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8M: En Transición Energética, NO sin Mujeres

En los últimos años, el país ha entrado en una fase en donde las políticas públicas vinculadas al cambio climático y las transiciones energéticas se vuelven cada vez más importantes. Sin embargo, hay que tener en cuenta que esta búsqueda e implementación de políticas públicas enfocadas en el logro de la ‘sustentabilidad’ (en su noción tradicional) puede entrar en tensión con el logro de los objetivos de justicia social que día a día son más demandados por las comunidades a nivel local y global.

Políticas de transición energética rápidas y agresivas corren el riesgo de no ser sensibles temporal y procedimentalmente para incluir en la toma de decisiones a tod@s l@s actores involucrad@s en los procesos de cierre de industrias, cambios tecnológicos y normativos o en la promoción de nuevos emprendimientos verdes. De la misma forma, una política de transición energética sin perspectiva de justicia corre el riesgo de no considerar las condiciones de vulnerabilidad estructural de ciertas poblaciones y comunidades.

Para poder hablar de una transición energética justa, se deben tener en cuenta, entre otros elementos, las realidades y complejidades de las desigualdades de género. Con ello, el ‘no sin mujeres’ toma relevancia para visibilizar la discriminación que sufrimos las mujeres en el sector energético a nivel doméstico, laboral y territorial; que, en la otra cara de la moneda implica una limitación del debate, el cual excluye a la mitad de la población que además es la más vulnerable a los efectos del cambio climático y la contaminación intra y extradomiciliaria asociada a la energía.

Desde un primer ámbito, las viviendas juegan un rol fundamental en mostrar los vínculos cotidianos que existen entre mujeres y energía. Cuando las casas son frías, los electrodomésticos inseguros, los combustibles para cocinar y calefaccionar contaminantes, entre otros, estamos ante la “pobreza energética” y, tal como ocurre con otras pobrezas, no es raro ver en ella el rostro de miles de mujeres que, día tras día, dedican parte importante de su tiempo a labores domésticas no remuneradas que las exponen constantemente al deterioro de salud y accidentes caseros vinculados a la energía.

Por otro lado, la instalación de industrias energéticas como las termoeléctricas a carbón, genera contaminación que también daña la salud humana; y si bien las enfermedades afectan a la población en general, lo hacen con mayor frecuencia en mujeres embarazadas, niños, niñas y personas mayores. De esta forma, las mujeres se encuentran afectadas no solo por las enfermedades que ellas pueden sufrir, sino que por las labores de cuidado que suelen realizar en estos grupos vulnerables; esta situación es una de las razones por las que en numerosas ocasiones agrupaciones lideradas por mujeres han salido a denunciar procesos industriales contaminantes vinculados a la producción de energía.

Otra arista no menor, es que aún se suele pensar que las mujeres no tienen cualidades para el desarrollo de la ciencia y las tecnologías, lo que repercute en un sinfín de brechas digitales y tecnológicas. De hecho, este estereotipo sexista ha implicado que, a nivel laboral, según estudios del Ministerio de Energía, la fuerza laboral femenina en el sector sólo alcanza un 23%. Además, las mujeres del sector ganan un 24% menos que los hombres y ocupan sólo el 18% del total de cargos gerenciales.

En este nuevo Chile que queremos construir, es necesario evidenciar y enfrentar la exclusión de las mujeres como usuarias, sujetas políticas de resistencia ante proyectos energéticos y sujetas que participan en el mercado laboral de la energía. Para ello, las brechas de género, que hemos mencionado anteriormente, deben ser superadas, para permitir el avance hacia sociedades sustentables más justas e inclusivas.

El rol de las mujeres en la planificación energética debe ser relevado, reconociendo sus necesidades e intereses en la toma de decisiones, y destacando el rol de las mujeres como agentes de transformación en la sociedad.

Es urgente crear más y mejores oportunidades para mujeres en la fuerza laboral del sector energético, que es altamente masculinizada, sobre todo en cargos directivos. Por otro lado, es necesario hacer hincapié en la visibilización de la dimensión doméstica y cotidiana de la energía, que suele ser de interés para las mujeres, sin embargo, en su mayoría los proyectos sobre capacitaciones en energía o recambios tecnológicos se piensan respecto de un receptor o usuario hombre.

