Integrantes de RedPE participan en la actualización de la Política Energética Nacional
El proceso participativo para la actualización de la Política Energética incluye la creación del Comité Consultivo, que tiene como rol entregar recomendaciones de cambios o nuevos contenidos para una política energética de largo plazo actualizada desde una perspectiva política- estratégica de alto nivel.
El Comité Consultivo para la actualización de la Política Energética Nacional fue convocado por el ministro de Energía, Juan Carlos Jobet, en agosto de 2020. Desde diferentes sectores participaron 36 personas en el Comité Consultivo que busca asegurar un balance de criterios para aportar robustez a las recomendaciones entregadas por los y las integrantes.
Anahí Urquiza, académica de la Facultad de Ciencias Sociales UChile, Coordinadora en la Red de Pobreza Energética RedPE e Investigadora Responsable del Fondecyt Nº11180824 “Expresiones territoriales, económicas y socioculturales de la pobreza energética en Chile: un estudio a partir de las diferentes zonas climáticas del país” integró este comité y destacó la presencia de diversos integrantes de la RedPE en las mesas de trabajo temáticas y regionales. “Participar en el Comité Consultivo es un reconocimiento al trabajo colectivo de la Red de Pobreza Energética, donde todas y todos quienes integramos esta organización hemos logrado darle visibilidad a la pobreza energética y a la perspectiva en particular que hemos ido construyendo colaborativamente en estos años” señaló Anahí Urquiza.
En el documento recientemente publicado por el Ministerio de Energía, se explica la metodología utilizada para la construcción de la actualización de política vigente, donde se consideraron en la discusión insumos de otros procesos ligados a la actualización, en particular, talleres regionales ciudadanos y mesas temáticas, actividades donde hubo una activa presencia de integrantes de la Red de Pobreza Energética. El Comité Consultivo en este documento entrega como resultado final seis atributos que sustentan una visión de largo plazo para la energía en Chile: sustentabilidad, resiliencia, inclusividad, eficiencia, accesibilidad y respeto de los derechos humanos. Se ofrecen además 14 grandes mensajes, a los que se asocian cerca de 75 metas.

“El Comité Consultivo de Energía se ha caracterizado por el desarrollo colaborativo, desde múltiples sectores, con una mirada a largo plazo, y desde mi perspectiva, este es uno de los mejores esfuerzos que hemos tenido, a nivel de políticas públicas, porque es capaz de hacerse cargo de una articulación entre diferentes sectores, disciplinas y al menos construir orientaciones comunes. Expertos y expertas que integran la Red de Pobreza Energética participaron muy activamente de forma transversal y eso permitió que de alguna medida la propuesta que se hace esta bien permeada por los esfuerzos de lo que hemos impulsado en materias de pobreza energética” explica Anahí Urquiza.
Ricardo Lobos, Encargado de Formación Ciudadana, de la División de Energías Sostenibles del Ministerio de Energía señala “Se decide que la convocatoria al Comité Consultivo y a las mesas temáticas sean amplias y diversas porque se espera que las políticas públicas se puedan enriquecer y que no dejar a nadie atrás en el diseño, formulación, desarrollo e implementación. Hemos incorporado al debate a todos los actores, para optimizar los procesos que vienen y entender en profundidad las experiencias de cada sector. El Ministerio de Energía ha tenido una continuidad en torno a esta mirada colectiva, amplia y diversa, no exclusivamente a los sectores más duros del área energética, si no que también a las distintas organizaciones u otros que representan a las personas, porque finalmente esto va en beneficios a las personas” explica Ricardo Lobos.
En septiembre de 2020, las y los integrantes de la línea de trabajo “Políticas públicas y modelos de desarrollo” de Red de Pobreza Energética se reunieron con el objetivo de repasar y definir los pilares fundamentales o principios que debían impulsarse en la actualización de la Política Energética Nacional. Paz Araya, coordinadora de esta línea de trabajo e investigadora de RedPE señala, “planteamos impulsar 3 ejes para el debate: i) diversificación de la atención a la energía más allá de la energía eléctrica, con una mirada integral de la energía que considere la producción y consumo de ésta; ii) presencia permanente de la perspectiva territorial, que considere recursos disponibles y desafíos locales; iii) instalar los principios de justicia energética, que desde la Red de Pobreza Energética vemos que son invisibilizados, sobre todo en las llamadas zonas de sacrificio”, puntualiza Paz Araya.
