en torno a ella: “en el núcleo del Seminario Permanente, que mantiene el vínculo entre CITRID y Redpe, estamos tratando de generar un marco teórico para crear conocimiento útil para los tomadores de decisión”.

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