 

Respecto a la promoción de nuevos proyectos de energías renovables, se considera como desafío incorporar elementos interculturales en el abordaje de los problemas de género, considerando los contextos específicos de comunidades rurales y/o indígenas o los diferentes sectores urbanos, así como también los desafíos asociados al reconocimiento e inclusión de las diversidades sexuales.

Hoy, se requiere un cambio cultural para re-equilibrar los roles de género respecto de las tareas socialmente asignadas, además de plantar cara frente a situaciones patriarcales que ocurren en el sector energético. Lo anterior, nos permitirá acercarnos hacia un sistema energético con más participación de la ciudadanía, más democrático en el acceso y gestión de la energía, en donde encontremos una economía que ponga en el centro el cuidado de la vida y el valor del trabajo reproductivo. Solo así se abrirán oportunidades para generar transiciones energéticas justas que nos permitan abordar los problemas de contaminación local, el cambio climático y avanzar en la tan ansiada sustentabilidad.

Claudia Fuentes. Encargada de Proyecto de Descarbonización de Fundación Chile Sustentable. Ingeniera en Recursos Naturales Renovables y estudiante del Master Governance of Risk and Resources. Integrante de la Red Ecofeminista por la Transición Energética y de la
Red de Pobreza Energética.


Expertas U. de Chile visibilizan las dimensiones de la pobreza energética durante la pandemia

En el marco de la crisis sanitaria que azota a Chile y el mundo, miembros de la Red Transdisciplinaria de Pobreza energética (RedPE) de la Casa de Bello profundizan los múltiples alcances de este desafío global, destacando los problemas de salud por la contaminación domiciliaria, el endeudamiento por no pago, los roles de género, y la desigualdad en el acceso a fuentes de energía.

 

Gentileza: Comunicaciones VID, UChile.
En Chile, el 66 % de los hogares tiene problemas de eficiencia energética y múltiples familias no puede asegurar las necesidades básicas que brinda la electricidad, como tener agua caliente sanitaria o refrigerar alimentos. La pobreza energética se define cuando un hogar no tiene acceso equitativo a este tipo de servicios cotidianos y más de 50 mil personas viven en esta realidad, la cual se ve agudizada por la pandemia del COVID-19.
Los climas extremos que tiene Chile provocan que la pobreza energética tenga un carácter territorial. En el norte hay brechas en el acceso a agua caliente y en el sur el uso de leña húmeda produce contaminación, además de otros problemas asociados. A pesar de esto, desde la Red Transdisciplinaria de Pobreza Energética (RedPE), iniciativa impulsada por la Vicerrectoría de Investigación y Desarrollo (VID) de la Universidad de Chile, los expertos coinciden en que estas problemáticas son constantemente invisibilizadas.

La coordinadora de la RedPE y académica de la Facultad de Ciencias Sociales (FACSO), Anahí Urquiza, explica que es difícil abordar un problema que no se ve. “Recién el año pasado logramos hacer un diagnóstico con los datos existentes, y aún es muy deficitario. El acceso a la energía de calidad es una condición para el desarrollo económico y la calidad de vida. Con la pandemia suben los gastos energéticos por confinamiento, se presentan problemas de confort térmico y la contaminación intradomiciliaria agrava esta enfermedad. La ausencia de servicios deja en desventaja a les estudiantes, trabajadores y recarga el trabajo doméstico, lo que suele recaer en las mujeres”, señaló.

En la misma línea, la directora de Investigación de la VID, Silvia Núñez, destacó el compromiso de la Universidad de Chile y de la RedPE. “El trabajo que están realizando tiene una vital importancia y más aún en las condiciones actuales. Existe una gran desigualdad en estas materias que no se habían visibilizado. Están produciendo evidencia sólida y fidedigna sobre cuál es la realidad nacional, que luego se puede poner a disposición de las autoridades para enfrentar esta desigualdad”, valoró.

Inequidades de acceso energético y problemas de salud asociados

Datos de la Encuesta de Presupuestos Familiares del 2017, indican que un 22,6% de los hogares los ubicados en centros urbanos del país gastan excesivamente en energía y no logran cubrir los gastos básicos con sus ingresos. Por otro lado, un 16,9% gasta muy poco al comparar viviendas del mismo tipo y con la misma cantidad de integrantes. Con la cuarentena, las personas pasan más tiempo en los hogares y, por lo tanto, se usan más los servicios energéticos como agua caliente sanitaria, calefacción y electricidad.