Para Anahí Urquiza, un objetivo alcanzado en este trabajo colaborativo fue instalar la importancia del acceso a energía de calidad y enfrentar la pobreza energética como una problemática compleja, “hoy no solo tenemos que avanzar hacia la carbono – neutralidad, si no que también hay que asumir los desafíos sociales de los Objetivos de Desarrollo Sostenibles OS7 y en conjunto trabajar con los desafíos climáticos para la transición energética. Las investigaciones desarrolladas por la RedPE y los actores en diversos territorios y sectores nos han permitido entender mejor la pobreza energética en nuestro país, y estos trabajos fueron bien acogidos en la Comité Consultivo. Creo que esta participación ampliada nos permite estrechar relaciones, además nos posiciona y consolida en el sector público, en los organismos del estado” explica Anahí Urquiza.
En el documento constata que las temáticas que apuntan a la sustentabilidad social y territorial cobran especial relevancia. Estos grandes mensajes resaltan que la Política Energética debe establecer las metas conducentes a un acceso equitativo a servicios energéticos de calidad a todas las personas, reduciendo la pobreza energética. Para mejorar la calidad de vida de la ciudadanía, estos grandes mensajes abordan la dimensión social y territorial del desarrollo energético, y hacen especial énfasis en la inclusión de ciertos grupos, como los pueblos indígenas y las consideraciones de género, y las características de una transición justa. También se incluyen grandes mensajes relacionados a condiciones sistémicas para contar con energía de manera segura, eficiente y sustentable, como lo es la planificación urbana y la planificación y gestión de los sistemas energéticos en su conjunto para contar con mayor confiabilidad, resiliencia y calidad. Además, se reconoce las particularidades territoriales de la transmisión y su carácter de facilitadora para el desarrollo de otros proyectos energéticos, especialmente renovables, y su aporte a la resiliencia ante el cambio climático.
Ricardo Lobos concluye, “es de esperar que la próxima administración pueda tomar este trabajo, así como lo hizo este gobierno con el trabajo anterior de la Política Energética 2050, porque el ánimo de trabajo fue que esto tiene que tener continuidad por sobre el gobierno de turno. Hemos visto en los debates de este periodo de elecciones que hay un interés por la sustentabilidad, por llevar a cabo este tipo de transición por sobre el gobierno de turno con el apoyo de toda la sociedad y todos los actores que vayan mucho mas allá de un proveedor y/o un consumidor de energía” enfatiza Ricardo Robos.

Los participantes de este Comité Consultivo, que participan directa o indirectamente en la Red de Pobreza Energética, destacamos de esta nómina: Andrea Rudnik, Centro de Ciencia del Clima y la Resiliencia (CR)2; Carlos Finat, ACERA; Claudio Seebach, Generadoras de Chile; Nicola Borregaard, EBP Chile; Sara Larraín, Chile Sustentable y Anahí Urquiza, Red de Pobreza Energética.
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La hora del planeta: una alerta sobre la energía que queremos
Como todos los años, las y los ciudadanos del mundo nos sumamos a “La hora del planeta”. Éste es un llamado y acción global que convoca a apagar la luz y todos los artefactos electrónicos durante una hora, el 27 de marzo, entre 20:30 y 21:30. Cada año, esta acción conlleva al debate respecto del impacto de las acciones puntuales o individuales, y su beneficio real para el planeta. Si ahondamos un poco, la acción de apagar la luz no es antojadiza, puesto que, la energía —en su más amplio sentido— es el mayor contribuyente de gases de efecto invernadero a nivel mundial. Así, el acto simbólico de “apagar la luz” busca que reflexionemos respecto al modelo de desarrollo que tenemos, sobre el que queremos tener y, particularmente, en cómo podemos generar las condiciones para avanzar hacia una economía baja en carbono. En esto, la energía cumple un rol clave.
La hora del planeta no es una mera acción de carácter comunicativo, es una acción que mediante la oscuridad y la paralización busca que tomemos conciencia respecto de la necesidad y urgencia de esfuerzos para una transición energética hacia fuentes de energías más limpias. Asimismo, debemos ser claros en que la transición no es sólo sinónimo de energías renovables y limpias, es también una transformación del paradigma energético, es una crítica a los modelos de desarrollo que han priorizado los rendimientos económicos en desmedro de las comunidades locales, relegadas como costos de transacción y/o (per)zonas de sacrificio.
Chile es un país desigual, pero eso no significa que tengamos que seguir siéndolo. La pandemia hizo aun más visibles esas desigualdades. El estallido social ha puesto de manifiesto una necesidad imperiosa de cambios profundos, de nuevos acuerdos colectivos donde esta vez seamos todos partícipes. Así, se hace perentorio concebir el desarrollo energético del país desde una nueva óptica respecto a los desafíos que impondrá el cambio climático y sus consecuencias socio-naturales.
En Chile tenemos la oportunidad histórica de ponernos a escribir una nueva constitución que enmarcará el país que anhelamos y cómo queremos seguir construyéndolo. Las definiciones que acordemos delinearán no solo el desarrollo económico, sino que social, político y cultural, el rol del Estado y de cada uno de los habitantes del país. Por lo tanto, creemos fundamental que este debate considere a la energía como derecho humano para avanzar en una transición energética justa, garantizando el acceso equitativo a los servicios energéticos de calidad, donde la justicia ambiental, territorial e intergeneracional, además del derecho a una vivienda digna y adecuada sean sus bases fundamentales.
