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Infografía ¿Cómo medir Pobreza Energética?

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Pobreza energética: saludar al invierno en tiempos de COVID-19

De acuerdo con los datos registrados por la Dirección Meteorológica de Chile, en los últimos 30 años se observa un aumento promedio de temperaturas máximas diarias en gran parte del territorio nacional, a excepción de la zona norte costera que se ha enfriado levemente. Este fenómeno pudo percibirse en el verano reciente con una mayor frecuencia de días con temperaturas que excedieron los 30ºC en el centro y sur del país. Las temperaturas cálidas persisten más allá de la estación estival y nos ofrecen un otoño cálido y seco, haciéndonos olvidar los duros inviernos que vivíamos en décadas pasadas. A pesar de que cada año tenemos estaciones frías más cortas y en promedio más cálidas, prontamente comenzaremos un nuevo invierno, que será el segundo sobrellevando una pandemia.

Saludar al invierno significa para muchas familias aumentar su gasto en combustibles para lidiar con temperaturas más bajas. En las comunas del sur del país —con inviernos más largos que en el centro y norte— las condiciones climáticas obligan a las personas a requerir constantemente energía para mantener un ambiente intradomiciliario saludable y que ofrezca el confort térmico suficiente para desarrollar las actividades de la vida diaria, que durante una cuarentena incluyen las actividades personales, laborales y de esparcimiento, es decir, todo. Por lo tanto, saludar al invierno en pandemia no es trivial ya que significa aumentar aún más el presupuesto del gasto en energía.

Si consideramos algunos datos internacionales de países como China, Italia, India, Alemania y Estados Unidos, podemos encontrar un aumento de la demanda de electricidad residencial y, por lo tanto, del costo para los hogares asociados a los cambios en los patrones de vida y ocupación durante la cuarentena implementada en pandemia. En efecto, las series de tiempo en estos países han mostrado un aumento de la demanda energética del sector residencial que va entre un 11% al 32% en el periodo de confinamiento. Este incremento se atribuye principalmente al mayor uso de sistemas de climatización y electrodomésticos durante las horas del día. En países más cercanos como Brasil, se analizaron los cambios en las cargas eléctricas comparando el periodo pandémico comprendido entre enero a septiembre 2020 con el mismo periodo del año anterior; aun cuando se han reportado descensos importantes que alcanzan el 19% —por ejemplo los descensos alcanzados en la zona sur de Brasil— se plantea que las bajas pertenecen al sector comercial e industrial, y que gran parte de la demanda energética se ha trasladado al sector residencial.

 

A nivel nacional, la Revista Energética de Chile mencionaba el año pasado una disminución promedio de 4,6% en el consumo energético nacional entre marzo y julio 2020 respecto al mismo periodo del año anterior; sin embargo, esta disminución ocurrió en sectores comerciales y de manufactura tal como ocurrió en Brasil. Teniendo en cuenta los datos de 32 comunas de la Región Metropolitana, se estimó un aumento del 17% de la demanda de energía eléctrica residencial durante el mes de junio 2020 con respecto al mismo periodo del 2019. Si consideramos la situación en el sur del país, ciudades como Valdivia, Temuco, Puerto Montt o Coyhaique mostraron problemas de abastecimiento de energía el año pasado, particularmente en el periodo de confinamiento, dado el aumento en la demanda de pellet residencial; de acuerdo con los datos del Ministerio de Energía, la demanda de pellet era de un 18% en junio 2019 y llegó a 40% en junio 2020, es decir, creció más de un 100%.

Los datos nacionales e internacionales nos obligan a reflexionar sobre el real significado de la llegada del invierno en un año donde seguimos viviendo la primera pandemia de la era del Antropoceno. Saludar al invierno en tiempos de pandemia significa aumentar el consumo energético en el hogar y con ello la probabilidad de caer en pobreza energética. Esto implica que las familias se hacen más vulnerables aumentando su probabilidad de no acceder de manera equitativa a servicios energéticos de calidad que les permitan cubrir las necesidades fundamentales y básicas.

Las inequidades socioeconómicas preexistentes se han agudizado con esta pandemia, por lo mismo es esperable que las diversas aristas involucradas en la pobreza energética se vean afectadas. Hogares que pasan frío en el invierno, o que no pueden afrontar sus gastos energéticos, o que aumentan desmesuradamente el gasto en energía, o que acceden a combustibles que afectan la calidad del aire intradomiciliario y ambiental, o que no tienen acceso a sistema agua caliente sanitaria, o que no cuentan con un suministro eléctrico continuo, ven claramente afectado el bienestar integral de sus residentes. Por lo mismo, es perentorio repensar cómo queremos saludar al invierno —y también al verano con sus olas de calor y la demanda de sistemas de climatización— en los tiempos venideros, y cómo haremos para hacernos más resilientes a las futuras amenazas.

Macarena Valdés S. Académica Escuela de Salud Pública, Universidad de Chile. Investigadora Red de Pobreza Energética

Columna disponible en UChile, El Dinamo y El Mostrador.

Infografia: mercado de la leña en chile | barreras para la transición energética

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Documento de trabajo | Caracterización del mercado de la leña en Chile y sus barreras para la transición energética

Revisa el pdf aquí

(CR)2 lanza informe sobre impactos de la contaminación atmosférica en Chile

El documento reunió esfuerzos de las universidades de Chile, Concepción y Austral de Chile, teniendo como objetivo conceptualizar y analizar de manera interdisciplinaria la calidad del aire en el país, entregando recomendaciones basadas en evidencia para aportar al desarrollo de políticas públicas.

