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Pobreza energética: saludar al invierno en tiempos de COVID-19

De acuerdo con los datos registrados por la Dirección Meteorológica de Chile, en los últimos 30 años se observa un aumento promedio de temperaturas máximas diarias en gran parte del territorio nacional, a excepción de la zona norte costera que se ha enfriado levemente. Este fenómeno pudo percibirse en el verano reciente con una mayor frecuencia de días con temperaturas que excedieron los 30ºC en el centro y sur del país. Las temperaturas cálidas persisten más allá de la estación estival y nos ofrecen un otoño cálido y seco, haciéndonos olvidar los duros inviernos que vivíamos en décadas pasadas. A pesar de que cada año tenemos estaciones frías más cortas y en promedio más cálidas, prontamente comenzaremos un nuevo invierno, que será el segundo sobrellevando una pandemia.

Saludar al invierno significa para muchas familias aumentar su gasto en combustibles para lidiar con temperaturas más bajas. En las comunas del sur del país —con inviernos más largos que en el centro y norte— las condiciones climáticas obligan a las personas a requerir constantemente energía para mantener un ambiente intradomiciliario saludable y que ofrezca el confort térmico suficiente para desarrollar las actividades de la vida diaria, que durante una cuarentena incluyen las actividades personales, laborales y de esparcimiento, es decir, todo. Por lo tanto, saludar al invierno en pandemia no es trivial ya que significa aumentar aún más el presupuesto del gasto en energía.

Si consideramos algunos datos internacionales de países como China, Italia, India, Alemania y Estados Unidos, podemos encontrar un aumento de la demanda de electricidad residencial y, por lo tanto, del costo para los hogares asociados a los cambios en los patrones de vida y ocupación durante la cuarentena implementada en pandemia. En efecto, las series de tiempo en estos países han mostrado un aumento de la demanda energética del sector residencial que va entre un 11% al 32% en el periodo de confinamiento. Este incremento se atribuye principalmente al mayor uso de sistemas de climatización y electrodomésticos durante las horas del día. En países más cercanos como Brasil, se analizaron los cambios en las cargas eléctricas comparando el periodo pandémico comprendido entre enero a septiembre 2020 con el mismo periodo del año anterior; aun cuando se han reportado descensos importantes que alcanzan el 19% —por ejemplo los descensos alcanzados en la zona sur de Brasil— se plantea que las bajas pertenecen al sector comercial e industrial, y que gran parte de la demanda energética se ha trasladado al sector residencial.

 

A nivel nacional, la Revista Energética de Chile mencionaba el año pasado una disminución promedio de 4,6% en el consumo energético nacional entre marzo y julio 2020 respecto al mismo periodo del año anterior; sin embargo, esta disminución ocurrió en sectores comerciales y de manufactura tal como ocurrió en Brasil. Teniendo en cuenta los datos de 32 comunas de la Región Metropolitana, se estimó un aumento del 17% de la demanda de energía eléctrica residencial durante el mes de junio 2020 con respecto al mismo periodo del 2019. Si consideramos la situación en el sur del país, ciudades como Valdivia, Temuco, Puerto Montt o Coyhaique mostraron problemas de abastecimiento de energía el año pasado, particularmente en el periodo de confinamiento, dado el aumento en la demanda de pellet residencial; de acuerdo con los datos del Ministerio de Energía, la demanda de pellet era de un 18% en junio 2019 y llegó a 40% en junio 2020, es decir, creció más de un 100%.

Los datos nacionales e internacionales nos obligan a reflexionar sobre el real significado de la llegada del invierno en un año donde seguimos viviendo la primera pandemia de la era del Antropoceno. Saludar al invierno en tiempos de pandemia significa aumentar el consumo energético en el hogar y con ello la probabilidad de caer en pobreza energética. Esto implica que las familias se hacen más vulnerables aumentando su probabilidad de no acceder de manera equitativa a servicios energéticos de calidad que les permitan cubrir las necesidades fundamentales y básicas.

Las inequidades socioeconómicas preexistentes se han agudizado con esta pandemia, por lo mismo es esperable que las diversas aristas involucradas en la pobreza energética se vean afectadas. Hogares que pasan frío en el invierno, o que no pueden afrontar sus gastos energéticos, o que aumentan desmesuradamente el gasto en energía, o que acceden a combustibles que afectan la calidad del aire intradomiciliario y ambiental, o que no tienen acceso a sistema agua caliente sanitaria, o que no cuentan con un suministro eléctrico continuo, ven claramente afectado el bienestar integral de sus residentes. Por lo mismo, es perentorio repensar cómo queremos saludar al invierno —y también al verano con sus olas de calor y la demanda de sistemas de climatización— en los tiempos venideros, y cómo haremos para hacernos más resilientes a las futuras amenazas.

Macarena Valdés S. Académica Escuela de Salud Pública, Universidad de Chile. Investigadora Red de Pobreza Energética

Columna disponible en UChile, El Dinamo y El Mostrador.

Webinar Pobreza Energética y Ruralidad

¿Cuáles son los desafíos pendientes en Pobreza Energética? Esta actividad se realizó el Jueves 15 de octubre del 2020 a las 10:00 hrs. Contó con la participación de Rubén Calvo, investigador de la Red de Pobreza Energética y del Fondecyt Nº11180824 Pobreza Energética en zonas rurales, Políticas Públicas, Género y Eficiencia Energética son algunos de los temas abordados.

Puedes revisar el video de la actividad AQUÍ

https://www.youtube.com/watch?v=sCNrOqgjToU&feature=youtu.be&ab_channel=EnergiaMaule

Organiza: Seremi de Energía del Maule

Colaboran: Ministerio de Energía, Ministerio de Vivienda y Urbanismo, Universidad de Talca y Red de Pobreza Energética.