A esta situación, se suma que los gastos asociados al ámbito energético se incrementan y se aumenta la brecha en los costos mensuales por el uso de energía y los ingresos económicos mensuales. Además, con la interrupción de los trabajos de las personas por la cuarentena obligatoria, comienzan a aumentar las situaciones de no pago.

El fundador de EGEA ONG y líder del área de Inclusión Energética en EBP Chile, Rubén Méndez Mardones, explicó cómo se logra la inclusión energética. “Esto se refiere a aquellas acciones orientadas a mejorar el acceso equitativo a servicios energéticos de alta calidad, es decir, que estos sean adecuados, seguros, confiables y no contaminantes. Para esto, es fundamental una estrecha relación entre los actores públicos, privados y la sociedad civil, con el fin de desarrollar iniciativas integrales que respondan a las necesidades de cada contexto territorial”, recalcó.

Con la falta de acceso a servicios energéticos, la población opta por aquellos que contaminan más, pero cuestan menos. Esto produce mayor contaminación intradomiciliaria, aumentando la incidencia de enfermedades respiratorias y cardiovasculares. Para los grupos de riesgo como personas con enfermedades crónicas, embarazadas y adultos mayores, esta situación puede complicar los cuadros de enfermedades.

La académica de la Facultad de Medicina e integrante de la RedPE, Macarena Valdés, se refirió a los problemas que trae el invierno. “La actual pandemia representa un desafío para las comunas del centro y sur del país, pues son las que demandan mayor combustible para calefaccionar los hogares en las estaciones frías. Las medidas de confinamiento en el hogar, la restricción de la actividad productiva y el cierre de colegios ha disminuido la contaminación del aire. No obstante, esta situación puede cambiar dramáticamente con la baja de las temperaturas y la necesidad de calefaccionarse, tal como ocurrió en Inglaterra, donde el consumo de energía para calefacción del hogar aumentó durante la cuarentena”, detalló.

Brecha de género: la desigualdad aumenta para las mujeres

La crisis complejiza y amplifica las desigualdades estructurales de género. En el contexto de confinamiento, las mujeres han sido las más afectadas con el aumento en la carga de trabajo doméstico no remunerado que realizan, como el cuidado de familiares y las labores educativas, sumando en algunos casos sus propias responsabilidades con el teletrabajo.

La consultora en desarrollo sostenible e igualdad de género de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), Marina Casas, señaló que la cobertura limitada y desigual de los sistemas de salud está afectando a las mujeres. “Sabemos que nosotras estamos siendo las frontliners de toda esta crisis. Se está profundizando la crisis de los cuidados que ya existía. En la región, las mujeres realizan entre 22 y 42 horas semanales de trabajo doméstico no remunerado. Esta injusta organización social persiste e impacta en mayor medida en los hogares de menos ingresos”, subrayó.

Finalmente, Casas explicó que el acceso, consumo y distribución de la energía también es distinto para hombres y mujeres. “Pequeñas cantidades de electricidad para iluminar un hogar durante el atardecer pueden mejorar la calidad de vida de los miembros de la familia, al permitirles leer o calentar el hogar. Sin embargo, para otras personas esto puede suponer una carga de trabajo. Hay literatura que señala que son siempre los hombres y los niños quienes se benefician más de estas ganancias, mientras que las mujeres usualmente se otorgan la carga de extensión del día de trabajo no remunerado”, concluyó.

Noticia Publicada el 13 de Mayo de 2020 en uchile.cl, disponible aquí


Red de Pobreza Energética publica documento con reflexiones y propuestas sobre Energía y desigualdad de género.