 

Gentileza: Centro de Ciencia del Clima y la Resiliencia (CR)2
Por Michelle Ferrer Solar
A través de un webinar abierto para todo público, el Centro de Ciencia del Clima y la Resiliencia (CR)2 realizó el lanzamiento del Informe a las Naciones “El aire que respiramos: pasado, presente y futuro – Contaminación atmosférica por MP2,5 en el centro y sur de Chile”, documento que reúne la investigación realizada por investigadores de la Universidad de Chile, Universidad de Concepción y Universidad Austral.
La actividad, realizada en el Día Internacional del Aire Limpio, contó con la participación de Juan Carlos Jobet, ministro de Energía, Maisa Rojas, directora del (CR)2 y académica del Departamento de Geofísica FCFM de la Universidad de Chile, y Francisco Martínez, decano de la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas de la Universidad de Chile, quienes estuvieron a cargo de dar la bienvenida a la actividad, junto a Nicole Tondreau, jefa del Área de Comunicaciones del (CR)2.
Sobre el documento, Maisa Rojas señaló que “este es el cuarto informe que el (CR)2 presenta en este formato de Informe a las Naciones, que lo presentamos en un día especial, porque hoy 7 de septiembre se conmemora el día Internacional de Aire Limpio, que busca generar conciencia sobre la necesidad de hacer mayores esfuerzos para mejorar la calidad del aire, entre ellos reducir la contaminación”.
Por su parte, el ministro Juan Carlos Jobet valoró las temáticas abordadas en el informe y las enlazó a los esfuerzos que ha realizado el Ministerio de Energía para abordar el cambio climático y la contaminación atmosférica en la zona centro sur del país.
“Nosotros tenemos plena conciencia de que el sector energía es responsable del 80% de las emisiones de gases de efecto invernadero en nuestro país y que, por tanto, el sector energía tiene que rápidamente transformarse para pasar a ser parte de la solución. La carbono neutralidad al 2050 y nuestra Contribución Nacionalmente Determinada al 2030, son compromisos que orientan el trabajo en el Ministerio de Energía, donde estamos en un plan muy ambicioso de reemplazar el carbón en nuestra matriz de generación eléctrica”, destacó Juan Carlos Jobet.
El aire que respiramos
El Informe a las Naciones “El aire que respiramos: pasado, presente y futuro – Contaminación atmosférica por MP2,5 en el centro y sur de Chile”, se enfocó en el rol que tiene el sector residencial como emisor de material particulado fino respirable MP2,5, cuyas partículas son de un tamaño inferior a 2,5 micrones, es decir, 20 veces más pequeñas que un cabello humano, y que es el principal factor de la contaminación atmosférica en la zona centro y sur de Chile.
Nicolás Huneeus, investigador del (CR)2 y académico del Departamento de Geofísica FCFM U. de Chile, fue el encargado de dar a conocer los resultados en esta oportunidad, así como también de liderar el desarrollo de la investigación interdisciplinaria para elaborar tanto el documento principal, como los productos asociados, entre los que se encuentra el Explorador de Calidad del Aire .
“En esta oportunidad, nos centramos en caracterizar el estado actual de la contaminación del aire por material particulado MP2,5 en la zona centro y sur de Chile y su posible evolución para el futuro, porque es el principal problema atmosférico que se tiene en esos sectores y, como ya lo decía el ministro, no solo quisimos tomar la visión físico química del problema sino que también quisimos abordar los aspectos económicos, socioculturales y sociotécnicos asociados a la contaminación atmosférica”, comentó el investigador.
Dentro de las problemáticas asociadas a la contaminación atmosférica por MP2,5, se sabe que es la causa alrededor de 3.000 hospitalizaciones y cerca de 4.500 muertes al año en Chile. En este sentido, son múltiples las actividades humanas que influyen en los niveles de emisión de este contaminante, como el transporte, la industria y el uso de leña en los hogares. Las condiciones meteorológicas también juegan un rol en la contaminación atmosférica, las que se verían afectadas por el cambio climático. Además, las proyecciones indican que las actuales políticas de calidad del aire no serían suficientes para cumplir con la norma diaria de calidad del aire.
“Los actuales esfuerzos para mejorar la calidad del aire están lejos de ser suficientes. Es primordial comprender que la contaminación atmosférica es un problema ambiental de gran complejidad, que requiere medidas más ambiciosas e integrales que las actuales, apuntando al mejoramiento de la calidad de las viviendas, y que combustibles y tecnologías menos contaminantes sean más asequibles a la población”, concluyó Nicolás Huneeus.
Para finalizar, se realizó un panel de conversación en donde se profundizó el vínculo entre salud y calidad del aire, en donde participaron las y los investigadores del (CR)2 Eugenia Gayó, investigadora del Centro de Ecología Aplicada y Sustentabilidad UC; Macarena Valdés, académica de la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Chile; Anahí Urquiza, coordinadora de la Red de Pobreza Energética y académica de FACSO Universidad de Chile y Nicolás Huneeus, académico del Departamento de Geofísica FCFM U. de Chile, el que puedes volver a ver haciendo clic aquí.
Para conocer los productos asociados y revisar el informe a las naciones “El aire que respiramos: pasado, presente y futuro – Contaminación atmosférica por MP2,5 en el centro y sur de Chile” visita el sitio web http://www.cr2.cl/contaminacion/

Infografia: pobreza energética y confinamiento

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El deber ético del Estado frente a la contaminación


Combatir los problemas de contaminación del aire en Chile es una de las tareas a los que venimos haciendo alusión, en particular, la contaminación en el sur del país producida por la combustión de leña, la cual, requiere particular atención pues conlleva una serie de por atender, observar y mejorar.

“¡Qué traje tan magnífico! ¡Qué bordados tan exquisitos! Hasta que en medio de los elogios se oyó a un niño que dijo: – ¡Pero si está desnudo!” (El traje nuevo del emperador– Hans Christian Andersen). A través de la enseñanza de esta inocente fábula, quisiéramos darle cuerpo a ese clamor que la ciudadanía expresaba, mas no era oída: sólo porque todo el mundo—gobierno y expertos de la inteligencia artificial— crea que algo es verdad, no significa que lo sea; y sí, es la gente y su realidad aquel niño que devela la desnudez del emperador.

