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Webinar | Conversemos sobre el Desafío de Inclusión Energética

El programa de Inclusión Energética invita a participar al próximo conversatorio ¿Cómo abordar la inclusión energética en Chile?

Cuándo | Miércoles 2 de septiembre – 11:30 hrs

Únete a la transmisión en vivo en www.youtube.com

Más información en www.inclusionenergetica.com

En esta actividad se realizará la presentación de los proyectos de las 5 propuestas finalistas del concurso “Desafío Inclusión Energética”. Conoce más detalles en este video:


Infografia: pobreza energética y confinamiento

infografía aquí

Expertas U. de Chile visibilizan las dimensiones de la pobreza energética durante la pandemia

En el marco de la crisis sanitaria que azota a Chile y el mundo, miembros de la Red Transdisciplinaria de Pobreza energética (RedPE) de la Casa de Bello profundizan los múltiples alcances de este desafío global, destacando los problemas de salud por la contaminación domiciliaria, el endeudamiento por no pago, los roles de género, y la desigualdad en el acceso a fuentes de energía.

 

Gentileza: Comunicaciones VID, UChile.
En Chile, el 66 % de los hogares tiene problemas de eficiencia energética y múltiples familias no puede asegurar las necesidades básicas que brinda la electricidad, como tener agua caliente sanitaria o refrigerar alimentos. La pobreza energética se define cuando un hogar no tiene acceso equitativo a este tipo de servicios cotidianos y más de 50 mil personas viven en esta realidad, la cual se ve agudizada por la pandemia del COVID-19.
Los climas extremos que tiene Chile provocan que la pobreza energética tenga un carácter territorial. En el norte hay brechas en el acceso a agua caliente y en el sur el uso de leña húmeda produce contaminación, además de otros problemas asociados. A pesar de esto, desde la Red Transdisciplinaria de Pobreza Energética (RedPE), iniciativa impulsada por la Vicerrectoría de Investigación y Desarrollo (VID) de la Universidad de Chile, los expertos coinciden en que estas problemáticas son constantemente invisibilizadas.

La coordinadora de la RedPE y académica de la Facultad de Ciencias Sociales (FACSO), Anahí Urquiza, explica que es difícil abordar un problema que no se ve. “Recién el año pasado logramos hacer un diagnóstico con los datos existentes, y aún es muy deficitario. El acceso a la energía de calidad es una condición para el desarrollo económico y la calidad de vida. Con la pandemia suben los gastos energéticos por confinamiento, se presentan problemas de confort térmico y la contaminación intradomiciliaria agrava esta enfermedad. La ausencia de servicios deja en desventaja a les estudiantes, trabajadores y recarga el trabajo doméstico, lo que suele recaer en las mujeres”, señaló.

En la misma línea, la directora de Investigación de la VID, Silvia Núñez, destacó el compromiso de la Universidad de Chile y de la RedPE. “El trabajo que están realizando tiene una vital importancia y más aún en las condiciones actuales. Existe una gran desigualdad en estas materias que no se habían visibilizado. Están produciendo evidencia sólida y fidedigna sobre cuál es la realidad nacional, que luego se puede poner a disposición de las autoridades para enfrentar esta desigualdad”, valoró.

Inequidades de acceso energético y problemas de salud asociados

Datos de la Encuesta de Presupuestos Familiares del 2017, indican que un 22,6% de los hogares los ubicados en centros urbanos del país gastan excesivamente en energía y no logran cubrir los gastos básicos con sus ingresos. Por otro lado, un 16,9% gasta muy poco al comparar viviendas del mismo tipo y con la misma cantidad de integrantes. Con la cuarentena, las personas pasan más tiempo en los hogares y, por lo tanto, se usan más los servicios energéticos como agua caliente sanitaria, calefacción y electricidad.

A esta situación, se suma que los gastos asociados al ámbito energético se incrementan y se aumenta la brecha en los costos mensuales por el uso de energía y los ingresos económicos mensuales. Además, con la interrupción de los trabajos de las personas por la cuarentena obligatoria, comienzan a aumentar las situaciones de no pago.