Escribir estas líneas sobre “La hora del planeta” nos recuerda también que somos unos privilegiados por contar con energía para hacer funcionar nuestros equipos electrónicos, iluminarnos, para calentarnos e incluso para refrescarnos. Pero no debemos olvidar que muchos habitantes del país no cuentan con ese privilegio, que no pueden acceder a plataformas digitales para educarse, que pasan inviernos fríos, que usan combustibles contaminantes en sus hogares, no tienen la posibilidad de refrigerar sus alimentos, o viven en zonas contaminadas por la generación de energía. Por ellos y con ellos, debemos escribir nuestra carta magna.

Roxana Bórquez. Investigadora RedPE y CR2

Julián Cortés. Investigador RedPE y ENEAS

Paz Araya. Investigadora RedPE.
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Desarrollo Energético Local, una Oportunidad Sostenible y Participativa
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Equipo de RedPE participa en Cumbre por la Acción Climática
La Sociedad Civil por la Acción Climática SCAC organizó 10 días de actividades dirigidas 100% a reflexionar en torno al medio ambiente y el futuro.
La Cumbre Social por la Acción Climática se realizó del 2 al 11 de diciembre pasado en el Centro Cultural Tío Lalo Parra, Cerrillos. En paralelo a la COP 25 que tuvo lugar en Madrid, diversas organizaciones de la sociedad civil se reunieron para generar múltiples actividades en torno a la crisis climática, la toma de conciencia y compromiso social por el medio ambiente.
“Cuando la COP 25 dejó de ser en Cerrillos y se fue a Madrid fue por un momento muy especial, que es el momento que estamos viviendo. Quizá, nos juntamos a propósito de algo diferente, de algo que venía desde arriba, desde las organizaciones internacionales, pero ahora estamos juntos por algo más importante, que es la definición de qué es lo que queremos como pueblo de Chile para nuestro futuro” señaló Ezio Costa vocero de la SCAC en el ceremonia de apertura de la Cubre por la Acción Climática.
Los organizadores trabajaron en torno a desafíos para lograr detener el avance del calentamiento global. Entre los participantes coincidieron que es necesario tomar medidas como terminar con el uso de carbón como fuente de energía, reforestar con bosque nativo y asegurar el uso del agua para el desarrollo de los ecosistemas que permiten el desarrollo de la vida entre, otras medidas.
La Red de Pobreza Energética y sus miembros asociados fueron invitados a guiar y exponer sobre diversos temas: los usos de la leña, contaminación atmosférica, mitigación de la huella de carbono, entre otros. Además se expuso el Programa de Inclusión Energética de Renca; Vivienda y Confort Térmico – Desafíos de Pobreza Energética en el contexto de Cambio Climático; se presentó la Encuesta Internacional de percepciones sobre Medio Ambiente y Cambio Climático, entre múltiples actividades académicas, talleres y artísticas. Anahí Urquiza, coordinadora de I+D+i de RedPE participó en el foro “Pobreza energética: ¿Cómo asegurar una transición inclusiva?” donde compartió espacio con la directora de Espacio Público, Nicola Borregaard y con Ruben Méndez, gerente de energía local de la consultora EBP. “Hablar de pobreza energética hoy es relevante no solo por las aristas personales, sino también porque un acceso óptimo a las energías tiene impacto en el desarrollo local y nacional. Es relevante que los distintos planes que estén centrados en las realidades y necesidades de cada territorio”, señaló Urquiza.








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Cabildo de la Red ENEAS discute los desafíos socio-ambientales en el proceso constituyente
La instancia impulsada por la Red de Energía, Agua y Sustentabilidad (ENEAS) de la U. de Chile, se constituyó como un espacio de discusión para desarrollar, articular y difundir el conocimiento científico en materia energética, hídrica y de explotación de los recursos naturales en el marco de la nueva constitución planteada por la ciudadanía tras el estallido social.
Gentileza Universidad de Chile

De acuerdo a la contingencia nacional, surge la necesidad de desarrollar un espacio de discusión que se enfoque en los desafíos medioambientales y de gestión de recursos hídricos, desde los diversos procesos formativos integrados. En este escenario, hoy lunes 16 de diciembre la red de Energía, Agua y Sustentabilidad (ENEAS) de la Universidad de Chile, realizó un cabildo abierto para avanzar hacia iniciativas de formación interdisciplinarias que aporten a Chile.