No se trata de un alegato contra quienes democráticamente detentan el poder, ni contra aquellos que meritocráticamente desarrollan una disciplina es, por el contrario, un llamado, o más bien un ruego hacia una ética de responsabilidad para con los ciudadanos/as basada en los derechos fundamentales. Y es aquí donde entra la reflexión sobre el aire que estamos respirando y sobre la calidad y el acceso a la calefacción en nuestro país.

De acuerdo con la encuesta nacional de medio ambiente 2018, el principal problema ambiental que afecta a los chilenos y chilenas es la contaminación del aire. Esta es una percepción generalizada a lo largo del país y es especialmente destacable en las regiones de Aysén, La Araucanía y Ñuble. Esta percepción tiene una razón de ser, porque el Cuarto Reporte del Estado del Medio Ambiente del (MMA) indica que en Chile más de nueve millones de personas están expuestas a niveles de contaminación del aire por sobre las normas internacionales. Esto ha provocado miles de muertes prematuras al año en el último tiempo.

Por ello, no resulta concebible en un Estado democrático de derecho, responsable frente a sus ciudadanos y respetuoso de la vida de todos y cada uno de ellos, que siga permitiéndose —bajo premisas económicas o análisis costo/beneficio— la existencia de “umbrales de tolerancia aceptables” o peor aún las llamadas “zonas de sacrificio”. Por el contrario, un Estado, movido por una ética de responsabilidad para con su sociedad, debe a lo menos, obrar bajo premisas de precaución, es decir, que frente a sospechas fundadas de que ciertos productos, tecnologías o eventos que podrían crear un riesgo grave para la salud pública o el medio ambiente, debe tomar medidas sin esperar que se cuente con una prueba científica definitiva.

En otras palabras, el Estado debe ser capaz de identificar los efectos potencialmente negativos; evaluar la situación a la luz de los datos científicos disponibles; reconocer el margen de incertidumbre científica que se genera, y finalmente promover y aceptar la participación de todos los interesados.

Combatir los problemas de contaminación del aire en Chile es una de las tareas a los que venimos haciendo alusión, en particular, la contaminación en el sur del país producida por la combustión de leña, la cual, requiere particular atención pues, además de su impacto en el medioambiente, y en la salud de quienes están expuestos, conlleva una serie de por atender, observar y mejorar. La comercialización de leña seca, la informalidad del negocio y las condiciones precarias en las que trabajan muchas personas que cortan y venden este combustible son problemas que se deben abordar de forma sincronizada y efectiva. Hasta aquí ni siquiera hemos hablado de la sostenibilidad del bosque que se asume como renovable. Sin embargo, no hay certeza que se esté manejando de forma sostenible para suministrar toda la leña que se utiliza en Chile para calentar casas o preparar los alimentos.

Es imposible negar que no se hayan realizado esfuerzos por suministrar energía limpia y sostenible, pero si es claro que los esfuerzos no han sido organizados para darle efectividad a la tarea de descontaminar las ciudades del centro-sur en invierno. Una de las opciones para llevar a cabo esta tarea es la promoción del uso de la energía geotérmica, energía limpia y cuyo potencial en nuestro país es abundante. Además es la única energía renovable que funciona independiente del clima y estable durante las 24 horas. Sin embargo, la energía que está bajo nuestros pies, no ha sido prioridad en las políticas públicas.

Estudios y datos científicos son tajantes: en la medida que avance el invierno más aumentan las enfermedades respiratorias, esto dado por el frío y también por la contaminación. Todo parece indicar que la pandemia del coronavirus comenzará a mostrarnos su peor cara en las siguientes semanas invernales y es ahora cuando debemos aprender las lecciones de países que han logrado salir airosos en sus esfuerzos para combatir la crisis sanitaria. Además queda en evidencia que se necesita un plan por parte del gobierno, la participación ciudadana el fortalecimiento de los gobiernos locales, quienes a fin de cuentas son quienes mejores conocen las necesidades inmediatas de la población.

Hoy es el momento de armar una estrategia co-construída y optar por las energías renovables, locales y no contaminantes, es una oportunidad única de fortalecer los instrumentos de gobierno local —como las ordenanzas municipales— no olvidando el debate constituyente que hemos dejado pendiente y con el imperativo de que los chilenos y chilenas respiremos un aire limpio.

CONTAMINACIÓN Y ENFERMEDADES RESPIRATORIAS

Es conocido el efecto de la contaminación del aire sobre enfermedades respiratorias, cardiovasculares y cánceres, particularmente en sectores socialmente vulnerables[1]. Existen antecedentes de que la contaminación atmosférica aumenta la tasa de incidencia y mortalidad de las enfermedades respiratorias. En 2002, el síndrome respiratorio agudo causado por un virus genéticamente similar al actual coronavirus tuvo una letalidad promedio cercana al 6,6% en ciudades de China. Recientemente, en la provincia china de Shandong, se estudió la correlación diaria entre contaminantes como material particulado fino (MP2, 5) y grueso (MP10), monóxido de carbono (CO), dióxido de azufre (SO2) y dióxido de nitrógeno (NO2) y la incidencia de enfermedades respiratorias. De acuerdo con este estudio, cuando aumenta la concentración diaria de estos contaminantes aumenta también la incidencia de éstas[2].

Actualmente existe evidencia en Estados Unidos[3] e Inglaterra[4] acerca del rol de los contaminantes en la dispersión e incidencia de COVID-19. Tanto el sentido común como el principio precautorio llevan a pensar que, aunque no tengamos certeza absoluta sobre la transmisión aérea del virus, la calidad del aire debería ser un factor relevante por consideraren esta pandemia.

