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Coordinadoras y coordinadores de Red de Pobreza Energética se reúnen para abordar colaborativamente próximos desafíos

Durante las últimas semanas, integrantes de la Red de Pobreza Energética (RedPE) han mantenido reuniones de coordinación por línea de trabajo, con fin de repasar las principales actividades, áreas de investigación, novedades e incidencias en los diferentes sectores de la esfera pública.

Noviembre, 2020
Con nuevas plataformas de trabajo en línea y diferencias de zona horaria, se realizaron las reuniones de coordinación las líneas de trabajo de la Red de Pobreza Energética. En una sesión conjunta, las líneas “Políticas públicas y modelos de desarrollo” y “Energía renovables, vulnerabilidad energética y gestión local” la conversación giró fuertemente en torno a las proyecciones de trabajo de los integrantes de la RedPE en la mesa de actualización de la Política Energética Nacional.
Para las y los coordinadores de estas áreas de trabajo, el objetivo de incidencia principal es “asegurar el acceso equitativo a servicios energéticos de alta calidad, considerando las particularidades territoriales, lo que implica comprender el acceso a la energía como un derecho”. Se establece que es necesario impulsar la realización de un diagnóstico de pobreza energética (PE) a escala local a partir de la construcción de indicadores de PE con pertinencia territorial.
Además, se analizó la relevancia del problema de calidad térmica de las viviendas existentes en el país, y se establece la necesidad de un plan nacional de aislación térmica de la vivienda construida.
Las y los participantes en esta reunión destacaron la relevancia del trabajo municipal y territorial, donde es necesario que exista mayor autonomía en los gobiernos locales ya que ellos son los que aplican los puntos de las políticas energéticas, y comúnmente no hay recursos ni posibilidades para trabajarlos de buena manera. Por eso es importante impulsar acciones energéticas que tengan un relato congruente con las realidades territoriales y las capacidades que tienen los municipios. Todo esto en un contexto donde la comunidad tiene mayor acceso a información y por ende puede presentar más demandas concretas en torno a la equidad, género y otras temáticas que se exigen desde los territorios.
En cuanto a la reunión de la línea “Bienestar, eficiencia energética y contaminación atmosférica”, las y los coordinadores levantaron la necesidad de establecer metas y acciones con miras a la Agenda 2050 y los desafíos sociales y medio ambientales que estos macro-objetivos conllevan.
Las coordinaciones concuerdan en la necesidad de generar espacios de discusión transversal entre quienes participan en las diferentes mesas temáticas, de modo de asegurar la coordinación y coherencia entre los objetivos resultantes de cada una de estas, enriqueciendo así el debate.
Las reuniones de coordinación sesionarán nuevamente en noviembre, posterior al plebiscito constitucional, ya que las temáticas e investigaciones de la Red de Pobreza Energética toman un peso relevante en el debate constitucional próximo.
Las actas, principales temas y líneas de acción se encuentran sistematizadas en la plataforma online de trabajo colaborativo “Miró”.
Asistentes:
Monserrat Bobadilla, Alejandra Cortés, Ricardo Lobos, Tamara Oyarzún, Alejandra Schueftan, Paz Araya, Felipe Encinas, Matías Plass, Julián Cortés, Fernanda Varela, Ricardo Lobos, Macarena San Martin, Jonathan Guerrero, Roxana Bórquez, Felipe Valencia,Victoria Ulloa, Claudia Fuentes, Cristóbal Becerra, Javier Piedra, Catalina Amigo, Macarena Olivares, Rubén Calvo

Reconociendo el principio precautorio: cuando la ciencia no es suficiente


Teniendo en cuenta el principio precautorio, sería preciso complementar las medidas de cuarentena y aislamiento con medidas ambientales a corto plazo —como el monitoreo de la calidad del aire y la vigilancia del cumplimiento de la norma—, y a mediano y largo plazo —como la transición a una matriz energética coherente con el escenario actual. Es posible que la evidencia sobre la transmisión aérea del virus demore en construirse; no obstante, ya sabemos que la contaminación del aire aumenta las enfermedades y muertes por causas respiratorias, cardiovasculares y cánceres, afectando particularmente a personas que experimentan algún tipo de vulnerabilidad como enfermedades basales o condiciones sociales desventajadas, y que incrementa la incidencia de infecciones del tipo influenza, es decir, de cuadros similares al COVID19.