Desde su creación, esta red de formación y articulación en temas socio-ambientales se ha enfocado en contribuir con el desarrollo país, abordando los desafíos del cambio climático y su repercusión en las diversas configuraciones territoriales y comunitarias desde la docencia, la vinculación con el medio y la investigación.
Para la profesora de la Facultad de Ciencias Sociales y coordinadora de la Red transdisiplinaria de Pobreza Energética (RedPE) de la U. de Chile, Anahí Urquiza, “esta instancia busca hacer un aporte concreto en lo que significa agua, energía y sustentabilidad. La idea es poder comenzar a discutir estos temas para incluirlos en el proceso constituyente y dialogar estas iniciativas, potenciando el trabajo en redes para cumplir con nuestro rol como la universidad más importante de Chile”.
A su vez, el jefe de Gabinete de la Vicerrectoría de investigación y Desarrollo (VID), Andreé Henríquez, entregó el saludo inicial a nombre del Vicerrector Flavio Salazar. “Cuando iniciamos con la idea de generar redes transdisciplinarias hace cinco años, jamás pensamos en que iban a tener tanta importancia como la que se le entrega hoy tras el estallido social. Sabíamos que en la Universidad existe una gran masa critica que debía trabajar en conjunto por el futuro del país, pero hoy más que nunca esto cobra sentido”, enfatizó.
Asimismo Henríquez señaló que “hoy estamos viviendo un momento histórico, en donde más de dos millones de personas votaron y nos dejaron en claro la necesidad de una nueva constitución. En este contexto, tenemos una responsabilidad gigante que requiere romper las fronteras internas y universitarias para no solo estudiar la sociedad, sino que trabajar con ella”.
La actividad se dividió en dos bloques de trabajo, enfocados en un diagnóstico y en la elaboración de propuestas en cuanto a territorio, ciudad, agua y energía. Del mismo modo, la egresada de la Facultad de Derecho, Sofía Brito, presentó el libro “La constitución en debate: Puntos claves para el proceso constituyente” y también se llevó a cabo la charla “Nueva Constitución y Medioambiente”, liderada por la académica e investigadora del Centro de Derecho Ambiental, Pilar Moraga.
“Aquí en Chile existe una crisis social que deriva en la necesidad de una nueva constitución. Sin embargo, sabemos que en el actual escrito existen ciertos esquemas que limitan al medioambiente dentro del debate constitucional. Por ello, si vamos a ofrecer un nuevo modelo, debemos saber que es necesario debatir sobre si queremos que este tema sea un elemento estructural o que forme parte de otros artículos”, indicó la profesora Moraga.
A modo de complemento, Brito conversó sobre el proceso constituyente con el fin de acercar los debates constitucionales a la discusión política, para que así se logre aportar desde las diferentes disciplinas al futuro del país. “En aquellos tiempos, cuando empezó el proceso constituyente en el gobierno de Michelle Bachelet, había una sensación social de que no era necesario cambiar la constitución para que cambiaran las cosas, así como también se pensaba que la constitución solo era algo que le pertenecía a los técnicos. Por ello escribimos este libro, ya que queremos explicar cual es la misión de esta nueva constitución que es y cuales son los pilares que los regulan. La idea es poder acercar el debate, para que pueda plasmar y concretar lo que se discute hoy en las calles y espacios de representación”, agregó.
Entre las conclusiones obtenidas del encuentro, la académica Urquiza señaló que “como investigadores de la Universidad de Chile tenemos un enorme rol en el proceso constituyente. Necesitamos aportar con diagnósticos y propuestas especificas pues la investigación que hacemos no puede solo quedar en los laboratorios. Tenemos que lograr que nuestros trabajos e investigaciones sean considerados en la constitución”.
El cabildo también contó con un espacio de diálogo y reflexión dirigido a infantes. Además, los profesionales participantes se agruparon en diversas mesas de trabajo para desarrollar síntesis, que serán sistematizadas y complementadas de manera conjunta. Esta información será traducida en un Policy Paper a nombre de ENEAS, que espera ser difundido durante marzo del 2020.
Anahí Urquiza, académica de la Facultad de Ciencias Sociales y coordinadora de la Red transdisiplinaria de Pobreza Energética (RedPE) de la Universidad de Chile.
Anahí Urquiza, académica de la Facultad de Ciencias Sociales y coordinadora de la Red transdisiplinaria de Pobreza Energética (RedPE) de la Universidad de Chile.
El jefe de Gabinete de la Vicerrectoría de investigación y Desarrollo, Andreé Henríquez.
El jefe de Gabinete de la Vicerrectoría de investigación y Desarrollo, Andreé Henríquez.
Pilar Moraga, académica e investigadora del Centro de Derecho Ambiental.
Pilar Moraga, académica e investigadora del Centro de Derecho Ambiental.
Sofía Brito, egresada de la Facultad de Derecho de la Casa de Bello.