Julián Cortés. Investigador del Programa de Riesgo Sísmico, Universidad de Chile.

Mauricio Muñoz. Investigador del CEGA -Centro de Excelencia en Geotermia de Los Andes

Reportaje disponible en el dinamo

Calidad del aire y COVID-19: ¿cómo enfrentar la emergencia sanitaria en un contexto de pobreza de energía?


Gran parte de las familias chilenas no logra satisfacer sus necesidades energéticas con los ingresos que percibe, razón por la cual la pobreza de energía es uno de los elementos relevantes en el análisis. La leña es relativamente barata, en especial cuando se compara con otros combustibles y, como ningún otro, tiene la gran ventaja de que puede ser recolectada, lo que permite transformar tiempo en dinero. Como consecuencia, prohibir la leña resultaría en una menor temperatura dentro de la vivienda y en un aumento de la humedad relativa. Al respecto, diversos estudios señalan que pasar largos periodos en viviendas frías y húmedas es negativo para la salud física y mental de las personas y aumenta la vulnerabilidad del sistema respiratorio, por lo que el efecto de COVID-19 podría agudizarse.

Diversos artículos muestran que la contaminación atmosférica contribuye a la dispersión de COVID-19, lo que sería complejo para las ciudades del centro y sur de Chile, cuya calefacción depende del uso de leña. Esto ha alimentado el debate en torno a la idea de prohibir el consumo de este combustible en ciudades que han sido declaradas zonas saturadas por material particulado fino (MP2,5).

Si bien la combustión residencial de leña es la principal fuente de MP2,5, es necesario hacer un análisis más amplio que considere todos los factores que están en juego y que en conjunto determinan los altos niveles de contaminación atmosférica.

Gran parte de las familias chilenas no logra satisfacer sus necesidades energéticas con los ingresos que percibe, razón por la cual la pobreza de energía es uno de los elementos relevantes en el análisis. La leña es relativamente barata, en especial cuando se compara con otros combustibles y, como ningún otro, tiene la gran ventaja de que puede ser recolectada, lo que permite transformar tiempo en dinero. Como consecuencia, prohibir la leña resultaría en una menor temperatura dentro de la vivienda y en un aumento de la humedad relativa. Al respecto, diversos estudios señalan que pasar largos periodos en viviendas frías y húmedas es negativo para la salud física y mental de las personas y aumenta la vulnerabilidad del sistema respiratorio, por lo que el efecto de COVID-19 podría agudizarse.

Las viviendas mal aisladas constituyen otro de los factores incidentes. La normativa térmica chilena comenzó a implementarse el 2007, lo que implica que el 80% de las viviendas existentes en Chile, que fueron construidas con anterioridad a la norma, tienen muy mala aislación térmica. Esto resulta en un despilfarro de energía, dinero y un aumento innecesario de la contaminación, por cuanto la ineficiencia de las viviendas tiene como consecuencia que los hogares requieran grandes cantidades de combustible para alcanzar una temperatura de confort.

Además, la escasa “masa térmica” de las estufas a leña, es decir, la poca capacidad de este tipo de calefactores para acumular calor en su estructura sin necesidad de estar encendidos, implica tener que hacerlos funcionar con el tiraje cerrado o casi cerrado, lo que aumenta hasta en 10 veces la emisión de MP2,5. Los actuales calefactores a leña son una “trampa tecnológica”, en la medida que generan beneficios hacia el interior de la vivienda, pero enormes costos hacia el exterior, como una alta contaminación.

Nos enfrentamos entonces a un dilema: prohibir la leña con el fin de reducir la contaminación atmosférica, lo que va a empeorar las condiciones de confort térmico al interior de las viviendas, o pensar en una estrategia distinta que ataque las causas del problema y no el síntoma.

En el corto plazo, cobra especial relevancia entregar información que promueva el uso adecuado de viviendas y calefactores (evitar el cierre del tiraje y consumir leña seca); implementar mejoras de bajo costo con respecto a la hermeticidad y el desempeño térmico de las viviendas; promover el reemplazo de calefactores a leña en sectores de ingresos medios y altos, por calefactores de pellets u otros; y acelerar los programas de reacondicionamiento térmico de viviendas en sectores más vulnerables, lo que sería una buena manera de reducir la exposición de las personas al frío y los contaminantes.

En el mediano plazo, es importante que Chile avance en una agenda que permita mejorar la aislación térmica de las viviendas, a partir de una estrategia integral que aborde aspectos de financiamiento, capacidades técnicas de empresas y profesionales, y la concientización de los usuarios. Los beneficios de una iniciativa como esta han sido ampliamente estudiados y documentados, pero requieren coordinación y voluntad política.

Claramente, un problema complejo como este, que tiene componentes culturales, económicos, ambientales y tecnológicos, tiene que ser enfrentado multisectorialmente, con una visión holística de sus causas y consecuencias. Abordar la emergencia sanitaria a partir de prohibiciones, puede llevar a soluciones que terminen por enfrentar el síntoma y no la enfermedad.

René Reyes.

Alejandra Shueftan.

Reportaje disponible en el mostrador

COVID-19, pobreza energética y contaminación: redefiniendo la vulnerabilidad en el centro-sur de Chile


A través del análisis de cómo los hogares se calefaccionan en el centro-sur de Chile los autores y autoras de esta columna muestran una dimensión no considerada del COVID-19: allí donde se recurre masivamente a la leña en invierno y las viviendas tienen mala aislación, el virus contará con condiciones muy favorables. Trabajando con Valdivia como caso de estudio, y usando el concepto de “pobreza energética”, muestran que el 25% de los hogares de menores ingresos tiene que recurrir a sistemas de calefacción contaminantes o definitivamente pasar frío. La columna advierte que el consumo de leña es también elevado en los sectores de altos ingresos. Sugieren políticas urgentes y de mediano plazo de modo de mejorar la aislación de las viviendas y el uso de energías limpias y sostenibles.