Gentileza: Ciper Académico.
Autores:  Felipe Encinas, Ricardo Truffello,
Anahí Urquiza y Macarena Valdés

15 de Mayo de 2020 en ciperchile.cl disponible aquí

Hace un par de décadas surgió la controversia sobre el riesgo que el bisfenol A —una sustancia química conocida como BPA— implicaba para la salud. Esta sustancia es ampliamente utilizada en la producción de plásticos y resinas, y comenzó a usarse en la fabricación de chupetes y accesorios para niñas y niños. En estudios toxicológicos realizados en condiciones controladas con animales de laboratorio, este compuesto fue caracterizado como un disruptor endocrino, es decir, una sustancia que afecta el metabolismo de diversas hormonas y con ello el neurodesarrollo, la inmunidad y la potencial aparición de cánceres. Sin embargo, en estudios epidemiológicos realizados en grupos poblacionales de seres humanos, la evidencia causal sobre la relación entre BPA y los efectos anteriormente mencionados no resultaba concluyente, lo que significa que estos estudios no generaban la misma evidencia que la obtenida en el laboratorio. La incertidumbre sobre el riesgo que representaba el BPA para la salud de niñas y niños instó a varios países a prohibir su uso en la elaboración de accesorios infantiles, mientras que otros han esperado a que la evidencia sea concluyente.

¿Qué sucede cuando la evidencia científica no es una receta de cocina que aplicamos y que nos entrega siempre el mismo resultado? Hay muchos ejemplos en salud ambiental en que la evidencia epidemiológica no es concluyente, tal como sucedió con el BPA, y que hacen que la toma de decisiones requiera de un enfoque basado en la salud pública. Situaciones como la del BPA nos permiten reconocer el principio precautorio como un enfoque que responde a la incertidumbre con medidas preventivas que permiten reducir los potenciales efectos negativos en la población; por lo mismo, este principio nos motiva a interpretar la falta de evidencia como riesgo y no como falta de causalidad. Teniendo en cuenta esta premisa, parece necesario reflexionar sobre cuál será nuestra postura como país para enfrentar eventos agudos como la actual pandemia del coronavirus, o estados más crónicos, como la crisis de inequidad que ha progresado en las últimas décadas.

Bajo el escenario actual de la pandemia por COVID19 —la enfermedad producida por el coronavirus— y el rápido aumento de la incidencia en regiones como la Metropolitana y la región de Magallanes, es pertinente tener una postura precautoria respecto del rol que jugará la contaminación del aire en indicadores sanitarios como la incidencia o la letalidad. En las últimas semanas, la calidad del aire ha sido buena en algunas ciudades, sin embargo, las bajas temperaturas experimentadas en las ciudades del sur de país, implicarán una mayor demanda energética y con ello mayor contaminación atmosférica, y en algunos casos, mayor contaminación intradomiciliaria. En efecto, si revisamos los datos de las estaciones de monitoreo del aire —pertenecientes al Sistema de Información Nacional de Calidad del Aire, SINCA—en ciudades como Osorno, Puerto Montt y Coyhaique ya se indica alerta y preemergencia ambiental.

Teniendo en cuenta el principio precautorio, sería preciso complementar las medidas de cuarentena y aislamiento con medidas ambientales a corto plazo —como el monitoreo de la calidad del aire y la vigilancia del cumplimiento de la norma—, y a mediano y largo plazo —como la transición a una matriz energética coherente con el escenario actual. Es posible que la evidencia sobre la transmisión aérea del virus demore en construirse; no obstante, ya sabemos que la contaminación del aire aumenta las enfermedades y muertes por causas respiratorias, cardiovasculares y cánceres, afectando particularmente a personas que experimentan algún tipo de vulnerabilidad como enfermedades basales o condiciones sociales desventajadas, y que incrementa la incidencia de infecciones del tipo influenza, es decir, de cuadros similares al COVID19.