A nivel social, la pobreza energética es una barrera que limita las posibilidades de los hogares de avanzar en el proceso de transición energética necesario para enfrentar los desafíos de cambio climático, dificultando la implementación de acciones de mitigación y adaptación a nivel de hogar. En este contexto, también presenta una oportunidad para transformar estructuras de la sociedad, no solo en lo que respecta al acceso equitativo a energía de calidad, sino también a la reducción de emisiones, la difusión de hábitos ambientalmente benignos y al cuestionamiento de las desigualdades estructurales, incluyendo las desigualdades de género e interseccionales.
Bajo este marco, la Red de  Pobreza Energética, en conjunto con CEPAL y Ministerio de Energía prepararon el documento de trabajo “Energía, género y cambio climático: Reflexiones sobre el ODS7 y su potencial transformador” que realiza un análisis multidimensional, desde un enfoque de género, con el doble fin de evidenciar las mayores vulnerabilidades experimentadas por las mujeres frente a la pobreza energética, e identificar oportunidades transformadoras para avanzar hacia sociedades a la vez más justas y más sustentables.
En noviembre pasado, en el Seminario Internacional de Pobreza Energética se realizó la mesa de trabajo “Energía, Género y Cambio Climático: ODS 7 como desafío”. El objetivo era promover la discusión sobre la pobreza energética con enfoque de género como una nueva dimensión de la desigualdad, buscando explorar los vínculos existentes con aspectos territoriales y con los impactos del cambio climático en Chile y la región latinoamericana.
Esta actividad contó con la participación de Mónica Alvear, Ministerio de Medio Ambiente;  Marcela Zulantay, Ministerio de Energía; Catalina Amigo, RedPE, (CR) 2; Estefanía Forero, Universidad de Tufts; Gabriela López, EGEA ONG y  Marina Casas, CEPAL, quien moderó le panel de discusión.
En un taller participativo orientado a la identificación de brechas, desafíos y oportunidades en iniciativas relacionadas a energía con enfoque de género en contexto de cambio climático, se conformaron cinco grupos de trabajo con las personas asistentes: dos grupos se enfocaron en observar el problema desde el hogar y tres a analizarlo desde un punto de vista fuera del hogar.

Las principales conclusiones descritas en profundidad en el documento de trabajo, hacen referencias al rol del Estado, quien debe intervenir para posicionar la relevancia del problema. Para esto se propone asegurar con cuotas la participación de mujeres en la toma de decisiones, avanzando en la construcción de políticas públicas con enfoque de género e incorporando también indicadores que permitan medir estas brechas de género en todo el sector público.

Además, las autoras plantean la necesidad de considerar la educación como factor fundamental dentro de esta transformación. Educar en torno a temas ambientales para así impactar en nuevas generaciones y al mismo tiempo generar cambios en los espacios más cotidianos como lo son el hogar y la escuela, donde además la transformación de las brechas de género permitirá que los procesos de aprendizaje sean equitativos para mujeres y hombres, pudiendo desarrollar capacidades y habilidades por igual en las disciplinas científicas y tecnológicas. En este sentido, se propone generar cuotas de género en docentes y estudiantes de carreras que están altamente masculinizadas y potenciar la postulación a fondos de investigación e iniciativas asociadas a temas energéticos que incorporen perspectivas de género, incentivando de esta manera que el enfoque de género sea transversal a la docencia, investigación e innovación.

“Hoy es urgente transformar una cultura que ha creado y perpetuado los roles de género, los cuales han potenciado las brechas existentes entre mujeres y hombres, perpetuando estas desigualdades” señala Catalina Amigo, coordinadora ejecutiva de RedPE y una de las autoras del documento. El análisis transdisciplinar entre energía, género y cambio climático permite pensar en avanzar en una transición justa, tanto en el proceso como en sus resultados, que empuje hacia la erradicación de toda forma de pobreza, garantizando la inclusión efectiva de todas y todos.

Descarga y revisa el documento de trabajo completo AQUÍ.


Conversatorio “Enfoque de Género en Energía, Medio Ambiente y Cambio Climático”

05/08/2019

Los objetivos de este conversatorio son generar un espacio de encuentro y retroalimentación respecto a cómo abordar desde la Política Pública, los desafíos de incorporar el enfoque de género en energía, medio ambiente y cambio climático y motivar a las y los asistentes a avanzar desde sus distintos roles en la sociedad, en disminuir las brechas de género.

Las investigadoras de la Red de Pobreza Energética, Catalina Amigo y María José Guerrero, se integran al conversatorio con la exposición: “¿La pobreza energética tiene una cara femenina en Chile?”

Confirmar asistencia al mail: cgomez@minenergia.cl

Coordenadas

Fecha: Miércoles 21 de agosto de 2019.

Horario: 09:00 – 11:30 hrs.

Lugar: Salón, Ministerio de Economía, Edificio Stgo. Downtown Torre II, piso 11.