Gentileza: Ciper Académico.
Autores:  Felipe Encinas, Ricardo Truffello,
Anahí Urquiza y Macarena Valdés

15 de Mayo de 2020 en ciperchile.cl disponible aquí

Las ciudades del centro-sur de nuestro país han estado entre las más contaminadas del mundo en varias ocasiones, superando urbes norteamericanas y europeas, y con niveles similares a los reportados en algunas ciudades chinas. Teniendo en cuenta la pandemia del SARS-CoV-2, es clave analizar la importancia que tendrá la calidad del aire en cuanto a la morbilidad y mortalidad que afectará a las ciudades del país, especialmente en el centro-sur.

Si bien las medidas de cuarentena en otros países y en ciudades como Santiago han disminuido la contaminación atmosférica, que en general se asocia al transporte y la actividad de las industrias, en las ciudades del centro-sur de Chile podría ocurrir lo contrario, debido a que una mayor permanencia y uso de la vivienda durante el invierno va a implicar un mayor uso de los calefactores a leña, lo que se podría traducir en un aumento del material particulado fino.

En este contexto, resulta urgente mitigar la demanda sanitaria a través de acciones dirigidas a mantener la calidad de aire. En busca de antecedentes que permitan adoptar medidas, este artículo aborda el caso de la ciudad de Valdivia desde el concepto de pobreza energética. Valdivia es la capital de la Región de Los Ríos, y presenta un uso intensivo de leña para calefacción.

CONTAMINACIÓN Y ENFERMEDADES RESPIRATORIAS

Es conocido el efecto de la contaminación del aire sobre enfermedades respiratorias, cardiovasculares y cánceres, particularmente en sectores socialmente vulnerables[1]. Existen antecedentes de que la contaminación atmosférica aumenta la tasa de incidencia y mortalidad de las enfermedades respiratorias. En 2002, el síndrome respiratorio agudo causado por un virus genéticamente similar al actual coronavirus tuvo una letalidad promedio cercana al 6,6% en ciudades de China. Recientemente, en la provincia china de Shandong, se estudió la correlación diaria entre contaminantes como material particulado fino (MP2, 5) y grueso (MP10), monóxido de carbono (CO), dióxido de azufre (SO2) y dióxido de nitrógeno (NO2) y la incidencia de enfermedades respiratorias. De acuerdo con este estudio, cuando aumenta la concentración diaria de estos contaminantes aumenta también la incidencia de éstas[2].

Actualmente existe evidencia en Estados Unidos[3] e Inglaterra[4] acerca del rol de los contaminantes en la dispersión e incidencia de COVID-19. Tanto el sentido común como el principio precautorio llevan a pensar que, aunque no tengamos certeza absoluta sobre la transmisión aérea del virus, la calidad del aire debería ser un factor relevante por consideraren esta pandemia.

LA POBREZA ENERGÉTICA COMO BASE DEL PROBLEMA

La contaminación atmosférica generada a partir del uso de leña requiere un abordaje integrado para entender las condiciones que favorecen su uso intensivo, y las causas que han impedido lograr controlarla. El concepto de pobreza energética posibilita comprender mejor el uso de leña como combustible, considerando su asequibilidad (precio relativo en comparación a otras fuentes de energía), su accesibilidad (posibilidad de autoabastecerse a través de recolección) y su capacidad calorífica. Este último aspecto es muy relevante en un contexto ambiental caracterizado por el frío y la humedad.

La pobreza energética, considerada como una forma de privación distinta de la pobreza de ingresos, y que releva las dificultades de acceso a energía de calidad[5], ha sido asociada a tres causas principales: bajos niveles de ingresos, altos costos de energía y bajos niveles de eficiencia energética residencial[6]. En ciudades como Talca, Chillán, Temuco, Valdivia y Osorno estos tres aspectos aparecen con extraordinaria claridad: la alta demanda de leña para calefacción es consecuencia directa de la ineficiencia térmica de las viviendas, luego, las familias deben destinar un alto porcentaje de sus ingresos a calefacción (no pudiendo acceder a alternativas menos contaminantes) y quedando expuestos a condiciones intradomicilarias deficientes en términos de temperatura, humedad y calidad del aire.

La precariedad del ambiente intradomiciliario, que afecta a gran parte de la población del centro-sur de Chile, tiene consecuencias negativas para la salud física y mental de las personas, y aumenta su vulnerabilidad frente a enfermedades que atacan al sistema respiratorio.

Dado que este es un problema complejo, su abordaje requiere de una mirada interdisciplinaria y multisectorial, que vaya más allá de prohibir lo que parece ser la causa del problema, combinando estrategias de corto, mediano y largo plazo. Identificar los factores que inciden en la precariedad del ambiente intradomiciliario es clave para enfrentar esta emergencia y focalizar acciones para proteger a los grupos más vulnerables.

A continuación, abordaremos la problemática que vincula la contaminación del aire con COVID-19, desde la pobreza energética, tomando Valdivia como caso de estudio. Esto nos permitiría redefinir la vulnerabilidad en el contexto de la pandemia con fuertes implicancias urbanas, ambientales y sociales.

VALDIVIA COMO CASO DE ESTUDIO

Estudios recientes del Instituto Forestal muestran que la concentración de material particulado fino al interior de las viviendas es significativa (25 μg/m3, promedio 24 horas), aunque mucho menor al registrado al exterior de la vivienda (56 μg/m3, promedio 24 horas)[7]. De todas maneras, ese nivel de material particulado fino dentro de la vivienda puede ser suficientemente alto para generar daños en la salud de las personas si se mantiene por periodos prolongados[8],[9].