Aunque las redes sociales y los medios de comunicación han destacado que medidas como la cuarentena están teniendo un efecto positivo en la calidad del aire, es también cierto que este efecto es temporal y probablemente no significativo. Por lo mismo, esta pandemia representa un desafío que aviva la fantasía que todas y todos tengamos acceso a salud, es decir, que la protección del bienestar físico, mental y social, y no tan solo la ausencia de enfermedad, sea un derecho indiscutible para todos lo miembros de nuestra sociedad. Para que esta fantasía se haga realidad y podamos superar la crisis de manera equitativa, se hace necesario establecer la idea que el principio precautorio no sea tan solo un enfoque basado en una postura filosófica, sino que sea uno de los principios fundamentales del nuevo pacto social que es requerido para solucionar los problemas crónicos que acarreamos del pasado y para enfrentar de mejor forma los desafíos actuales y futuros que la era del antropoceno trae consigo.

Macarena Valdés S. Doctora en Salud Pública. Investigadora Red de Pobreza Energética. Profesora asistente de la Escuela de Salud Pública e investigadora postdoctoral de Centro de Ciencia del Clima y la Resiliencia (CR)2. Amante del esquí y el boulder.

Reportaje disponible en El mostrador

Quien puede lo más, puede lo menos

Bonn, Alemania, reuniones entorno a la COP25 para la definición de los ejes estratégicos de la próxima conferencia. Este fue el escenario en que la Ministra de Medio Ambiente de Chile, Sra. Claudia Schmidt, al ser consultada por la resistencia del país a suscribir el Acuerdo de Escazú, declaró que la legislación nacional ya cubría lo indicado en la convención.

Antes de entrar en debate sobre la veracidad de estas afirmaciones es necesario recordar, groso modo, los principales compromisos de Escazú. Según lo establecido en su artículo 1°, este acuerdo tiene por objetivo “garantizar la implementación plena y efectiva en América Latina y el Caribe de los derechos de acceso a la información ambiental, participación pública en los procesos de toma de decisiones ambientales y acceso a la justicia en asuntos ambientales, así como la creación y el fortalecimiento de las capacidades y la cooperación, contribuyendo a la protección del derecho de cada persona, de las generaciones presentes y futuras, a vivir en un medio ambiente sano y al desarrollo sostenible”. En la misma dirección apunta su artículo 3°, el cual consagra como centrales los principios de igualdad, no discriminación, transparencia y rendición de cuentas, así como los valores de soberanía permanente de los Estados sobre sus recursos naturales y de medidas pro- persona, entre otros, en términos del diseño e implementación de políticas ambientales. Especialmente destacables por su significancia para los países que suscriben este acuerdo, son los nuevos requisitos respecto del acceso a información ambiental (artículo 5°), la generación y divulgación de información ambiental (artículo 6°), la participación pública en la toma de decisiones ambientales (artículo 7°) y el acceso a un trato justo y de defensa de derechos humanos en los asuntos ambientales (artículo 8° y 9°).

Si miramos en perspectiva, ellos son una bajada de los lineamientos planteados en los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), en particular el ODS N°16, reconocidos y ratificados por el Estado de Chile. Este objetivo se centra en la promoción de sociedades pacíficas e inclusivas para el desarrollo sostenible, facilitar el acceso a la justicia para todos y crear instituciones eficaces, responsables e inclusivas a todos los niveles. La adscripción de los países a estos lineamientos implica, por lo tanto, avanzar en medidas en esta dirección. Medidas como, por ejemplo, los compromisos tomados en el Acuerdo de Escazú.