Infografía | Pobreza Energética y Confinamiento

Investigadoras e investigadores de Red de Pobreza Energética, RedPE, durante el primer semestre 2020 han comunicado a través de columnas de opinión, conversatorios y seminarios web las profundas desigualdades que ha evidenciado el confinamiento en que se encuentran millones de chilenas y chilenos por la pandemia por Covid_19.

El equipo RedPE elaboró la Infografía Pobreza Energética y Confinamiento para revisar los principales problemas y brechas que existe en el territorio nacional.

Puedes descargar AQUI

Con un amplio respaldo, el Pleno de la Convención Constituyente aprobó la inclusión en el borrador de la nueva Constitución una norma histórica que busca consagrar el “derecho a un mínimo vital de energía asequible y segura”, durante la última jornada de votaciones de norma, el 14 de mayo pasado. La disposición fue incluida en la propuesta de informe final realizada por la Comisión de Medio Ambiente al cierre de las jornadas de trabajo del Pleno.
Así, el artículo que se votó en incisos separados contó con un amplio apoyo de los convencionales de diferentes sectores políticos, alcanzando 114 votos a favor en su primer inciso, y cero votos en contra. Finalmente, el borrador de la Nueva Constitución consagra en el punto 323 “el derecho a un mínimo vital de energía asequible y segura” estableciendo que es “deber del Estado garantizar el acceso equitativo y no discriminatorio” de todas las personas para que puedan satisfacer sus necesidades y velar por “la continuidad de los servicios energéticos”.
Por otra parte, la norma releva la importancia de que el Estado fomente en la matriz energética “renovable y de bajo impacto ambiental”, que cumpla con las características de distribución, descentralización y diversificación, haciendo explícito que la “infraestructura energética es de interés público”. Finalmente, el artículo entrega al Estado el deber de fomentar y proteger a “las empresas cooperativas de energía y el autoconsumo”

COVID-19, PE y desigualdad

  • La emergencia sanitaria causada por el Covid-19 visibiliza la profunda desigualdad social y de género en Chile.
  • Es urgente garantizar el acceso equitativo a la energía para sostener el desarrollo social y económico de la población.
  • La reglamentación térmica debe ser más exigente y crear más programas de apoyo para el (re)-acondicionamiento de las viviendas.

Fuentes

1 EPF (2017). Instituto Nacional de Estadísticas: Ingresos y gastos.

2 RedPE (2019). Policy Paper Pobreza energética. Acceso desigual a energía de calidad como barrera para el desarrollo en Chile.

3 Instituto Nacional de Estadísticas (2018). Encuesta de Presupuestos Familiares, 2016-2017, Santiago, Chile.

4 CASEN (2019). Encuesta de Caracterización Socioeconómica, Ministerio de Desarrollo Social, Santiago, Chile.

5 ENE (2016). Encuesta Nacional de Energía 2016: Resultados principales.

6 Mould, R. & Baker, K. (2017). Documenting fuel poverty form the householders perspective.

7 OMS (2012). Burning Opportunity: Clean Household Energy for Health, Sustainable Development, and Wellbeing of Women and Children.


El confinamiento y la verdad más cruda de la pobreza energética en Chile


El endeudamiento por cuentas eléctricas es, en buena parte, consecuencia de una excesiva carga de pagos por servicios básicos en relación al ingreso total. Esta situación se agrava debido al aumento del consumo energético producto del confinamiento, el mayor desempleo y la suspensión temporal de contratos debido a la crisis, especialmente entre los más pobres.

Encender la luz para leer, cocinar o comer. Cocinar para desayunar, almorzar y tomar once o cenar. Encender el calefont para tomar una ducha caliente o lavar la loza. Encender una estufa para calefaccionar la casa. Encender el computador para estudiar y/o trabajar. Esta rutina que muchos de nosotros no nos cuestionamos, requiere de un insumo básico: la energía. Pero, según datos de 2017 de la Encuesta de Presupuestos Familiares, el 22,6% de los hogares no logra cubrir los gastos básicos del hogar, incluyendo los servicios energéticos. El endeudamiento por cuentas eléctricas es, en buena parte, consecuencia de esta excesiva carga de pagos por servicios básicos en relación al ingreso total. Esta situación se agrava debido al aumento del consumo energético producto del confinamiento, el mayor desempleo y la suspensión temporal de contratos debido a la crisis, especialmente entre los más pobres.

Recordemos también que todavía un 10,7% de los hogares no tienen acceso a agua caliente sanitaria. Al menos un 66% de las viviendas actuales fueron construidas antes de la Reglamentación Térmica del 2000, por lo que no se rigen por un estándar mínimo respecto a aislamiento y climatización. Además, en una muestra reciente en 82 viviendas vulnerables de Renca pudimos constatar que 60% de las casas tenían riesgos de electrocución e incendio por sistemas eléctricos fuera de la normativa vigente o por aparatos de calefacción mal mantenidos.

En lo que respecta a salud mental, la pobreza energética (PE) también tiene repercusiones e impactos. Ya en tiempos previos a la cuarentena, se identificaba que en personas mayores la PE conlleva un mayor aislamiento social: para algunos/as el confinamiento es habitual, se quedan siempre en casa, se abrigan más, se acuestan temprano y no invitan otras personas por no tener un lugar cálido para recibir visitas. Por otra parte, era habitual salir de casa para ir a lugares climatizados, como bibliotecas y centros comerciales, rutinas que hoy se ven fuertemente limitadas, intensificándose el riesgo de enfermedades de salud mental por aumento de los niveles de estrés y aislamiento social.