Por otra parte, el 25% de las familias están sometidas a un estrés económico agudo y permanente, en el cual el abastecimiento de energía es secundario ante las dificultades que tienen para alimentarse, vestirse, transportarse, y acceder a educación y salud. En los hogares más vulnerables se observan estrategias alternativas para el abastecimiento de energía, como la recolección de leña en el interior o en torno a la ciudad, la quema de desechos (como madera de desecho, cartón, plásticos o ropa en desuso), la existencia de conexiones eléctricas ilegales, o simplemente una mayor tolerancia a condiciones ambientales desfavorables dentro del hogar. Considerando sólo los meses de invierno, el 60% de los hogares de Valdivia podrían estar en un estado de pobreza energética (en su definición más tradicional), ya que utilizan más del 10% de sus ingresos para satisfacer necesidades de energía.

La Figura 1 muestra la distribución del consumo de leña por hectárea en Valdivia. Las áreas de color rojo oscuro representan alto consumo de leña y tienden a concentrarse en las poblaciones Altos de Mahuiza, Pablo Neruda, Yáñez-Zabala, y los Ediles hacia el sur, en el sector conocido como CORVI hacia el este, y en torno al Parque Kramer (centro del polígono urbano), que es justamente donde se encuentra la estación de monitoreo de la calidad del aire de la ciudad. Un menor consumo de leña se observa en Isla Teja, el sector de Collico, y en general, en torno a los ríos que cruzan Valdivia. Esto quiere decir que la contaminación atmosférica no afecta a todos por igual, concentrándose en ciertas áreas.

La Figura 2 muestra áreas de la ciudad donde existe una mayor concentración de adultos mayores (vulnerabilidad a COVID-19), los que tienden a agruparse hacia el sur y sureste de la ciudad (poblaciones Altos de Mahuiza, Los Ediles, Pablo Neruda, Yáñez-Zabala, Picarte 4000, Rubén Darío y CORVI, entre otras).

La vulnerabilidad de las personas a la contaminación atmosférica, y por extensión a COVID-19, también varía en los distintos sectores.

Una tendencia similar se observa en la Figura 3, que muestra zonas donde existe una mayor concentración de familias pertenecientes a los primeros tres deciles de ingreso, es decir, familias con una mayor vulnerabilidad económica y social, lo cual es coincidente con la precariedad de la vivienda (se define como vivienda irrecuperable todas aquellas no susceptibles de arreglar debido a que se encuentran construidas en base a material de desecho o muy precario – definición Ministerio de Desarrollo Social) (Figura 4). El estado de la vivienda es probablemente uno de los factores más relevantes en este análisis, en términos del impacto potencial que el frío, la humedad y la contaminación atmosférica puedan tener en la salud de las personas que las habitan y, por tanto, debería ser uno de los ejes para abordar el problema a mediano plazo.

Al superponer las figuras, se observa que hay zonas de la ciudad que tienen un alto consumo de leña, como Villa del Rey, Parque Kramer y Bosque Sur, entre otros, que pertenecen a estratos sociales medios y medio-altos, donde sería posible avanzar hacia el reemplazo de estufas a leña por otras tecnologías, sin necesidad de subsidios o al menos sin que el Estado haga un esfuerzo significativo.

Al mismo tiempo, existen otras áreas que, si bien tienen una alta concentración de familias en los tres primeros deciles de ingreso, no están en las zonas más críticas en términos de contaminación atmosférica y vulnerabilidad socioambiental. En consecuencia, el esfuerzo público debería focalizarse en aquellos barrios donde el impacto social se maximiza, como las poblaciones que se ubican hacia el sur y sureste de la ciudad. En especial, aquellos donde el estado de las viviendas y la presencia de adultos mayores es más crítico: Altos de Mahuiza, Pablo Neruda y Yáñez-Zabala, por mencionar algunos.

A partir del consumo de leña se estableció un cálculo del estadístico LISA[10] que permite ver el grado de aglomeración de dicho consumo, es decir cuales con las manzanas que tiene un alto consumo por persona, rodeadas de manzanas similares (high–high Clúster, en rojo) y aquellas zonas en donde el comportamiento es más de enclave (high–low Outliers, en rosado), es decir manzanas de alto consumo rodeadas de manzanas de consumo bajo.

En tal sentido destaca la aglomeración alto consumo de la parte sur de la ciudad de Valdivia sumado al alto consumo del sector de Barrios Bajos (sectores de ingresos medios a altos); de esta forma se produce un equilibrio entre el alto consumo de las clases más alta (no aglomerado por menor densidad, pero si auto segregado[11]– ver Figura 1) y el alto consumo de los sectores más vulnerables del sur de la ciudad de Valdivia, que en este caso se aglomera espacialmente (ver Figura 5) producto de la mayor densidad de población asociado al menor tamaño de las viviendas y sitios.

REDEFINIENDO LA VULNERABILIDAD EN EL CENTRO-SUR DE CHILE

La información que hoy tenemos sobre pobreza energética asociada a uso de leña es limitada. Sin embargo, lo que está disponible es suficiente para indicar que un porcentaje muy importante de los habitantes del centro-sur de nuestro país está sometido a condiciones desfavorables de acceso a la energía para lograr confort térmico en sus hogares. Como consecuencia, la población enfrenta una carga económica importante asociada a la compra de energía para calefacción, llevándola a preferir combustibles de mala calidad, pero a precio asequible, con múltiples consecuencias para la salud[12].

En un contexto de pandemia como el que se enfrentará este invierno, la situación no solo será dramática por las deficientes condiciones de contaminación y sobrecarga de los servicios de salud por enfermedades respiratorias, sino que además se profundizará por las condiciones específicas que impone el COVID-19, tales como el aislamiento y distanciamiento social.