El fundador de EGEA ONG y líder del área de Inclusión Energética en EBP Chile, Rubén Méndez Mardones, explicó cómo se logra la inclusión energética. “Esto se refiere a aquellas acciones orientadas a mejorar el acceso equitativo a servicios energéticos de alta calidad, es decir, que estos sean adecuados, seguros, confiables y no contaminantes. Para esto, es fundamental una estrecha relación entre los actores públicos, privados y la sociedad civil, con el fin de desarrollar iniciativas integrales que respondan a las necesidades de cada contexto territorial”, recalcó.

Con la falta de acceso a servicios energéticos, la población opta por aquellos que contaminan más, pero cuestan menos. Esto produce mayor contaminación intradomiciliaria, aumentando la incidencia de enfermedades respiratorias y cardiovasculares. Para los grupos de riesgo como personas con enfermedades crónicas, embarazadas y adultos mayores, esta situación puede complicar los cuadros de enfermedades.

La académica de la Facultad de Medicina e integrante de la RedPE, Macarena Valdés, se refirió a los problemas que trae el invierno. “La actual pandemia representa un desafío para las comunas del centro y sur del país, pues son las que demandan mayor combustible para calefaccionar los hogares en las estaciones frías. Las medidas de confinamiento en el hogar, la restricción de la actividad productiva y el cierre de colegios ha disminuido la contaminación del aire. No obstante, esta situación puede cambiar dramáticamente con la baja de las temperaturas y la necesidad de calefaccionarse, tal como ocurrió en Inglaterra, donde el consumo de energía para calefacción del hogar aumentó durante la cuarentena”, detalló.

Brecha de género: la desigualdad aumenta para las mujeres

La crisis complejiza y amplifica las desigualdades estructurales de género. En el contexto de confinamiento, las mujeres han sido las más afectadas con el aumento en la carga de trabajo doméstico no remunerado que realizan, como el cuidado de familiares y las labores educativas, sumando en algunos casos sus propias responsabilidades con el teletrabajo.

La consultora en desarrollo sostenible e igualdad de género de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), Marina Casas, señaló que la cobertura limitada y desigual de los sistemas de salud está afectando a las mujeres. “Sabemos que nosotras estamos siendo las frontliners de toda esta crisis. Se está profundizando la crisis de los cuidados que ya existía. En la región, las mujeres realizan entre 22 y 42 horas semanales de trabajo doméstico no remunerado. Esta injusta organización social persiste e impacta en mayor medida en los hogares de menos ingresos”, subrayó.

Finalmente, Casas explicó que el acceso, consumo y distribución de la energía también es distinto para hombres y mujeres. “Pequeñas cantidades de electricidad para iluminar un hogar durante el atardecer pueden mejorar la calidad de vida de los miembros de la familia, al permitirles leer o calentar el hogar. Sin embargo, para otras personas esto puede suponer una carga de trabajo. Hay literatura que señala que son siempre los hombres y los niños quienes se benefician más de estas ganancias, mientras que las mujeres usualmente se otorgan la carga de extensión del día de trabajo no remunerado”, concluyó.

Noticia Publicada el 13 de Mayo de 2020 en uchile.cl, disponible aquí


PANEL: “Gobernanza del Riesgo y Política pública: Desafíos regionales”

18/01/2018

Martes 23 de enero, 10:30 a 13:00 horas, sala B07, Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas de la Universidad de Chile (Av. Beaucheff 851, Santiago centro)

El propósito de este encuentro es abordar la gobernanza del riesgo, la cooperación internacional y conocer el enfoque y/o aporte que la academia puede realizar a la política pública de la reducción de riesgos y desastres.

Exponen:

– Tesania Velásquez, Directora Académica de Responsabilidad Social de la Pontificia Universidad Católica del Perú

– Óscar Gómez, Research Fellow, JICA Research Institute

– Jaime Campos, Director de CITRID

Charla abierta a todo público y gratuita.

Más información en: Sitio web CITRID


Seminario “Transición Energética y Participación”

07/12/2017

TRANSICIÓN ENERGÉTICA Y PARTICIPACIÓN

Inscripciones AQUÍ

15 de diciembre de 2017

9:00-13:00 hrs.