La pobreza energética repercute también en las oportunidades sociales y educativas de las personas: en el acceso a Tecnologías de Información y Comunicación (TICs), acceso a conexión estable a internet para procesos educativos a distancia y/o teletrabajo, acceso a iluminación en horario nocturno, entre otras formas. Sin duda el uso de TICs suele ser un facilitador para el bienestar de las personas con algún nivel de aislamiento social, ya que se constituye como un espacio de ocio, aprendizaje y conexión con otros/as.

La vulnerabilidad energética se resuelve a través de la erradicación de la pobreza en general y mayores ingresos para el 20% más pobre del país. Consta el esfuerzo estatal en el Programa de Hogar Mejor del Ministerio de Vivienda y Urbanismo, que incluye subsidios para el reacondicionamiento térmico de la vivienda, instalación de paneles fotovoltaicos y/o paneles solares térmicos. Y sin duda, la ley de estabilización de tarifas eléctricas promulgada a fines del año pasado ayuda a las familias chilenas.

Pese a los esfuerzos, necesitamos trabajar aún más sistemática, decidida y mancomunadamente para enfrentar la pobreza energética. Una concreta inclusión de criterios de eficiencia energética en el diseño de la vivienda social, programas más masivos dirigidos a un reacondicionamiento térmico de las viviendas e inserción de paneles solares y también programas de regularización de instalación eléctrica y recambio de artefactos eléctricos eficientes. Adicionalmente, se requiere de un trabajo con iniciativas en conjunto entre el sector público, privado, la sociedad civil y la academia, con el fin de abordar esta problemática de forma integral. Un ejemplo de contribución en este sentido es el Programa de Inclusión Energética (PIE), iniciativa que nos encontramos impulsando desde EBP Chile, en alianza con EGEA ONG y la Red de Pobreza Energética. Esta iniciativa busca se basa en la convicción de que se debe enfrentar la pobreza energética con enfoques holísticos, integrando a las familias vulnerables junto a emprendedores locales. Es por esto que actualmente se está articulando el concurso “Desafío Inclusión Energética”, el cual busca apoyar iniciativas innovadoras por parte de MiPyMEs y desarrolladores de proyectos, que permitan reducir la pobreza energética en distintos contextos territoriales del país.

La emergencia sanitaria causada por el Covid-19 visibiliza una vez más la profunda desigualdad de nuestro país, y la validez de las exigencias sociales por una vida digna, que considere entre otras cosas, el acceso a energía de calidad como una condición necesaria para el desarrollo social y económico de la población, además del bienestar y la salud de las personas. Con la llegada del invierno, se hace más necesario una pieza caliente, una taza de té y unas horas más de luz. Nuestros hijos tienen derecho a recibir una buena educación, la cual en estos momentos también requiere de este insumo básico: la energía.

Nicola Borregaard. Doctora en Economía de Recursos Naturales de la Universidad de Cambridge, Inglaterra. Gerenta de EBP Chile y Directora de Espacio Público.

Reportaje disponible en la tercera

Calidad del aire y COVID-19: ¿cómo enfrentar la emergencia sanitaria en un contexto de pobreza de energía?


Gran parte de las familias chilenas no logra satisfacer sus necesidades energéticas con los ingresos que percibe, razón por la cual la pobreza de energía es uno de los elementos relevantes en el análisis. La leña es relativamente barata, en especial cuando se compara con otros combustibles y, como ningún otro, tiene la gran ventaja de que puede ser recolectada, lo que permite transformar tiempo en dinero. Como consecuencia, prohibir la leña resultaría en una menor temperatura dentro de la vivienda y en un aumento de la humedad relativa. Al respecto, diversos estudios señalan que pasar largos periodos en viviendas frías y húmedas es negativo para la salud física y mental de las personas y aumenta la vulnerabilidad del sistema respiratorio, por lo que el efecto de COVID-19 podría agudizarse.

Diversos artículos muestran que la contaminación atmosférica contribuye a la dispersión de COVID-19, lo que sería complejo para las ciudades del centro y sur de Chile, cuya calefacción depende del uso de leña. Esto ha alimentado el debate en torno a la idea de prohibir el consumo de este combustible en ciudades que han sido declaradas zonas saturadas por material particulado fino (MP2,5).

Si bien la combustión residencial de leña es la principal fuente de MP2,5, es necesario hacer un análisis más amplio que considere todos los factores que están en juego y que en conjunto determinan los altos niveles de contaminación atmosférica.

Gran parte de las familias chilenas no logra satisfacer sus necesidades energéticas con los ingresos que percibe, razón por la cual la pobreza de energía es uno de los elementos relevantes en el análisis. La leña es relativamente barata, en especial cuando se compara con otros combustibles y, como ningún otro, tiene la gran ventaja de que puede ser recolectada, lo que permite transformar tiempo en dinero. Como consecuencia, prohibir la leña resultaría en una menor temperatura dentro de la vivienda y en un aumento de la humedad relativa. Al respecto, diversos estudios señalan que pasar largos periodos en viviendas frías y húmedas es negativo para la salud física y mental de las personas y aumenta la vulnerabilidad del sistema respiratorio, por lo que el efecto de COVID-19 podría agudizarse.

Las viviendas mal aisladas constituyen otro de los factores incidentes. La normativa térmica chilena comenzó a implementarse el 2007, lo que implica que el 80% de las viviendas existentes en Chile, que fueron construidas con anterioridad a la norma, tienen muy mala aislación térmica. Esto resulta en un despilfarro de energía, dinero y un aumento innecesario de la contaminación, por cuanto la ineficiencia de las viviendas tiene como consecuencia que los hogares requieran grandes cantidades de combustible para alcanzar una temperatura de confort.