Sofía Brito, egresada de la Facultad de Derecho de la Casa de Bello.
Académicos y académicas de la Universidad participaron y debatieron en la jornada de discusión del cabildo ENEAS.
Académicos y académicas de la Universidad participaron y debatieron en la jornada de discusión del cabildo ENEAS.
Noticia publicada 16 de diciembre de 2019 en www.uchile.cl
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Crisis social, gobernanza y democracia: la necesidad de nuevas formas de gobernar lo común
“Cuando creíamos que teníamos todas las respuestas, cambiaron todas las preguntas”. Así, recordando a Mario Benedetti, hoy esta frase bien puede simbolizar la perplejidad de las instituciones políticas chilenas respecto de las demandas ciudadanas y la insensibilidad y represión con las cuales el gobierno fracasaba en contener una crisis que él mismo había radicalizado con sus propias acciones.
La incapacidad del ejecutivo de entender las raíces y el despliegue de esta crisis es indicador de la profunda ceguera que tiene sobre el Chile de los últimos años. No es que el estallido social haya de pronto cambiado las preguntas: las preguntas, demandas y tensiones que hoy se manifiestan en las calles no son nuevas. ¡No son 30 pesos, son 30 años!
Solo podremos entender a cabalidad esta crisis si nos quitamos lentes con los que solíamos mirar el mundo; si nos esforzamos en enfocar los puntos ciegos ínsitos en los conceptos, instituciones y prácticas desde las cuales hasta ahora hemos comprendido lo que nos rodea.
En efecto, no es sólo el ejecutivo quien ha quedado ciego: Chile no despertó solo porque salió de la inercia y salió a las calles, sino porque abrió los ojos de una manera distinta. Dejó de creer en lo que siempre había creído y vio las múltiples posibilidades que dicha creencia había escondido.
La historia tiene múltiples bifurcaciones, momentos de duda, olvido, silencios y actores emergentes. No existen principios y reglas que nos puedan guiar como verdades absolutas. Si tomamos conciencia de ello, y comprendemos que tanto el Estado como su forma de gobernar no son más una construcción inscrita en el tiempo y el espacio, podemos permitirnos confrontarlos con la realidad social.
En razón de lo anterior, debemos abandonar las posiciones binarias que tradicionalmente han condicionado nuestra estructura de pensamiento, abrirnos a la comparación de modelos y pensamientos y ser los agentes de las transformaciones.
Las ‘respuestas’ que Chile creía finalmente tener pueden resumirse en una serie de preceptos de fe: fe en el ‘milagro chileno’ como ejemplo de éxito de un modelo neoliberal de manejo económico y social; fe en la capacidad del libre mercado de impulsar el crecimiento de la economía, y en el carácter ilimitado de los recursos naturales en los que aquel se funda; fe en que los beneficios producidos por este crecimiento terminarán recayendo sobre todos los chilenos, y fe en la igualdad de oportunidad de todos los chilenos para tomar parte de estos beneficios ‘si sólo se empeñan lo suficiente’.
Hoy, esta crisis -y las muchas otras análogas que se han estado desatando en las cuatro esquinas del planeta- nos sugieren que esta fe puede estar mal puesta. Ha quedado claro, en primer lugar, que no existe garantía -más bien el contrario- que el crecimiento económico conlleve en automático (como por una ‘mano invisible’) mayor bienestar y posibilidades de desarrollo para las personas. Las desigualdades producen más desigualdades; la pobreza no se mide sólo en dinero, sino que también se observa en la incapacidad de contar con suficiente agua limpia para tomar, con energía de calidad para calefaccionar el hogar; en ver a la comunidad transformada en una ‘zona de sacrificio’ para promover los intereses de quienes no viven en ella. Es ya evidente que no hay esfuerzo que baste para salir de esta pobreza cuando las oportunidades se abren solo para algunos. El tiempo no sana las heridas históricas, sino les echa sal, y las hace cada vez más profundas.
No podemos esperar avanzar sin explorar nuevas formas de gobernanza, menos cuando vivimos en un mundo cada vez más complejo, globalmente interconectado, y medio ambientalmente frágil, como nos han mostrado los desafíos crecientes del cambio climático y la degradación ecológica. Los desafíos que nos depara el siglo XXI son radicalmente diversos y no debemos responder con la misma lógica e institucionalidad que antaño. La clásica oposición dual entre Estado y mercado nos ha mostrado dramáticamente sus lados más oscuros, y la gobernanza tal como la conocemos en la actualidad —centrada en encontrar un balance entre Estado y mercado— se ve fracturada por todas partes y está claramente desfasada con respecto a los desafíos y la sociedad actual.
