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Energía solar: una oportunidad para reducir la pobreza energética

En Chile, 50.113 hogares no disponen de energía eléctrica, más del 30% de los hogares gastan excesivamente en energía y sobre el 66% de los hogares presentan problemas de eficiencia energética en sus viviendas. Estas situaciones son distintas caras de cómo se expresa la pobreza energética en nuestro país. Un hogar se encuentra en situación de pobreza energética cuando no tiene acceso equitativo a servicios energéticos de alta calidad, que le permitan cubrir sus necesidades de electricidad, calefacción, agua caliente sanitaria, entre otras, y así, sostener el desarrollo humano y económico de sus miembros. 

La energía solar resulta una importante oportunidad para superar la pobreza energética. Por una parte, permite enfrentar brechas de acceso a energía: los sistemas fotovoltaicos y termosolares son una solución relativamente simple y con costos cada vez más bajos, que permiten a largo plazo reducir el gasto en energía de los hogares. De esta forma, la energía solar tiene el potencial de enfrentar las tres dimensiones de la pobreza energética: acceso, equidad y calidad. 

Avanzar en la transición energética y enfrentar los desafíos del cambio climático, pasa por mejorar el acceso a las ERNC y satisfacer las necesidades energéticas de los hogares. Sin embargo, la alta desigualdad existente en nuestro país genera que no todos los hogares cuenten con las mismas condiciones para hacer este importante cambio. 

A nivel domiciliario, en Chile se ha avanzado con la ley 21.118. Desde el año 2018 se ha observado un crecimiento en la capacidad instalada, pasando de instalar 9,6 MW en 2018 a 31,5 MW en 2020. Además, en promedio, los sistemas más utilizados a nivel domiciliario (entre 1 y 5 kW) han reducido sus costos de 2,141 (USD/kWp) a 1,639 (USD/kWp) en 2020. Es decir, la capacidad instalada sigue aumentando, al tiempo que los precios de las tecnologías bajan, abriendo más oportunidades para su uso.

Pese a esto, el costo de inversión inicial sigue siendo sumamente elevado para hogares en situación de pobreza. Resulta fundamental diseñar modelos de financiamiento dirigidos a este sector, que permitan reducir la desigualdad y mejorar el acceso a energías de alta calidad, generando condiciones mínimas para el desarrollo. El “Programa de Inclusión Energética” desarrollado por EBP-EGEA-RedPE es pionero, mas queda aún un largo camino por recorrer.

Democratizar el acceso a la energía solar e incentivar la autogeneración de electricidad a nivel residencial, trae beneficios sustantivos para mejorar las condiciones de pobreza energética; pero para ello, debemos primero mejorar la aislación térmica de las viviendas, desarrollar mecanismos financieros para hogares en situación de pobreza y continuar impulsando programas de agregación de demanda, que permitan dinamizar el mercado y continuar reduciendo costos. Para eso, resulta fundamental la colaboración de todos los actores para avanzar en la transformación de nuestra matriz energética.

Catalina Amigo Jorquera. Coordinadora Ejecutiva Red de Pobreza Energética y Red de Inclusión Energética Latinoamericana.

Javier Piedra. Director Fundación Energía Para Todos.

Columna Publicada en Revista Nueva Minería

Recuperación Post-Pandemia: Una Oportunidad para Avanzar en Justicia Ambiental

 

RECUPERACIÓN POST-PANDEMIA: UNA OPORTUNIDAD PARA AVANZAR EN JUSTICIA AMBIENTAL

El acontecer nacional de los últimos meses marcará nuestras vidas y el devenir de importantes procesos económicos, políticos y socioculturales, por lo que es fundamental hacernos cargo de los problemas actuales y tomar las decisiones urgentes para el futuro cercano.

Hace casi un año tuvimos que aprender con dureza que nuestra sociedad es mucho más desigual de lo que estábamos dispuestos a asumir y, solo unos meses después, una pandemia global desnudó aún más nuestras profundas diferencias y acrecentó las brechas existentes.

Hemos visto que parte importante de las desigualdades actuales se expresan en las condiciones de habitabilidad, el acceso a servicios básicos y la posibilidad de vivir en ambientes libres de contaminación. Así, las comunas menos afectadas por la pandemia son las más acomodadas y las personas en ciudades contaminadas son más vulnerables. Hoy al virus y, permanentemente, al cambio climático. Este último, ha ido profundizando las condiciones de desigualdad existentes.

Sequías, incendios, aluviones, ya son parte de nuestros desastres regulares, mientras recién comenzamos a comprender el nuevo clima en el que vivimos y el desigual impacto de desastres que empeoran las condiciones de vida de los más vulnerables y generan mayores dificultades para los países en vías de desarrollo. A lo anterior se suman profundas transformaciones socioculturales que están ocurriendo como la automatización, digitalización y cierre de innumerables fuentes laborales.

En un escenario como éste, tenemos la oportunidad de reinventarnos, definir reglas para una economía circular y una gobernanza policéntrica, modificar la enseñanza y sus contenidos, mejorar el acceso a servicios básicos y fortalecer derechos sociales. Debemos poner los incentivos adecuados, avanzar en las restricciones necesarias e impulsar nuevos modelos de desarrollo.

En este contexto, las energías renovables son una oportunidad para el desarrollo local, junto a esfuerzos de gran escala para avanzar en eficiencia energética, la coordinación intersectorial, la generación de nuevas oportunidades laborales y el impulso a la innovación local.