 

Recordemos que, en materias de política exterior la incidencia de la sociedad civil es nula, y los mecanismos de participación ciudadana —entiéndase la Ley 20.500, entre otros cuerpos— está restringida, no por el escaso interés de la sociedad, sino por las “barreras de entrada” que el propio sistema introduce.

Dicho esto, volvamos a las declaraciones de la Ministra. Todo estudiante de Derecho en sus primeras clases de Derecho Romano conoce —y sufre—el aforismo jurídico que reza: QUI POTEST PLUS, POTEST MINUS, que literalmente sostiene “quien puede lo más, puede lo menos”. En breve, quien tiene poder para hacer cosas grandes o importantes puede hacer sobre el mismo tema cosas menores, accesorias, derivadas o subordinadas a las primeras.

Si se acepta la importancia de los Objetivos de Desarrollo Sostenible, ¿cuál es el problema que nuestras autoridades suscriban un acuerdo ciertamente más limitado y que busca operacionalizar medidas para avanzar en esta dirección, como el Acuerdo de Escazú?

Julian Cortés. Investigador RedPE.

Julio Labraña. Investigador RedPE

Columna disponible en el mostrador

Pobreza Energética: un desafío complejo para la política pública

En la pasada cuenta pública se planteó una agenda país que busca enfrentar desafíos tales como el desarrollo, la equidad y la inclusión social. Cada uno de estos, requiere comprensiones profundas de sus condicionantes, expresiones e implicancias en la vida de las personas.

Como Red de Pobreza Energética, nos encontramos abocados desde el 2016 a la comprensión de este fenómeno caracterizado por la insuficiencia, mala calidad o poca sostenibilidad de fuentes que permitan a las personas y comunidades cubrir sus necesidades energéticas. En este sentido hay situaciones preocupantes como  la territorialización de la pobreza energética. Por ejemplo, un 46% de la población total que no cuenta con acceso a electricidad se encuentra en el sur de Chile en las regiones del Bio-Bio y la Araucanía, evidenciando la precaria situación que se vive en esa zona del país.

Por otra parte, hay un uso diferenciado de combustibles para calefacción de acuerdo con la zona climática, lo que trae aparejadas consecuencias como el uso de leña en la zona sur donde la contaminación del aire se señala como principal problema ambiental. Confluyen así la costumbre y el costo en acceso a combustibles de bajo costo y altamente contaminantes, lo que sumado a las inadecuadas condiciones del revestimiento térmico de las viviendas, implica un uso  intensivo de combustible para alcanzar el confort térmico.

Por otra parte, un 34% del segmento pobre, así como un 21% de la clase media baja afirman pasar frio en invierno, lo que se debe en gran medida a la falta de aislación de las viviendas y de calefacción para las mismas. La clase media sufre pobreza energética. Finalmente, sobre el gasto familiar en energía, es posible señalar que las familias de menores ingresos gastan un mayor porcentaje de su presupuesto que las familias de mayores ingresos, pero al revisar los valores absolutos (el total de dinero gastado) es mucho menor y no alcanza para cubrir de manera adecuada sus necesidades energéticas.  En otras palabras, las familias de menores ingresos y la clase media realizan un esfuerzo mayor para calefaccionarse y cubrir sus necesidades energéticas. Estas cifras nos muestran que la pobreza energética va más allá del segmento con menos recursos, se extiende a la clase media, y son una expresión más de las profundas desigualdades existentes en nuestro país.

En este sentido, resulta esperanzador el anuncio de una Ruta Energética que declara entre sus tareas centrales la construcción de un Mapa de Vulnerabilidades, que permita localizar las condiciones territoriales, climáticas, económicas y sociales que afectan la capacidad de acceso, uso y sostenibilidad de este recurso. Creemos que este un paso en la dirección correcta, que apunta en parte a un abordaje de la complejidad del fenómeno, pero junto a él debe sumarse otros en orden al establecimiento de mecanismos permanentes de coordinación funcional intersectorial y multiescalar.