Además, la escasa “masa térmica” de las estufas a leña, es decir, la poca capacidad de este tipo de calefactores para acumular calor en su estructura sin necesidad de estar encendidos, implica tener que hacerlos funcionar con el tiraje cerrado o casi cerrado, lo que aumenta hasta en 10 veces la emisión de MP2,5. Los actuales calefactores a leña son una “trampa tecnológica”, en la medida que generan beneficios hacia el interior de la vivienda, pero enormes costos hacia el exterior, como una alta contaminación.

Nos enfrentamos entonces a un dilema: prohibir la leña con el fin de reducir la contaminación atmosférica, lo que va a empeorar las condiciones de confort térmico al interior de las viviendas, o pensar en una estrategia distinta que ataque las causas del problema y no el síntoma.

En el corto plazo, cobra especial relevancia entregar información que promueva el uso adecuado de viviendas y calefactores (evitar el cierre del tiraje y consumir leña seca); implementar mejoras de bajo costo con respecto a la hermeticidad y el desempeño térmico de las viviendas; promover el reemplazo de calefactores a leña en sectores de ingresos medios y altos, por calefactores de pellets u otros; y acelerar los programas de reacondicionamiento térmico de viviendas en sectores más vulnerables, lo que sería una buena manera de reducir la exposición de las personas al frío y los contaminantes.

En el mediano plazo, es importante que Chile avance en una agenda que permita mejorar la aislación térmica de las viviendas, a partir de una estrategia integral que aborde aspectos de financiamiento, capacidades técnicas de empresas y profesionales, y la concientización de los usuarios. Los beneficios de una iniciativa como esta han sido ampliamente estudiados y documentados, pero requieren coordinación y voluntad política.

Claramente, un problema complejo como este, que tiene componentes culturales, económicos, ambientales y tecnológicos, tiene que ser enfrentado multisectorialmente, con una visión holística de sus causas y consecuencias. Abordar la emergencia sanitaria a partir de prohibiciones, puede llevar a soluciones que terminen por enfrentar el síntoma y no la enfermedad.

René Reyes.

Alejandra Shueftan.

Reportaje disponible en el mostrador

COVID-19, pobreza energética y contaminación: redefiniendo la vulnerabilidad en el centro-sur de Chile


A través del análisis de cómo los hogares se calefaccionan en el centro-sur de Chile los autores y autoras de esta columna muestran una dimensión no considerada del COVID-19: allí donde se recurre masivamente a la leña en invierno y las viviendas tienen mala aislación, el virus contará con condiciones muy favorables. Trabajando con Valdivia como caso de estudio, y usando el concepto de “pobreza energética”, muestran que el 25% de los hogares de menores ingresos tiene que recurrir a sistemas de calefacción contaminantes o definitivamente pasar frío. La columna advierte que el consumo de leña es también elevado en los sectores de altos ingresos. Sugieren políticas urgentes y de mediano plazo de modo de mejorar la aislación de las viviendas y el uso de energías limpias y sostenibles.

Gentileza: Ciper Académico.
Autores:  Felipe Encinas, Ricardo Truffello,
Anahí Urquiza y Macarena Valdés

15 de Mayo de 2020 en ciperchile.cl disponible aquí

Las ciudades del centro-sur de nuestro país han estado entre las más contaminadas del mundo en varias ocasiones, superando urbes norteamericanas y europeas, y con niveles similares a los reportados en algunas ciudades chinas. Teniendo en cuenta la pandemia del SARS-CoV-2, es clave analizar la importancia que tendrá la calidad del aire en cuanto a la morbilidad y mortalidad que afectará a las ciudades del país, especialmente en el centro-sur.

Si bien las medidas de cuarentena en otros países y en ciudades como Santiago han disminuido la contaminación atmosférica, que en general se asocia al transporte y la actividad de las industrias, en las ciudades del centro-sur de Chile podría ocurrir lo contrario, debido a que una mayor permanencia y uso de la vivienda durante el invierno va a implicar un mayor uso de los calefactores a leña, lo que se podría traducir en un aumento del material particulado fino.

En este contexto, resulta urgente mitigar la demanda sanitaria a través de acciones dirigidas a mantener la calidad de aire. En busca de antecedentes que permitan adoptar medidas, este artículo aborda el caso de la ciudad de Valdivia desde el concepto de pobreza energética. Valdivia es la capital de la Región de Los Ríos, y presenta un uso intensivo de leña para calefacción.

CONTAMINACIÓN Y ENFERMEDADES RESPIRATORIAS

Es conocido el efecto de la contaminación del aire sobre enfermedades respiratorias, cardiovasculares y cánceres, particularmente en sectores socialmente vulnerables[1]. Existen antecedentes de que la contaminación atmosférica aumenta la tasa de incidencia y mortalidad de las enfermedades respiratorias. En 2002, el síndrome respiratorio agudo causado por un virus genéticamente similar al actual coronavirus tuvo una letalidad promedio cercana al 6,6% en ciudades de China. Recientemente, en la provincia china de Shandong, se estudió la correlación diaria entre contaminantes como material particulado fino (MP2, 5) y grueso (MP10), monóxido de carbono (CO), dióxido de azufre (SO2) y dióxido de nitrógeno (NO2) y la incidencia de enfermedades respiratorias. De acuerdo con este estudio, cuando aumenta la concentración diaria de estos contaminantes aumenta también la incidencia de éstas[2].

Actualmente existe evidencia en Estados Unidos[3] e Inglaterra[4] acerca del rol de los contaminantes en la dispersión e incidencia de COVID-19. Tanto el sentido común como el principio precautorio llevan a pensar que, aunque no tengamos certeza absoluta sobre la transmisión aérea del virus, la calidad del aire debería ser un factor relevante por consideraren esta pandemia.