Las decisiones de hoy definirán el país del futuro

Gentileza Revista ACERA

Publicación disponible AQUÍ

Una oportunidad para transformar las (malas) costumbres

La Política Energía 2050 planteó la necesidad de elaborar una definición de Pobreza Energética (PE) para Chile. La Red de Pobreza Energética (RedPE) -donde participan INFOR Los Ríos y UACH, entre otras instituciones y profesionales- establece que un hogar se encuentra en situación de PE
cuando no tiene acceso equitativo a servicios energéticos de alta calidad para cubrir sus necesidades energéticas, que permitan sostener el desarrollo humano y económico de sus integrantes. Entre estos servicios se encuentra la calefacción, la cocción de alimentos, agua caliente sanitaria, entre otros. Parte de estos desafíos se buscan hoy enfrentar en los pilotos de INNOVA Fosis, en el desafío de Agua Caliente y Calefacción. Mientras en algunas partes del país estamos (mal) acostumbrados a pasar frío, en otras ciudades
el frío al interior de la vivienda se tolera menos, especialmente en la zona centro-sur donde más de un 80% de los hogares utilizan leña para calefacción (CASEN 2017). Y el problema no es solo cómo o con qué calefaccionar el hogar. Una vivienda mal aislada y con infiltraciones no permite
conservar el calor en su interior, lo que implica un mayor consumo de energía para mantener un ambiente confortable, redundando en un importante problema de contaminación atmosférica al que parecemos habernos (mal) acostumbrado. Pese a los esfuerzos, un 43% de las personas que
viven en zonas urbanas del centro-sur del país aún no cuentan con Planes de Descontaminación Atmosférica (CENSO 2017). Bajo el actual contexto de pandemia, parece necesario que re-pensemos las (malas) costumbres
de la contaminación y el frío en el hogar, considerando el aumento en la cantidad de horas que pasamos en casa. La disposición al cambio por parte de las personas no sólo depende de los costos asociados a los combustibles ni del acceso a tecnología, sino también de otros criterios como la
satisfacción de los propios umbrales de confort térmico, difíciles de satisfacer con combustibles distintos a la leña bajo las condiciones actuales. Mejorando nuestras viviendas y educando sobre eficiencia energética podremos transformar estas (malas) costumbres, para disminuir la PE y sus efectos en salud.

Catalina Amigo Jorquera. Coordinadora ejecutiva de la Red de Pobreza Energética, pertenece al Centro de Ciencia del Clima y la Resiliencia (CR)2 y al Núcleo de Estudios Sistémicos Transdisciplinarios NEST.

Columna disponible en Diario Austral

Gobernanza policéntrica, oportunidad para construir un nuevo Chile

A un mes del estallido social, ya casi pasa desapercibido el anuncio de la creación de un mecanismo de estabilización de las tarifas eléctricas, para así dejar sin efecto el alza anunciada a principios de octubre.

La energía generada en el país es de 6.440 GWh. El 61% proviene de fuentes térmicas, tales como carbón, gas natural y petróleo. Chile queda a merced de la volatilidad del precio de los combustibles fósiles altamente contaminantes y de una infraestructura vulnerable.

La democracia representativa, fundada en una institucionalidad al amparo del Estado de Derecho, y en la que —al menos en teoría—cada ciudadano tiene voz, voto y participación en la gestión y construcción de los asuntos “públicos” ha conocido un destino paradójico en el transcurso de las últimas décadas, y eso sin hablar de los últimos días en Chile. El ejercicio de los poderes políticos y económicos ya no permite que los ciudadanos tengan influencia en estos asuntos, es más, todo lo que orienta hoy nuestro futuro no se somete al debate público y vinculante.

En este contexto, parece inexorable una verdadera revolución de la gobernanza y avanzar hacia nuevas formas y nuevos tratos. Resulta interesante al respecto la noción de Gobernanza Policéntrica, término acuñado por Elinor Ostrom —Premio Nobel de Economía 2009—, que alude a una idea concreta respecto al gobierno de los recursos comunes, sobre la base del respeto de la autonomía de los ciudadanos en su actuación a distintas escalas de intervención – casa, familia, barrio, trabajo, colegio – y que busca priorizar las estrategias de resolución de conflictos y de coordinación del tejido social.

Este modelo, nos da pie para discutir sobre el estatus de derecho de bienes y servicios comunes necesarios para el bienestar, tales como el agua o la energía. Respecto de este último, sobre todo por el creciente desarrollo del concepto de  pobreza energética, se plantea la necesidad de considerarlo como un derecho “in status nascendi”, es decir, un derecho humano en formación habida cuenta de los conflictos socio‐ambientales y sus repercusiones en la calidad de vida.

La gobernanza tal como la conocemos en la actualidad —centrada en el Estado y los mercados— se ve fracturada por todas partes y está claramente desfasada respecto con la sociedad actual y los desafíos que nos esperan y apremian. No podemos seguir respondiendo a ellos con la lógica y estructura de gobernanza de los siglos XIX y XX. El principal y más grande desafío de esta nueva forma de gobernar, es construir y dar cohesión a la comunidad. Para ello, no basta con que sólo sea legal, sino que también debe ser considerada legítima.

Julián Cortés Oggero. Red de Pobreza Energética (RedPE) UCH / Programa de Energía, Agua y Sustentabilidad (ENEAS) UCH

Mauricio Muñoz. Centro de Excelencia en Geotermia de los Ande (CEGA) / Red de Pobreza Energética (RedPE) UCH / Programa de Energía Agua y Sustentabilidad (ENEAS) UCH

Ericka Osses. Centro de Energía ‐ UCH / Red de Pobreza Energética UCH

Columna disponible en The Clinic

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