Una luz de esperanza: desde hace más de dos décadas, han surgido alternativas que nos exhortan a salir de esta dualidad, a explorar una ‘tercera vía’ entre Estado y mercado. Entre ella, sin duda la más llamativa es la ‘gobernanza policéntrica acuñada por el Premio Nobel de Economía Elinor Ostrom: la noción que, dadas las condiciones institucionales adecuadas, comunidades humanas a todas las escalas – hogares, barrios, pueblos, cuencas, grupos étnicos – pueden encontrar su forma de autogestión, promoviendo a la vez bienestar colectivo, justicia social y armonía con el medio ambiente. Surge de ahí una propuesta concreta respecto al gobierno desde lo común, fundada sobre el respeto, la autonomía de los ciudadanos y de los grupos en los que espontáneamente se unen, y una priorización de la deliberación y la colaboración por sobre la competencia y la individualización. Pero la función probablemente más central de este tipo de gobernanza es construir y dar cohesión a la comunidad. Para ello, no basta con que esta se asiente en instituciones respaldadas por la ley, sino también que aquellas instituciones y aquella ley sean consideradas legítimas por quienes las tienen que respetar.
Esto requiere, a la vez, rescatar la democracia representativa, fundada en una institucionalidad al amparo del Estado de Derecho, y en la que —al menos en teoría—cada ciudadano tiene voz, voto y participación en la gestión y construcción de los asuntos públicos.
Si queremos salir de esta crisis, tenemos que dejar de celebrar el falso triunfo de la democracia y gobernanza, y aceptar que ambas están hechas añicos. Sólo a partir de ahí, y del duro trabajo de reconstruir aquello que se ha despedazado, podemos esperar reconstruirnos como un país renovado, más justo, sustentable y más democrático.

Marco Billi. Investigador Escuela de Gobierno (Universidad Adolfo Ibáñez), Red de Pobreza Energética (U. Chile) y Núcleo de Estudios Sistémicos Transdisciplinarios.

Julián Cortés. Investigador del Programa de Riesgo Sísmico (U. de Chile), Red de Pobreza Energética (U. Chile) y Núcleo de Estudios Sistémicos Transdisciplinarios.
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Gobernanza policéntrica, oportunidad para construir un nuevo Chile
A un mes del estallido social, ya casi pasa desapercibido el anuncio de la creación de un mecanismo de estabilización de las tarifas eléctricas, para así dejar sin efecto el alza anunciada a principios de octubre.
La energía generada en el país es de 6.440 GWh. El 61% proviene de fuentes térmicas, tales como carbón, gas natural y petróleo. Chile queda a merced de la volatilidad del precio de los combustibles fósiles altamente contaminantes y de una infraestructura vulnerable.
La democracia representativa, fundada en una institucionalidad al amparo del Estado de Derecho, y en la que —al menos en teoría—cada ciudadano tiene voz, voto y participación en la gestión y construcción de los asuntos “públicos” ha conocido un destino paradójico en el transcurso de las últimas décadas, y eso sin hablar de los últimos días en Chile. El ejercicio de los poderes políticos y económicos ya no permite que los ciudadanos tengan influencia en estos asuntos, es más, todo lo que orienta hoy nuestro futuro no se somete al debate público y vinculante.
En este contexto, parece inexorable una verdadera revolución de la gobernanza y avanzar hacia nuevas formas y nuevos tratos. Resulta interesante al respecto la noción de Gobernanza Policéntrica, término acuñado por Elinor Ostrom —Premio Nobel de Economía 2009—, que alude a una idea concreta respecto al gobierno de los recursos comunes, sobre la base del respeto de la autonomía de los ciudadanos en su actuación a distintas escalas de intervención – casa, familia, barrio, trabajo, colegio – y que busca priorizar las estrategias de resolución de conflictos y de coordinación del tejido social.
Este modelo, nos da pie para discutir sobre el estatus de derecho de bienes y servicios comunes necesarios para el bienestar, tales como el agua o la energía. Respecto de este último, sobre todo por el creciente desarrollo del concepto de pobreza energética, se plantea la necesidad de considerarlo como un derecho “in status nascendi”, es decir, un derecho humano en formación habida cuenta de los conflictos socio‐ambientales y sus repercusiones en la calidad de vida.
La gobernanza tal como la conocemos en la actualidad —centrada en el Estado y los mercados— se ve fracturada por todas partes y está claramente desfasada respecto con la sociedad actual y los desafíos que nos esperan y apremian. No podemos seguir respondiendo a ellos con la lógica y estructura de gobernanza de los siglos XIX y XX. El principal y más grande desafío de esta nueva forma de gobernar, es construir y dar cohesión a la comunidad. Para ello, no basta con que sólo sea legal, sino que también debe ser considerada legítima.