Dirección: Alameda 1449, Santiago – Chile.


Género y energía: otra cara de la pobreza

El vínculo entre pobreza y género ha impulsado numerosas investigaciones en organismos internacionales. En Chile, este tema no es titular ¿Será porque es un tópico emergente o porque preferimos evitar asuntos que son duros de roer? La pobreza es compleja de abordar porque tiene muchas caras y una de ellas es la que nace del cruce entre energía, género y pobreza: las mujeres son las más pobres energéticamente.

El concepto de pobreza energética sigue siendo desconocido para muchos. Acogiendo a los esfuerzos impulsados por el Estado, la Red de Pobreza Energética ha trabajado en su definición exponiendo que un hogar se encuentra en un estado de pobreza energética cuando no dispone de energía suficiente para cubrir las necesidades fundamentales, como acceso a agua, temperatura mínima y máxima, agua caliente sanitaria, iluminación, por mencionar algunas.

La pobreza energética va más allá del mero acceso al recurso, pues integra variables como calidad y equidad así como de sociales y culturales. No es lo mismo, por ejemplo, climatizar una casa con leña húmeda y estar expuesto a contaminación intradomiciliaria, que calefaccionar con una fuente limpia como la geotermia. Si bien existen todavía variados desafíos en esta temática de género, de cara al comienzo de la época invernal y la llegada de las bajas temperaturas, es la pobreza energética una de las caras de esta desigualdad.

En Chile, esta discusión es incipiente, sin embargo, en países como Reino Unido y España se han realizado estudios que señalan que las mujeres son las más expuestas a la pobreza energética. En el Reino Unido los movimientos ciudadanos han tomado el tema como una bandera de lucha en contra la injusticia social. Por otra parte, la Asociación Catalana de Ingeniería Sin Fronteras en 2016 señaló que los sectores más vulnerables en España son las familias monoparentales, las mujeres jubiladas, jefas de hogar, trabajadoras de servicio doméstico y las mujeres migrantes.

La realidad chilena ofrece un escenario similar: es la mujer quien realiza mayor trabajo no remunerado, lo que incluye trabajos domésticos y de cuidado en el hogar, destinando en promedio 2 horas diarias más para actividades de este tipo (Encuesta Nacional Sobre Uso del Tiempo). La mujer es quien pasa más tiempo en el hogar, jugando un rol protagónico en el cuidado de niños y adultos mayores.

Por otra parte, de acuerdo a datos de la encuesta CASEN 2015 los hogares liderados por mujeres muestran una tendencia hacia estados de conservación más precarios de las viviendas (tipo de vivienda, material y estado de conservación de muros, piso y techo) respecto de aquellos hogares liderados por hombres.

Estos datos sugieren que la pobreza energética afecta mayormente a mujeres, siendo este nexo entre género y pobreza una categoría de análisis urgente a la hora de impulsar políticas públicas que buscan disminuir la pobreza energética de nuestro país. Creemos y sostenemos que el primer paso es incluir la perspectiva de género a la hora de construir los instrumentos de diagnóstico, ya que partir con datos certeros que visibilicen esta dramática situación en la que viven miles de mujeres junto a las personas que ellas tienen a cargo, es fundamental para hacer de nuestra sociedad una más inclusiva, justa y sana.

Sofía Vargas, Investigadora CEGA

Jorgelina Sannazzaro, investigadora NUMIES

 

* Ambas investigadoras pertenecen a la Red de Pobreza Energética – RedPE

FUENTE: El Quinto Poder

PANEL: “Gobernanza del Riesgo y Política pública: Desafíos regionales”

18/01/2018

Martes 23 de enero, 10:30 a 13:00 horas, sala B07, Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas de la Universidad de Chile (Av. Beaucheff 851, Santiago centro)

El propósito de este encuentro es abordar la gobernanza del riesgo, la cooperación internacional y conocer el enfoque y/o aporte que la academia puede realizar a la política pública de la reducción de riesgos y desastres.

Exponen:

– Tesania Velásquez, Directora Académica de Responsabilidad Social de la Pontificia Universidad Católica del Perú

– Óscar Gómez, Research Fellow, JICA Research Institute

– Jaime Campos, Director de CITRID

Charla abierta a todo público y gratuita.