La superación de la pobreza energética no debe quedar en manos únicamente de una cartera, como por ejemplo la de Energía, sino que debe ser capaz de articular a todas las instituciones involucradas en todas sus escalas, sólo así se podrá hacer cargo de un problema tan profundo y complejo, facilitando de esta forma, la instalación de sistemas de observación que remitan información oportuna y relevante para la toma de decisiones y la articulación de agentes del mundo público, privado y de la sociedad civil detrás de un horizonte común de bienestar para todos y todas.

Creemos que así podremos avanzar en complejizar la acción del Estado a la hora de enfrentar con decisión y efectividad este y otros fenómenos, antiguos y nuevos, que afectan significativamente la vida de las personas.

Antonieta Urquieta. Profesora Asistente del Departamento de Sociología de la Universidad de Chile. Jefa de Carrera de Trabajo Social. Doctora en Trabajo Social y políticas comparadas de bienestar social por la Universidad Autónoma de Nuevo León, México. Magister en Trabajo Social y Políticas Sociales de la Universidad de Concepción. Licenciada en Trabajo Social y Asistente Social de la Universidad de Valparaíso.

Columna disponible en Cooperativa

Red de Pobreza Energética U. de Chile profundiza colaboración transdisciplinaria con cinco ministerios

En el marco del Seminario de Pobreza Energética “Nuevos desafíos para la articulación entre Academia y Política”, investigadores de la Universidad de Chile dialogaron con representantes de los ministerios de Energía, Salud, Desarrollo Social, Medio Ambiente y Vivienda y Urbanismo, con el objetivo de impulsar una estrategia que permita posicionar y enfrentar el tema a nivel nacional.

Mejorar el acceso a la energía; construir un concepto multidimensional; medir el impacto en comunidades vulnerables; e identificar fuentes contaminantes y problemas de salud, fueron algunos de los ejes abordados durante el Seminario de Pobreza Energética “Nuevos desafíos para la articulación entre Academia y Política”, donde participaron profesores e investigadores de la Universidad de Chile y representantes de cinco ministerios, con el fin de articular sus capacidades en torno a los desafíos considerados en la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible y el proceso participativo Energía 2050.

Durante la actividad, realizada el viernes 24 de noviembre en el Auditorio de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo (FAU), se presentó una definición preliminar para observar la pobreza energética de acuerdo a las dimensiones e indicadores particulares del contexto nacional, como el acceso, la calidad y la equidad. Además, los participantes analizaron las estrategias enmarcadas en las políticas públicas actuales desde cada organismo, considerando los problemas para satisfacer necesidades energéticas, las desigualdades en el gasto y las características de las viviendas respecto a las condiciones climáticas.

De acuerdo a la investigadora del Centro de Energía de la U. de Chile e integrante de la Red de Pobreza Energética, Paz Araya, “este seminario es la consolidación del trabajo desarrollado desde hace varios meses en tres talleres con académicos de la institución y profesionales de otros organismos públicos, para entender cuáles son las dimensiones de la pobreza energética y donde realizamos un informe que la define, con análisis de fuentes secundarias de alcance nacional. Buscamos compartir nuestro conocimiento con el mundo público y la ciudadanía, entendiendo que se trata de un problema complejo que debe visualizarse desde el territorio, las disciplinas y los objetivos en los que trabaja cada institución. Hemos logrado consolidar esta red académica y estamos trabajando en un informe que determine cómo inciden las políticas públicas en el acceso, la calidad y la equidad de la energía”.