Julián Cortés Oggero. Red de Pobreza Energética (RedPE) UCH / Programa de Energía, Agua y Sustentabilidad (ENEAS) UCH

Mauricio Muñoz. Centro de Excelencia en Geotermia de los Ande (CEGA) / Red de Pobreza Energética (RedPE) UCH / Programa de Energía Agua y Sustentabilidad (ENEAS) UCH

Ericka Osses. Centro de Energía ‐ UCH / Red de Pobreza Energética UCH
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Crisis social y ecológica: la necesidad de un nuevo modelo de gobernanza
Estos últimos días nos remece una avalancha de emociones. En un mismo día podemos pasar rápidamente de los malestares a las preocupaciones, de la incredulidad a la indignación, pero también se hace espacio la esperanza.
Los problemas que enfrentamos son graves y urgentes, deudas pendientes de hace mucho tiempo que demandan reflexiones y diálogos profundos para poder salir de esta crisis, sumado a situaciones actuales que son inaceptables. Bajo este contexto, no es fácil volver a mirar la relación que existe con las condiciones socio-ambientales y el desafío que nos trae el cambio climático.
Sin embargo, no podemos pensar en la crisis social sin asumir la crisis ecológica, menos ahora que vemos que se abren nuevos caminos en el momento constituyente que ya está en marcha, y que nos permiten, por primera vez en nuestra historia, hacernos cargo de los desafíos climáticos que el país debe enfrentar de manera seria y a largo plazo. Perdernos en atacar los síntomas sin preocuparnos de la enfermedad es hipotecar el futuro de todo el país.
La evidencia científica es tan abrumadora como incontestable, Chile es un país altamente vulnerable frente al cambio climático.
Es muy claro en identificar las amenazas climáticas (ej. sequías, aluviones, incendios, olas de calor, marejadas, etc.), pero queda mucho por saber sobre sus consecuencias sociales.
Sin embargo, sabemos que el impacto social de las amenazas climáticas está relacionado estrechamente con la situación de vulnerabilidad en la que se encuentra una gran cantidad de nuestra población y la actual crisis social no ha hecho otra cosa que recordárnoslo de la manera más dramática.
Además hay ciertos elementos que ya hemos identificado como críticos.
(1) Las consecuencias del cambio climático afectan más a los grupos vulnerables, tanto por su fragilidad frente a diversas crisis como por su dependencia de las decisiones de los grupos dominantes.
(2) Las amenazas climáticas profundizan los problemas ambientales ya existentes, por las condiciones de sobreexplotación de los recursos, y las debilidades institucionales para proteger ecosistemas y resguardar el uso común de los recursos.
(3) Contamos con poca información sobre las condiciones en las cuales los territorios enfrentan estas amenazas actualmente (considerando tanto su sensibilidad como su resiliencia) y lo poco que existe no está siendo utilizado para la toma de decisiones.
El desafío que enfrentamos es gigantesco: debemos poner en marcha las transformaciones estructurales que el país necesita para reducir la desigualdad y la injusticia social, considerando los riesgos climáticos actuales y futuros, así como los co-impactos que produzcan las medidas que se establezcan.
Un ejemplo es la transición energética, ineludible e impostergable, que no debiese perjudicar a los sectores vulnerables, ya sea por el aumento del costo de la vida, los cambios en las posibilidades de empleo o la afectación de ecosistemas.
La frase anterior no es trivial: “debemos poner en marcha las transformaciones estructurales que el país necesita” y esto implica como tomar decisiones colectivas vinculantes de forma legítima (nuevo pacto social) y decidir cómo se utilizará el territorio y la capacidad que tendrán las comunidades que viven en ellos para definir los cambios necesarios que permitan enfrentar las amenazas (fin al neoliberalismo desatado).
Además, fortalecer las capacidades institucionales para la toma de decisiones con una proyección de largo plazo (2050), la participación de las comunidades y la consideración de diferentes fuentes de conocimiento (gobernanza policéntrica).
Para lograr una transformación de esta envergadura necesitamos una discusión profunda, que permita reconocer los diferentes conocimientos existentes sobre los fenómenos involucrados, desarrollar estructuras de coordinación entre múltiples esferas, fortalecer nuestras condiciones de resiliencia (disminuyendo la dependencia de pocos sectores productivos altamente sensibles al clima y propensos a la sobreexplotación, restaurando ecosistemas, fortaleciendo capacidades institucionales para identificar riesgos e implementando cambios en las zonas vulnerables) y activando un amplio proceso deliberativo que nos permita definir el futuro que queremos.
Con tristeza, pero realismo, fuimos conscientes que la COP25 no podía realizarse en Chile bajo las condiciones actuales. No habría sido responsable haber puesto en riesgo a nuestra población por las medidas extremas de seguridad que se habrían tomado para mantener la “normalidad”, poniendo en peligro al mismo tiempo las urgentes negociaciones climáticas.