La contaminación atmosférica es uno de los principales problemas ambientales que aqueja a nuestro país, sin duda es momento de enfrentarlo de otra manera. Es evidente la necesidad de mejorar las condiciones de aislación térmica de las viviendas, el acceso a fuentes energéticas de mejor calidad y la protección de la población vulnerable a partir del refuerzo del sistema de salud.

Tendremos que implementar medidas de urgencia, pero también acompañarlas de medidas más estructurales de mediano y largo plazo. En este sentido, se ha avanzado con la implementación de Planes de Descontaminación Atmosférica (PDA) en las grandes ciudades de la zona centro-sur de país, pero se requiere ampliar estas estrategias a otras ciudades de menor tamaño. El mejoramiento de las viviendas para la reducción del consumo energético, la transición hacia energías limpias y sostenibles, y el mejoramiento del acceso a confort térmico son elementos clave para avanzar en los desafíos de desarrollo sustentable del siglo XXI.

Reportaje disponible en ciperchile.cl

NOTAS Y REFERENCIAS

[1]Mannucci, P., &Franchini, M. (2017). Health Effects of Ambient Air Pollution in Developing Countries. International Journal of Environmental Research and Public Health, 14(9), 1048. Disponible aquí.
[2] Su, W., Wu, X., Geng, X., Zhao, X., Liu, Q., & Liu, T. (2019). The short-term effects of air pollutants on influenza-like illness in Jinan, China. BMC Public Health, 19(1), 1–12. Disponible aquí.
[3] Wu, X. et al. Exposure to air pollution and COVID-19 mortality in the United States: A nationwide cross-sectional study. (2020). MedRxiv. Disponible aquí.
[4] Travaglio, M., Yu, Y., Popovic, R., Santos Leal, N., & Martins, L. M. (2020). Links between air pollution and COVID-19 in England. MedRxiv. Disponible aquí.
[5] Urquiza, Amigo, Billi, Calvo, Labraña, Oyarzún, Valencia (2019). Quality as a hidden dimension of energy poverty in middle-development countries. Literature review and case study from Chile.  Energy and Buildings 204. Disponible aquí.
[6] Boardman, B. (2010). Fixing Fuel Poverty: Challenges and Solutions. London: Earthscan.
[7] Reyes, R., Schueftan, A., Ruiz, C., & González, A. (2019). Controlling air pollution in a context of high energy poverty levels in southern Chile: Clean air but colder houses? Energy Policy, 124, 301-311.
[8] Bernstein, J.A., Alexis, N., Bacchus, H., Bernstein, L., Fritz, P., Horner, E., Li, N., Mason, S., Nel, A., Oullette, J., Reijula, K., Reponen, T., Seltzer, J., Smith, A., &Tarlo, S.M. (2008). The health effects of nonindustrial indoor air pollution. American Academy of Allergy, Asthma & Immunology, 121(3), 585-591.
[9]WHO. (2005). Air quality guidelines for particulate matter, ozone, nitrogen dioxide and sulfur dioxide Global update 2005. Summary of risk assessment. World Health Organization. Disponible aquí.
[10] Anselin, L. (2010). Local Indicators of Spatial Association-LISA. Geographical Analysis, 27(2), 93–115. Disponible aquí. El indicador calcula el Z-Score (observación – promedio/ desviación estándar) en función de una matriz de pesos espaciales (w) que para este caso particular está modelada en 1600 metros. Con eso el algoritmo determina 5 tipologías: las no significativas, que no pasaron el valor p=0.95, que son las manzanas no pintadas; las HH que son manzanas de alto consumo de leña anual rodeadas de manzanas de igual tipo; HL que son outliers, en este caso enclaves de alto consumo rodeados de bajo; LL bajo consumo rodeado de bajo y LH outliers de bajo consumo rodeados de alto.
[11]Sabatini, F., Cáceres, G., & Cerda, J. (2001). Segregación residencial en las principales ciudades chilenas: Tendencias de las tres últimas décadas y posibles cursos de acción. EURE, 27(82), 21–42. Disponible aquí.
[12]Red de Pobreza Energética (2019). Pobreza Energética. El acceso desigual a energía de calidad como barrera para el desarrollo en Chile. Policy Paper. Disponible aquí.

Académicos advierten riesgo de un invierno con más contaminación pese a medidas restrictivas por COVID-19

Observaciones satelitales de la Agencia Espacial Europea y de la Nasa muestran que la disminución de la actividad humana producto del COVID-19 ha incidido en una baja de las emisiones de gases contaminantes en China y Europa de entre un 25 a un 40 por ciento. Académicos de la U. de Chile plantean que una situación distinta podría vivir nuestro país durante el invierno. El escenario sería especialmente complejo en la zona centro-sur, donde el incremento de emisiones configuraría una verdadera “tormenta perfecta” sobre la salud de la población.

 

Gentileza: Prensa UChile, por Cristian Fuentes
China, el país que más contaminantes libera a la atmósfera, redujo significativamente sus emisiones en los últimos meses debido a las medidas adoptadas ante la emergencia sanitaria originada por el SARS-CoV-2. Así lo evidencia la observación desde el espacio realizada por la Administración Nacional de la Aeronáutica y del Espacio de Estados Unidos (Nasa) y la Agencia Espacial Europea -esta última a través de la red de monitoreo Copernicus-, entidades que verificaron el mismo fenómeno en Europa tras comparar imágenes de estos territorios antes y durante la pandemia.
Las cuarentenas, restricciones al movimiento de personas y paralizaciones productivas han significado una caída sorprendente en los niveles de dióxido de nitrógeno (NO2) -uno de los principales contaminantes producidos por la combustión en las ciudades- de entre un 25 a un 40 por ciento. Esto ha revelado de manera gráfica el impacto de la actividad humana en la atmósfera. Pero este paradójico efecto colateral de la crisis sanitaria es apenas un respiro para el planeta, afirman los académicos de la Universidad de Chile e investigadores del Centro de Ciencia del Clima y la Resiliencia (CR)2, Nicolás Huneeus y Anahí Urquiza, quienes advierten además la posibilidad de que la próxima reactivación económica sea a costa del medio ambiente.