LA POBREZA ENERGÉTICA COMO BASE DEL PROBLEMA

La contaminación atmosférica generada a partir del uso de leña requiere un abordaje integrado para entender las condiciones que favorecen su uso intensivo, y las causas que han impedido lograr controlarla. El concepto de pobreza energética posibilita comprender mejor el uso de leña como combustible, considerando su asequibilidad (precio relativo en comparación a otras fuentes de energía), su accesibilidad (posibilidad de autoabastecerse a través de recolección) y su capacidad calorífica. Este último aspecto es muy relevante en un contexto ambiental caracterizado por el frío y la humedad.

La pobreza energética, considerada como una forma de privación distinta de la pobreza de ingresos, y que releva las dificultades de acceso a energía de calidad[5], ha sido asociada a tres causas principales: bajos niveles de ingresos, altos costos de energía y bajos niveles de eficiencia energética residencial[6]. En ciudades como Talca, Chillán, Temuco, Valdivia y Osorno estos tres aspectos aparecen con extraordinaria claridad: la alta demanda de leña para calefacción es consecuencia directa de la ineficiencia térmica de las viviendas, luego, las familias deben destinar un alto porcentaje de sus ingresos a calefacción (no pudiendo acceder a alternativas menos contaminantes) y quedando expuestos a condiciones intradomicilarias deficientes en términos de temperatura, humedad y calidad del aire.

La precariedad del ambiente intradomiciliario, que afecta a gran parte de la población del centro-sur de Chile, tiene consecuencias negativas para la salud física y mental de las personas, y aumenta su vulnerabilidad frente a enfermedades que atacan al sistema respiratorio.

Dado que este es un problema complejo, su abordaje requiere de una mirada interdisciplinaria y multisectorial, que vaya más allá de prohibir lo que parece ser la causa del problema, combinando estrategias de corto, mediano y largo plazo. Identificar los factores que inciden en la precariedad del ambiente intradomiciliario es clave para enfrentar esta emergencia y focalizar acciones para proteger a los grupos más vulnerables.

A continuación, abordaremos la problemática que vincula la contaminación del aire con COVID-19, desde la pobreza energética, tomando Valdivia como caso de estudio. Esto nos permitiría redefinir la vulnerabilidad en el contexto de la pandemia con fuertes implicancias urbanas, ambientales y sociales.

VALDIVIA COMO CASO DE ESTUDIO

Estudios recientes del Instituto Forestal muestran que la concentración de material particulado fino al interior de las viviendas es significativa (25 μg/m3, promedio 24 horas), aunque mucho menor al registrado al exterior de la vivienda (56 μg/m3, promedio 24 horas)[7]. De todas maneras, ese nivel de material particulado fino dentro de la vivienda puede ser suficientemente alto para generar daños en la salud de las personas si se mantiene por periodos prolongados[8],[9].

Por otra parte, el 25% de las familias están sometidas a un estrés económico agudo y permanente, en el cual el abastecimiento de energía es secundario ante las dificultades que tienen para alimentarse, vestirse, transportarse, y acceder a educación y salud. En los hogares más vulnerables se observan estrategias alternativas para el abastecimiento de energía, como la recolección de leña en el interior o en torno a la ciudad, la quema de desechos (como madera de desecho, cartón, plásticos o ropa en desuso), la existencia de conexiones eléctricas ilegales, o simplemente una mayor tolerancia a condiciones ambientales desfavorables dentro del hogar. Considerando sólo los meses de invierno, el 60% de los hogares de Valdivia podrían estar en un estado de pobreza energética (en su definición más tradicional), ya que utilizan más del 10% de sus ingresos para satisfacer necesidades de energía.

La Figura 1 muestra la distribución del consumo de leña por hectárea en Valdivia. Las áreas de color rojo oscuro representan alto consumo de leña y tienden a concentrarse en las poblaciones Altos de Mahuiza, Pablo Neruda, Yáñez-Zabala, y los Ediles hacia el sur, en el sector conocido como CORVI hacia el este, y en torno al Parque Kramer (centro del polígono urbano), que es justamente donde se encuentra la estación de monitoreo de la calidad del aire de la ciudad. Un menor consumo de leña se observa en Isla Teja, el sector de Collico, y en general, en torno a los ríos que cruzan Valdivia. Esto quiere decir que la contaminación atmosférica no afecta a todos por igual, concentrándose en ciertas áreas.

La Figura 2 muestra áreas de la ciudad donde existe una mayor concentración de adultos mayores (vulnerabilidad a COVID-19), los que tienden a agruparse hacia el sur y sureste de la ciudad (poblaciones Altos de Mahuiza, Los Ediles, Pablo Neruda, Yáñez-Zabala, Picarte 4000, Rubén Darío y CORVI, entre otras).

La vulnerabilidad de las personas a la contaminación atmosférica, y por extensión a COVID-19, también varía en los distintos sectores.

Una tendencia similar se observa en la Figura 3, que muestra zonas donde existe una mayor concentración de familias pertenecientes a los primeros tres deciles de ingreso, es decir, familias con una mayor vulnerabilidad económica y social, lo cual es coincidente con la precariedad de la vivienda (se define como vivienda irrecuperable todas aquellas no susceptibles de arreglar debido a que se encuentran construidas en base a material de desecho o muy precario – definición Ministerio de Desarrollo Social) (Figura 4). El estado de la vivienda es probablemente uno de los factores más relevantes en este análisis, en términos del impacto potencial que el frío, la humedad y la contaminación atmosférica puedan tener en la salud de las personas que las habitan y, por tanto, debería ser uno de los ejes para abordar el problema a mediano plazo.

Al superponer las figuras, se observa que hay zonas de la ciudad que tienen un alto consumo de leña, como Villa del Rey, Parque Kramer y Bosque Sur, entre otros, que pertenecen a estratos sociales medios y medio-altos, donde sería posible avanzar hacia el reemplazo de estufas a leña por otras tecnologías, sin necesidad de subsidios o al menos sin que el Estado haga un esfuerzo significativo.