Más información en: Sitio web CITRID


Seminario “Transición Energética y Participación”

07/12/2017

TRANSICIÓN ENERGÉTICA Y PARTICIPACIÓN

Inscripciones AQUÍ

15 de diciembre de 2017

9:00-13:00 hrs.

Sala Mathilde Brandau (Av. Santa María 076, 6o piso)

Facultad de Derecho – Universidad de Chile

En los últimos años, las políticas energéticas han sido el foco de los esfuerzos internacionales para lograr trayectorias más sustentables de desarrollo. Con ello se busca : garantizar un suministro energético seguro, constante y suficiente para las necesidades económicas y de desarrollo de los países; superar el problema de la pobreza energética y las consecuencias que este involucra en términos de acceso, calidad y equidad; y hacer compatible el desarrollo energético con la protección del medio ambiente, reduciendo tanto sus impactos ambientales a nivel local -contaminación del aire, agua y suelos, impacto sobre ecosistemas etc.- como sus emisiones de Gases Efecto Invernadero (principales determinantes del cambio climático), respecto de los cuales el sector energético el mayor responsable a nivel global.

Frente a estas necesidades, ha ido cobrando creciente relevancia el propósito de diseñar e implementar la ‘transición’ de los sistemas energéticos regionales, nacionales y locales hacia configuraciones socio-técnicas más sustentables, en todas sus dimensiones.

Sin embargo, tal como ocurre con la gran mayoría de los problemas asociados con el desarrollo sustentable, la urgencia, criticidad y larga duración características de las transiciones energéticas se enfrenta con su naturaleza compleja, no lineal, sistémica y multiescalar, lo que las transforma en lo que se ha denominado “wicked problems” (problemas retorcidos), cuyas soluciones serán siempre riesgosas, arbitrarias y controversiales. No se trata sólo de la dificultad de describir con precisión y claridad el actual estado de los sistemas energéticos, sistemas en que un conjunto de tecnologías, actores e instituciones coexisten e interactúan dinámicamente en múltiples niveles; sino también de determinar el futuro hacia el cual hacer transitar dichos sistemas, en un contexto en el cual toda representación del futuro lleva intrínsecas e irreducibles incertidumbres, y moviliza una pluralidad de intereses, normas y valores a veces contradictorios. Lo anterior dice relación también, con el diseño de estrategias de transición que tomen en cuenta la inercia de las configuraciones existentes, la no  inealidad de los cambios, y el carácter policéntrico y autoorganizado de la sociedad moderna.

Frente a esto, se ha generado un creciente llamado a abandonar -o por lo menos complementar- los tradicionales enfoques centralizados de planificación y regulación, en favor de modalidades más indirectas y experimentales de gestionar las transiciones energéticas, dando un fuerte peso a procesos ‘participativos’ que abren la construcción e implementación de estas transiciones a una variedad de puntos de vista, racionalidades y conocimientos distintos. Es este el caso, sólo para citar algunos ejemplos, de la Estrategia de Desarrollo Energético de Nueva Zelanda, la Política Energética 2005-2030 de Uruguay, el proceso de política energética de Alemania, el Green Paper y White Paper de Australia o el proyecto Roadmap 2050 de la Unión Europea.

En Chile, la ‘participación’ es uno de los ejes centrales del proceso de construcción e implementación de la política energética de largo plazo del país, Energía 2050, en la cual participaron políticos, organismos públicos, empresas privadas, académicos, sociedad civil, asociaciones gremiales, ONGs y opinión pública con el fin de elaborar “una agenda que sirviera como hoja de ruta para construir y ejecutar una Política Energética de largo plazo que tenga validación social, política y técnica” (Máximo Pacheco, en Ministerio de Energía 2014: p. 7) y permita “avanzar hacia una energía sustentable, en todas sus dimensiones” (Ministerio de Energía 2015: p. 39).

A partir de lo previo, resulta útil y urgente de reflexionar sobre el concepto y formas de participación que se ponen en juego en los distintos niveles de estas transiciones energéticas, para aportar tanto al debate en términos de política energética como a aquel respecto del rol de la participación en la definición de la política pública y su relación con las tradicionales formas de democracia electoral representativa.

En tal contexto se plantean algunas interrogantes sobre: el rol que juega cada instancia de participación, cuál es su contenido, por qué es necesaria, qué ganamos, qué nos falta.

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