Fenómeno temporal

Ambos académicos recalcan que este fenómeno es de carácter temporal, circunscrito a la crisis que atravesamos, y que no tendría mayor incidencia en la mitigación del calentamiento global. “Este es un evento que va a tener un efecto pasajero en términos de contaminación y moderado en relación al cambio climático, principalmente por la permanencia de los gases de efecto invernadero en la atmósfera”, comenta Nicolás Huneeus, académico del Departamento de Geofísica de la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas de la Universidad de Chile.

En este sentido, marca una diferencia entre la dinámica de los gases de efecto invernadero directo, como el dióxido de carbono (CO2), y los “contaminantes criterio”, como el dióxido de nitrógeno (NO2), que son los que se han mostrado a través de la observación satelital. “Los gases de efecto invernadero perduran mucho tiempo en la atmósfera, estamos hablando desde décadas hasta cientos de años. Mientras que los gases criterio, los contaminantes que afectan la calidad del aire, duran relativamente poco, del orden de un par de días hasta algunas semanas. Por lo tanto, la reducción que ocurra en este período de pandemia va a tener un impacto muy menor a futuro, porque las emisiones de ahora se superponen con las anteriores y las venideras”, afirma.

Estas imágenes reflejan “cómo cuando limitamos nuestra actividad, inmediatamente existe algún nivel de recuperación. Pero no hay que engañarse, porque la recuperación es muy acotada a los espacios donde se deja de generar contaminación directa, y en ningún caso es algo que permita una reducción de las emisiones en el largo plazo”, comenta la profesora Anahí Urquiza.

Una bomba de tiempo

El fenómeno de la disminución de contaminantes visto en Asia y Europa sería algo distinto en Chile, tanto por la matriz de emisiones a nivel local como por el invierno que se avecina. Nicolás Huneeus indica, en primer lugar, que nuestra realidad difiere de la europea, que cuenta con sistemas de calefacción menos contaminantes en términos de material particulado, o de lo que ocurre en China, donde parte importante de las emisiones están asociadas a la industria.

Plantea que el hecho de que las personas estén en sus casas, disminuya el transporte y haya menor actividad humana en general hace que bajen las emisiones. Sin embargo, “una de las mayores fuentes de contaminación en ciudades de la zona centro-sur es la calefacción, particularmente aquella generada a partir de la leña. Por lo tanto, si esto se alarga durante el invierno es probable que tengamos el efecto contrario, que el COVID-19 en vez de reducir la contaminación la aumente, porque la gente se quedará más en sus casas y las calefaccionarán para tener una temperatura de confort. Puede que haya más emisiones y contaminación incluso en horarios en que normalmente se mantienen más bajas”, advierte.

Esta situación representaría una verdadera bomba de tiempo para la salud de la población, advierte la profesora Urquiza. “Ya hay estudios en Italia que indican que la contaminación por material particulado favorecería la transmisión del virus. El contagio en las ciudades del sur va a ser muy significativo. En general, los centros de salud en invierno están colapsados por las enfermedades respiratorias y por la misma leña, que es la forma más barata de calefaccionarse. Esto pondrá una presión muy grande sobre el sistema de salud, y hoy deberíamos estar conversando en mesas transversales de trabajo para implementar medidas urgentes”.

Economía por sobre el medioambiente

El mayor temor de ambos académicos es que las medidas pro crecimiento que se impulsen tras la crisis para reactivar la economía sean a costa del medio ambiente. “En general, cuando hay crisis económicas o algún tipo de crisis que hace reducir las emisiones, lo que viene después es un repunte que las hace crecer con la misma intensidad o más que en el período anterior”, señala el profesor Huneeus.

Este respiro para el planeta, sostiene, puede ser un arma de doble filo, “porque su impacto sobre la calidad del aire es muy limitado en el tiempo. Cuando las cosas vuelvan a la normalidad, es probable que el escenario sea incluso peor que antes, porque las industrias y el transporte emitirán más. De hecho, las productoras de energía en Estados Unidos ya están pidiendo permiso para relajar las restricciones”. Por esto, concluye, el desafío es el desarrollo de políticas de largo plazo que permitan una reestructuración de la matriz de emisiones.

Esta pausa, alerta la profesora Urquiza, puede ser una trampa, porque “la gran preocupación va a ser cómo reactivamos la economía, y la forma más fácil de hacerlo es mediante el consumo e incentivando las energías sucias. Esa es la fórmula más fácil y rápida”. Así lo planteó también Maisa Rojas, académica de la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas de la U. de Chile y directora del Centro de Ciencia del Clima y la Resiliencia (CR)2, quien este lunes advirtió de un posible “efecto rebote” tras la salida de la crisis e interpeló al ministro de Hacienda, Ignacio Briones, para que políticas y medidas estén alineadas con la Estrategia Financiera de Cambio Climático de dicha cartera.

Por esta razón, la pandemia y sus efectos medioambientales, afirma la profesora Urquiza, “representan una oportunidad para una transformación profunda hacia un modelo sostenible, que no implique la sobreexplotación de los recursos e integre la mirada de todos los actores sociales y de las distintas disciplinas. Hoy tenemos que empezar a conversar cómo vamos a hacer esto al mismo tiempo que estamos enfrentando la tremenda crisis sanitaria. Si no lo hacemos, vamos a usar las viejas recetas para activar la economía en los próximos meses y eso va a ser fatal en el mediano y largo plazo”.

Noticia Publicada el 2 de Abril de 2020 en uchile.cl, disponible aquí


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