Al mismo tiempo, existen otras áreas que, si bien tienen una alta concentración de familias en los tres primeros deciles de ingreso, no están en las zonas más críticas en términos de contaminación atmosférica y vulnerabilidad socioambiental. En consecuencia, el esfuerzo público debería focalizarse en aquellos barrios donde el impacto social se maximiza, como las poblaciones que se ubican hacia el sur y sureste de la ciudad. En especial, aquellos donde el estado de las viviendas y la presencia de adultos mayores es más crítico: Altos de Mahuiza, Pablo Neruda y Yáñez-Zabala, por mencionar algunos.

A partir del consumo de leña se estableció un cálculo del estadístico LISA[10] que permite ver el grado de aglomeración de dicho consumo, es decir cuales con las manzanas que tiene un alto consumo por persona, rodeadas de manzanas similares (high–high Clúster, en rojo) y aquellas zonas en donde el comportamiento es más de enclave (high–low Outliers, en rosado), es decir manzanas de alto consumo rodeadas de manzanas de consumo bajo.

En tal sentido destaca la aglomeración alto consumo de la parte sur de la ciudad de Valdivia sumado al alto consumo del sector de Barrios Bajos (sectores de ingresos medios a altos); de esta forma se produce un equilibrio entre el alto consumo de las clases más alta (no aglomerado por menor densidad, pero si auto segregado[11]– ver Figura 1) y el alto consumo de los sectores más vulnerables del sur de la ciudad de Valdivia, que en este caso se aglomera espacialmente (ver Figura 5) producto de la mayor densidad de población asociado al menor tamaño de las viviendas y sitios.

REDEFINIENDO LA VULNERABILIDAD EN EL CENTRO-SUR DE CHILE

La información que hoy tenemos sobre pobreza energética asociada a uso de leña es limitada. Sin embargo, lo que está disponible es suficiente para indicar que un porcentaje muy importante de los habitantes del centro-sur de nuestro país está sometido a condiciones desfavorables de acceso a la energía para lograr confort térmico en sus hogares. Como consecuencia, la población enfrenta una carga económica importante asociada a la compra de energía para calefacción, llevándola a preferir combustibles de mala calidad, pero a precio asequible, con múltiples consecuencias para la salud[12].

En un contexto de pandemia como el que se enfrentará este invierno, la situación no solo será dramática por las deficientes condiciones de contaminación y sobrecarga de los servicios de salud por enfermedades respiratorias, sino que además se profundizará por las condiciones específicas que impone el COVID-19, tales como el aislamiento y distanciamiento social.

La contaminación atmosférica es uno de los principales problemas ambientales que aqueja a nuestro país, sin duda es momento de enfrentarlo de otra manera. Es evidente la necesidad de mejorar las condiciones de aislación térmica de las viviendas, el acceso a fuentes energéticas de mejor calidad y la protección de la población vulnerable a partir del refuerzo del sistema de salud.

Tendremos que implementar medidas de urgencia, pero también acompañarlas de medidas más estructurales de mediano y largo plazo. En este sentido, se ha avanzado con la implementación de Planes de Descontaminación Atmosférica (PDA) en las grandes ciudades de la zona centro-sur de país, pero se requiere ampliar estas estrategias a otras ciudades de menor tamaño. El mejoramiento de las viviendas para la reducción del consumo energético, la transición hacia energías limpias y sostenibles, y el mejoramiento del acceso a confort térmico son elementos clave para avanzar en los desafíos de desarrollo sustentable del siglo XXI.

Reportaje disponible en ciperchile.cl

NOTAS Y REFERENCIAS

[1]Mannucci, P., &Franchini, M. (2017). Health Effects of Ambient Air Pollution in Developing Countries. International Journal of Environmental Research and Public Health, 14(9), 1048. Disponible aquí.
[2] Su, W., Wu, X., Geng, X., Zhao, X., Liu, Q., & Liu, T. (2019). The short-term effects of air pollutants on influenza-like illness in Jinan, China. BMC Public Health, 19(1), 1–12. Disponible aquí.
[3] Wu, X. et al. Exposure to air pollution and COVID-19 mortality in the United States: A nationwide cross-sectional study. (2020). MedRxiv. Disponible aquí.
[4] Travaglio, M., Yu, Y., Popovic, R., Santos Leal, N., & Martins, L. M. (2020). Links between air pollution and COVID-19 in England. MedRxiv. Disponible aquí.
[5] Urquiza, Amigo, Billi, Calvo, Labraña, Oyarzún, Valencia (2019). Quality as a hidden dimension of energy poverty in middle-development countries. Literature review and case study from Chile.  Energy and Buildings 204. Disponible aquí.
[6] Boardman, B. (2010). Fixing Fuel Poverty: Challenges and Solutions. London: Earthscan.
[7] Reyes, R., Schueftan, A., Ruiz, C., & González, A. (2019). Controlling air pollution in a context of high energy poverty levels in southern Chile: Clean air but colder houses? Energy Policy, 124, 301-311.
[8] Bernstein, J.A., Alexis, N., Bacchus, H., Bernstein, L., Fritz, P., Horner, E., Li, N., Mason, S., Nel, A., Oullette, J., Reijula, K., Reponen, T., Seltzer, J., Smith, A., &Tarlo, S.M. (2008). The health effects of nonindustrial indoor air pollution. American Academy of Allergy, Asthma & Immunology, 121(3), 585-591.
[9]WHO. (2005). Air quality guidelines for particulate matter, ozone, nitrogen dioxide and sulfur dioxide Global update 2005. Summary of risk assessment. World Health Organization. Disponible aquí.
[10] Anselin, L. (2010). Local Indicators of Spatial Association-LISA. Geographical Analysis, 27(2), 93–115. Disponible aquí. El indicador calcula el Z-Score (observación – promedio/ desviación estándar) en función de una matriz de pesos espaciales (w) que para este caso particular está modelada en 1600 metros. Con eso el algoritmo determina 5 tipologías: las no significativas, que no pasaron el valor p=0.95, que son las manzanas no pintadas; las HH que son manzanas de alto consumo de leña anual rodeadas de manzanas de igual tipo; HL que son outliers, en este caso enclaves de alto consumo rodeados de bajo; LL bajo consumo rodeado de bajo y LH outliers de bajo consumo rodeados de alto.
[11]Sabatini, F., Cáceres, G., & Cerda, J. (2001). Segregación residencial en las principales ciudades chilenas: Tendencias de las tres últimas décadas y posibles cursos de acción. EURE, 27(82), 21–42. Disponible aquí.
[12]Red de Pobreza Energética (2019). Pobreza Energética. El acceso desigual a energía de calidad como barrera para el desarrollo en Chile. Policy Paper. Disponible aquí.