Sala Mathilde Brandau (Av. Santa María 076, 6o piso)

Facultad de Derecho – Universidad de Chile

En los últimos años, las políticas energéticas han sido el foco de los esfuerzos internacionales para lograr trayectorias más sustentables de desarrollo. Con ello se busca : garantizar un suministro energético seguro, constante y suficiente para las necesidades económicas y de desarrollo de los países; superar el problema de la pobreza energética y las consecuencias que este involucra en términos de acceso, calidad y equidad; y hacer compatible el desarrollo energético con la protección del medio ambiente, reduciendo tanto sus impactos ambientales a nivel local -contaminación del aire, agua y suelos, impacto sobre ecosistemas etc.- como sus emisiones de Gases Efecto Invernadero (principales determinantes del cambio climático), respecto de los cuales el sector energético el mayor responsable a nivel global.

Frente a estas necesidades, ha ido cobrando creciente relevancia el propósito de diseñar e implementar la ‘transición’ de los sistemas energéticos regionales, nacionales y locales hacia configuraciones socio-técnicas más sustentables, en todas sus dimensiones.

Sin embargo, tal como ocurre con la gran mayoría de los problemas asociados con el desarrollo sustentable, la urgencia, criticidad y larga duración características de las transiciones energéticas se enfrenta con su naturaleza compleja, no lineal, sistémica y multiescalar, lo que las transforma en lo que se ha denominado “wicked problems” (problemas retorcidos), cuyas soluciones serán siempre riesgosas, arbitrarias y controversiales. No se trata sólo de la dificultad de describir con precisión y claridad el actual estado de los sistemas energéticos, sistemas en que un conjunto de tecnologías, actores e instituciones coexisten e interactúan dinámicamente en múltiples niveles; sino también de determinar el futuro hacia el cual hacer transitar dichos sistemas, en un contexto en el cual toda representación del futuro lleva intrínsecas e irreducibles incertidumbres, y moviliza una pluralidad de intereses, normas y valores a veces contradictorios. Lo anterior dice relación también, con el diseño de estrategias de transición que tomen en cuenta la inercia de las configuraciones existentes, la no  inealidad de los cambios, y el carácter policéntrico y autoorganizado de la sociedad moderna.

Frente a esto, se ha generado un creciente llamado a abandonar -o por lo menos complementar- los tradicionales enfoques centralizados de planificación y regulación, en favor de modalidades más indirectas y experimentales de gestionar las transiciones energéticas, dando un fuerte peso a procesos ‘participativos’ que abren la construcción e implementación de estas transiciones a una variedad de puntos de vista, racionalidades y conocimientos distintos. Es este el caso, sólo para citar algunos ejemplos, de la Estrategia de Desarrollo Energético de Nueva Zelanda, la Política Energética 2005-2030 de Uruguay, el proceso de política energética de Alemania, el Green Paper y White Paper de Australia o el proyecto Roadmap 2050 de la Unión Europea.

En Chile, la ‘participación’ es uno de los ejes centrales del proceso de construcción e implementación de la política energética de largo plazo del país, Energía 2050, en la cual participaron políticos, organismos públicos, empresas privadas, académicos, sociedad civil, asociaciones gremiales, ONGs y opinión pública con el fin de elaborar “una agenda que sirviera como hoja de ruta para construir y ejecutar una Política Energética de largo plazo que tenga validación social, política y técnica” (Máximo Pacheco, en Ministerio de Energía 2014: p. 7) y permita “avanzar hacia una energía sustentable, en todas sus dimensiones” (Ministerio de Energía 2015: p. 39).

A partir de lo previo, resulta útil y urgente de reflexionar sobre el concepto y formas de participación que se ponen en juego en los distintos niveles de estas transiciones energéticas, para aportar tanto al debate en términos de política energética como a aquel respecto del rol de la participación en la definición de la política pública y su relación con las tradicionales formas de democracia electoral representativa.

En tal contexto se plantean algunas interrogantes sobre: el rol que juega cada instancia de participación, cuál es su contenido, por qué es necesaria, qué ganamos, qué nos falta.

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