Ahora, estando más lejos de esta pérdida, debemos retomar la agenda interna con más fuerza que antes.
El cambio climático no es una preocupación de científicos y activistas globales, es un problema de desigualdad que nos golpea con fuerza y hará crecer aún más la situación de vulnerabilidad y desigualdad territorial de nuestro país. Debemos ser parte de estos procesos, para que la anhelada transformación social sea también una transformación socio-ecológica.
Estos cambios no pueden hacerse en un panel de expertos o entre actores políticos que tomen decisiones de espaldas a la ciudadanía.
Hablamos de transformaciones profundas, difíciles de llevar a cabo en procesos urgentes, pero tremendamente necesarias para abordar los problemas de raíz. Los desafíos climáticos urgen por una mejora en la capacidad de tomar decisiones en los propios territorios, que fomenten la participación real de la comunidad, dejando ámbitos de regulación a nivel nacional, pero con espacios de innovación y coordinación entre ambos espacios.
Ya en el año 2009, la premio Nobel de Economía Elinor Ostrom nos hablaba de una “gobernaza policéntrica” para referirse a esta forma de gobernar los recursos comunes, respetando la soberanía territorial de los habitantes en diferentes niveles, valorando las estrategias de resolución de conflicto y tejido social a nivel local.
La crisis actual también puede ser observada como una “fisura en el régimen” (hablando en el lenguaje de las llamadas “transiciones socio-técnicas”) y, por lo tanto, es una oportunidad de cambio estructural que es urgente de lograr.
Estamos en un momento decisivo o transformamos nuestra sociedad o quienes sobrelleven las consecuencias del cambio climático serán solo los más privilegiados de los privilegiados.
Acompañando un proceso constituyente, la planificación de largo plazo que debemos impulsar en nuestro país (como parte también de nuestros compromisos internacionales para enfrentar el cambio climático) nos podría permitir establecer una verdadera perspectiva de Estado que vaya más allá del gobierno de turno, y que nos permita definir cómo viviremos ahora y en el futuro, considerando los diversos riesgos a los que nos enfrentaremos y fortaleciendo la resiliencia para enfrentarlos.

Anahí Urquiza. Académica de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Chile, investigadora del Centro de Ciencias del Clima y la Resiliencia (CR)2 y Coordinadora de la Red de Pobreza Energética.
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Equipo de RedPE participa en Programa de Inclusión Energética en Renca
En este proyecto intervienen cinco instituciones, una de ellas es la Red de Pobreza Energética. Hoy se encuentra en plena fase de diagnóstico y levantamiento de información.
El “Programa de Inclusión Energética: Superando la Vulnerabilidad en Renca”, iniciativa impulsada por la Municipalidad de Renca, la Red Pobreza Energética, la ONG Emprendimiento y Generación de Energías Alternativas (EGEA), y las consultoras internacionales EBP y Kalyta Partner, tiene como objetivo crear servicios costo-efectivos basados en soluciones de energías renovables y uso eficiente de la energía para mejorar las condiciones energéticas en hogares vulnerables, junto con esquemas financieros adaptados a la realidad local.
En abril pasado, con 70 hogares de familias pertenecientes a ocho juntas de vecinos de la comuna de Renca, comenzó el desarrollo del proyecto. Este proyecto cuenta con diversas fases de desarrollo. Primero se realiza una evaluación del impacto de un paquete de medidas de Eficiencia Energética (EE), tales como agua caliente solar, aislación térmica, recambio de aparatos y kit EE y normalización de la red eléctrica. Luego se realizan capacitaciones a un grupo de MiPymes locales, para que puedan ofrecer servicios de eficiencia energética y energías renovables en el territorio. Por último, se crea una mesa de trabajo con instituciones financieras y expertos para desarrollar un mecanismo financiero vinculado a los servicios.
“Actualmente estamos en una etapa de diagnóstico. Se aplican encuestas a las familias participantes, para poder hacer el análisis de estos datos posteriormente”, explica Catalina Amigo, coordinadora ejecutiva de la Red de Pobreza Energética, entidad responsable de entregar un enfoque metodológico, realizar el apoyo al desarrollo de servicios energéticos y también es la encargada de la etapa de monitoreo y difusión.
El proyecto busca desarrollar cuatro servicios de pequeña escala para mejorar las condiciones energéticas de los hogares de bajos recursos económicos en Chile. En paralelo, pretende contribuir al desarrollo y mejoramiento de mecanismos de financiamiento, tanto públicos como privados.
Este proyecto cuenta con el apoyo técnico y económico del Fondo Intergubernamental Suizo REPIC (Reneweble Energy & Resource Eficiency Promotion in International Coorperation), de los ministerios de Energía, Medioambiente, Vivienda y Urbanismo, Desarrollo Social y la Embajada Suiza.
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