¿Qué es Pobreza Energética?

Entendamos y conozcamos más sobre la #PobrezaEnergetica
Este video explica qué es Pobreza Energética, los principales desafíos y las posibles soluciones para mejorar la calidad de vida de las personas.

Pobreza energética y teletrabajo ¿Una nueva fuente de desigualdad social?

Gentileza: Energía y Equidad
Autores:  Maximiliano Proaño e Ignacio Sánchez

Si bien el teletrabajo era considerado una creciente tendencia en distintos países con anterioridad a la crisis global originada por el COVID-19, lo cierto es que el explosivo crecimiento que ha tenido esta modalidad de ejercer la actividad laboral, encontró a muy pocos sectores y servicios preparados para llevarlo a cabo adecuadamente. A primera vista el teletrabajo puede ser percibido como positivo para trabajadoras y trabajadores, mayor flexibilidad para disponer de su tiempo, ahorro de tiempo y de dinero al no tener que efectuar los, muchas veces extensos, desplazamientos desde casa al hogar y viceversa. En general han sido las empresas las que han tenido sus aprehensiones en aplicar el teletrabajo, por su conservadora visión de que el jefe tiene que estar encima del trabajador o trabajadora para que  produzca adecuadamente. Sin embargo, a los pocos meses de la implementación forzada del teletrabajo por el confinamiento decretado en la mayoría de los países, ha quedado de manifiesto, que quienes más tienen que perder son las trabajadoras y los trabajadores. Esto por dos razones, la regulación es inexistente o débil y las condiciones materiales de la mayoría de la fuerza laboral para trabajar desde el hogar, no son las adecuadas.

En Chile, la ley que modifica el código del trabajo en materia de trabajo a distancia, lo define como “aquel en el que el trabajador presta sus servicios, total o parcialmente, desde su domicilio u otro lugar o lugares distintos de los establecimientos, instalaciones o faenas de la empresa”. Si bien la ley de teletrabajo aprobada en plena crisis sanitaria, fijó un derecho a desconexión de al menos 12 horas, también establece que “las partes podrán acordar que el trabajador quede excluido de la limitación de jornada de trabajo”. Al abrir la puerta la ley para un aumento de la jornada laboral “de común acuerdo”, y dado el desequilibrio en la relación entre empleador y trabajador, podrá implicar en la práctica que trabajadoras y trabajadores trabajen horas extra sin pago adicional. En efecto algunas críticas que se le hacen al teletrabajo o trabajo a distancia es que ha significado “una tendencia a la flexibilización de las condiciones de trabajo, encubrimiento de la relación de dependencia, aumento de la jornada de trabajo, además de los perjuicios que pueda implicar el aislamiento y las complicaciones que puedan provenir de desarrollar el trabajo en un ambiente no diseñado para eso como es el hogar en el caso del teletrabajo domiciliario”.

Si bien la mayoría de los países latinoamericanos han implementado medidas para facilitar el teletrabajo, son muy pocos los que poseen una regulación especial para su implementación. En Argentina aún se encuentra en tramitación un proyecto de ley en la materia, mientras que Colombia reguló el teletrabajo hace 12 años.

En los países latinoamericanos una dificultad adicional para el teletrabajo es que parte importante de los hogares padecen la pobreza energética. Aunque es un tema que tiene sólo algunos años y no se ha podido enmarcar en una medida general, comúnmente se entiende pobreza energética como “la incapacidad de asegurar los niveles necesarios de energía en el hogar, esto significa vivir en una casa imposible de enfriar o calentar, iluminar o mantener electrodomésticos, debido a las facturas excesivas de energía, los bajos ingresos y la mala eficiencia energética. Las personas con poca energía son más vulnerables a los riesgos de salud como las enfermedades respiratorias y las enfermedades mentales”. Desde Taller Ecologista han observado que el “concepto de pobreza energética ha sido elaborado como una forma de comprender la relación entre el estado de privación vivenciado por el actor social y su relación con las fuentes y el acceso a la energía”. 

Como ejemplo, de acuerdo a la Red de Pobreza Energética, 35.900 chilenos y chilenas no poseen acceso a electricidad, mientras que el porcentaje de la población que declara pasar frío en su hogar en invierno corresponde a un 34% del segmento pobre, un 27% del segmento vulnerable y un 21% de la clase media baja. Sumado a lo anterior, los efectos en las condiciones estructurales del hogar (disminución de ingresos, mayor permanencia de los habitantes en el hogar, mayor número de los mismos, etc.) pueden hacer cruzar la línea de pobreza energética a hogares que antes no la presentaban.