El Jefe de la División Acceso y Equidad Energética del Ministerio de Energía, Gabriel Sepúlveda, expuso algunas de las medidas impulsadas desde 2014 para mejorar el acceso a este recurso, como el programa de electrificación para 10 mil viviendas, la incorporación de energías renovables en comunidades indígenas y el mejoramiento de suministro eléctrico en islas, entre otras. “Estamos trabajando con el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), para proponerle al país una definición de pobreza energética que nos permita focalizar de mejor manera las políticas públicas y los recursos. Existe un importante número de familias que no puede acceder a la energía eléctrica y tampoco hay suficientes datos para saber dónde se encuentran y cómo podemos llegar a ellos. Por tanto, el diálogo debe establecerse con las mismas comunidades para encontrar modelos de gestión que hagan sostenibles este tipo de soluciones”, comentó.

Asimismo, el Jefe del Departamento de Análisis de la Realidad Social del Ministerio de Desarrollo Social, Juan Cristóbal Moreno, quien presentó un diagnóstico con datos de la Encuesta CASEN 2015, señaló que “es muy importante participar en la medida en que se reconoce otra dimensión de la experiencia de vivir en pobreza, pues hasta ahora no se calcula de manera sistemática. Debemos conectar la discusión con las categorías usadas actualmente para medirla, donde hemos impulsado un trabajo por actualizar la medición de pobreza por ingreso y por incorporar una visión multidimensional de ésta. También es fundamental reconocer que este es un desafío intersectorial, por lo que esperamos compartir experiencias y articular la política pública considerando indicadores que les hagan sentido a todos los participantes de los organismos involucrados”.

La Secretaria Ejecutiva de Construcción Sustentable del Ministerio de Vivienda y Urbanismo, Paola Valencia, enfatizó que “es sumamente importante dialogar sobre las problemáticas que tiene el país en general, pues la investigación producida en la academia es un gran aporte para mejorar la calidad de vida de los chilenos. El gran desafío es lograr que el estándar térmico de todas las viviendas de Chile sea óptimo, por lo que el Ministerio se ha preocupado del tema a partir de líneas de trabajo regulatorias y voluntarias, implementando subsidios para reacondicionamiento térmico de viviendas e incorporación de energías renovables en hogares sociales, además de enfocarse en planes para enfrentar la contaminación ambiental”.

En tanto, el Jefe de la División de Políticas Públicas del Ministerio de Salud, Tito Pizarro, realizó una presentación sobre el impacto generado en las comunidades ante la contaminación energética. “En los lugares donde existe mala calidad de energía para alimentarnos, calentarnos o movernos, estamos generando polución y por lo tanto daño a la salud. Actualmente la población tiene menos años de vida saludable, siendo un problema transversal y que requiere trascender decisiones entre cuatro paredes. Hay que trabajar con los sectores urbanos y rurales, la sociedad civil y los organismos públicos para reflexionar sobre este tema de acuerdo al territorio o las condiciones socioculturales específicas. Por otro lado debemos buscar alternativas y diversificar la matriz energética, teniendo siempre en cuenta el acceso para los grupos con menos recursos”, concluyó el médico.

Finalmente, representantes del Ministerio del Medio Ambiente discutieron sobre la relación de la energía con el ecosistema, destacando problemas en el confort térmico y la calidad del aire en los hogares de Chile. El Jefe de la División de Cambio Climático, Fernando Farías, agregó que “la transformación del clima se debe principalmente a un mal manejo energético a nivel global, donde los fósiles son los mayores productores de CO2. Sin embargo, existen múltiples oportunidades para contar con mejores combustibles y equipos de combustión, pero necesitamos que la población entienda la importancia del uso de fuentes energéticas, por lo que el gran desafío no sólo reside en las políticas públicas, sino también en lo que cada chileno está dispuesto a hacer para mejorar su calidad de vida”.

La Red de Pobreza Energética de la Casa de Bello considera que un hogar se encuentra en dicha situación cuando no dispone de energía suficiente para cubrir las necesidades fundamentales, básicas y secundarias; además de no tener la capacidad de acceder o de decidir entre una gama suficiente de servicios energéticos adecuados, asequibles, confiables, de alta calidad, seguros y sustentables. Mayor información en www.pobrezaenergetica.cl

Ver noticia en la página de la Universidad de Chile.


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