Trabajar desde el hogar debido al COVID-19 implica integrar por parte del trabajador, costos asumidos normalmente por el empleador, como son la insumos de trabajo (Computadores, teléfonos, papelería, etc), Servicios relacionados (Internet, electricidad, Servicios sanitarios) y infraestructura mínima (espacio de trabajo, iluminación adecuada y mobiliario correspondiente). Costos que significan indudablemente un aumento en el costo de vida para todos los hogares volviéndose insalvable para hogares en pobreza energética y sumiendo a muchos otros en la misma.

En un segundo punto, las familias de bajos ingresos mantienen un gasto mayor en proporción de energía que los estratos medios y altos (ver gráfico). Lo anterior no quiere decir que mantengan energía de mayor calidad, en Chile, en especial en la zona centro-sur el uso de leña es preponderante y genera una alta tasa de material particulado, con el efecto del COVID-19 y la permanencia en el hogar en paralelo de la llegada del invierno, las emisiones aumentarán en su magnitud y ventana horaria, apareciendo horarios con alta contaminación que no existían.

Adicionalmente lleva a una mayor atención a la elevación del material particulado en casos de contaminación intradomiciliaria o de hacinamiento, debido a que ha encontrado que el COVID-19 podría aumentar su permanencia en el aire debido este tipo de partículas y una relación directa con la incidencia y gravedad de enfermedades respiratorias.

También existen correlaciones entre la contaminación y la disminución de la capacidad de toma de decisiones afectando directamente la productividad, elemento que puede afectar colateralmente a calidad y percepción del trabajo realizado a distancia.

En un tercer punto es el efecto de las brechas de género en términos de cuidados en el hogar, donde directamente una mayor tasa de incidencia de enfermedades, agravadas por la contaminación, aumenta las labores de cuidado que son principalmente realizadas por mujeres manteniendo una presión y crisis permanente cuando existe el teletrabajo, al tener que lidiar simultáneamente con mantener un buen desempeño laboral y caer en deficiencia de los cuidados y viceversa, agravando las condiciones estructurales.

Creemos que el desarrollo de la crisis del COVID-19 plantea un escenario complejo con mucha incertidumbre de por medio, en el cual más que plantear respuestas inmediatas y efectistas para el teletrabajo es necesario contar con la información adecuada para realizar las preguntas acertadas.

Las causas que generan la pobreza energética son multidimensionales y se deben tomar en cuenta todas sus aristas, considerando como base mínima regulaciones que no traspasen los costos estructurales del empleador en los y las trabajadoras, no siendo solamente los costos propios del trabajo diario, medidas que prevean también los costos y externalidades negativas amplificadas de la estadía permanente en un ambiente intradomiciliario contaminado, tanto en la remuneración, diferencias de género,  el desempeño como en la exigencia esperada. 

Si los procesos de implementación masiva del teletrabajo no consideran lo anteriormente expuesto, especialmente en las condiciones de pobreza energética en que se encuentran muchos hogares en latinoamérica, es posible advertir que el teletrabajo puede significar una nueva forma de profundizar la desigualdad entre quienes cuentan con las condiciones para ejercer el teletrabajo en el hogar y quienes no las tienen, o al menos no para lograr un desempeño adecuado.

Publicación disponible en Energía y Equidad

Investigador RedPE realiza estudio sobre pobreza energética en el sur de Chile

El académico del Núcleo de Ciencias Sociales de la Universidad de la Frontera  e  investigador de la línea justicia ambiental, contaminación atmosférica y población vulnerable de RedPE, Álex Boso, se encuentra realizando la investigación “Percepción pública e implicación ciudadana en el control de la contaminación atmosférica urbana del sur de Chile”. El estudio,  que inició el 2015 y finaliza en noviembre de este año, busca conocer la percepción de la población sobre la contaminación atmosférica producida por el uso de leña en las ciudades Temuco, Padre de las Casas, Coyhaique, Valdivia y Osorno.

Financiado a través de un Fondecyt, la investigación cobra relevancia al estar posicionada territorialmente en el sur del país, zona con alto nivel de pobreza energética y alto consumo de leña para calefacción. Para el investigador RedPE, la vulnerabilidad social de la zona es el factor más determinante para el uso de este combustible: “pasar de la leña a otra tecnología, significa una pérdida en sensación de confort y un aumento del gasto, difícilmente asumible para familias de bajos ingresos”.

La situación es compleja si se consideran los efectos en la salud que produce  el consumo de leña, pero pese a ello,  el profesor de la Universidad de la Frontera señala que existe una normalización de la situación por parte de la población: “la mayoría de los encuestados considera “mala” (76%) la calidad del aire de la ciudad. Sin embargo, a pesar que estudios recientes han alertado del grave problema que supone la contaminación intradomiciliaria, solo el 32,3% de los participantes evaluó como negativa la calidad del aire en su hogar”.

Para Boso, que la metodología de la investigación este construida a través de la experiencia de los mismos habitantes de la zona, en base a un sistema de sensores individuales que miden la contaminación del aire, permitirá encontrar soluciones efectivas a las necesidades de las comunidades: “Las políticas de comunicación del riesgo pueden mejorar su efectividad, por un lado, tratando en mayor profundidad el tema de la calidad del aire en el hogar”.

Por último, el investigador  buscará seguir aportando en las investigaciones futuras de la Red de Pobreza Energética: “creo que puedo aportar una mirada distinta y complementaria al enfoque de otros miembros de la Red, para abordar el problema de la contaminación atmosférica en el país”. De esta forma, Boso seguirá explorando en el sistema de monitoreo como una forma de empoderar a las comunidades de acuerdo a sus necesidades en las diferentes zonas del país, intentando involucrar el trabajo y experiencia de otros miembros de RedPE a esta temática.


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